domingo, 11 de septiembre de 2016

METAFÍSICA IRÓNICA




Filosofía primera

Hace ya siglos que la Metafísica es sospechosa. Mas el hombre es un animal metafísico. ¡Y no digamos las personas!

Los catorce libros de la Metafísica de Aristóteles contienen una reflexión de segundo orden y de máxima generalidad sobre la realidad natural. Son unas lecciones que Aristóteles dictó después de las de Física o más allá de la naturaleza (metà physiké). Son apuntes tomados de oído (acusmáticos) por los estudiantes del Liceo: catorce rollos de papiro independientes entre sí que se ocupan de temas filosóficos muy generales.

A esta “ciencia del ser en cuanto tal” Aristóteles no la llamó “metafísica”, sino Filosofía Primera o Ciencia del ser en cuanto ser. Pero el undécimo director del Liceo, Andrónico de Rodas, cuando editó las obras del maestro, unos doscientos años después de la muerte del Estagirita (I a. C), les puso a esos escritos el nombre de Meta-física, con el cual se han seguido reeditando hasta nuestra época.

Esto no quiere decir que los autores anteriores a Aristóteles no se ocupasen de asuntos de tal naturaleza sumamente abstracta. De hecho, hay quien atribuye a Platón la génesis de la metafísica al apuntar en su obra República a un principio “más allá de lo que existe”, un principio indeterminable, y al que llama Idea del Bien.

Entre los filósofos presocráticos, el Ser de Parménides, el Logos (Razón) de Heráclito o el Noûs (Entendimiento) de Anaxágoras pueden ser también considerados principios metafísicos, aunque sus autores no los considerasen como trascendentes a la naturaleza, anteriores o por encima de lo real natural, sino lo más poderoso en la naturaleza o la causa del ordenamiento de los eventos naturales. Causas, pero también fines, aunque la consideración teleológica, finalista, de los arcanos de la realidad será más bien labor de la filosofía clásica (de esa “segunda navegación” que inaugura el pensamiento socrático-platónico).