martes, 7 de diciembre de 2010

Propiedades del humán. La vergüenza

Especificidad humana

Al describir las diferencias específicas del ser humano ("humán" le llama el lógico J. Mosterín para evitar cualquier interpretación  sexista), nuestro manual (Adela Cortina et al. Filosofía y Ciudadanía, pg. 109s) privilegia algunas propiedades esenciales: bipedismo, desarrollo del cerebro, capacidad simbólica, sentido de la realidad y del propio cuerpo, apertura al mundo, libre albedrío, inconclusión, ensimismamiento, imaginación superior y razonamiento...
El ser humano comparte con los seres vivos (incluidos hongos y plantas) la capacidad de metabolizar energía del entorno, crecer y reproducirse, aunque los que se reproducen de verdad son los genes ("egoístas", como los llama R. Dawkins), que "usan" nuestros cuerpos como robotes animados, hasta que por fin, nuestros cuerpos mueren sin remedio... Estas son propiedades genéricas, como la de orinar, defecar o evitar instintivamente el sufrimiento, propiedades que compartimos con las bestias.
La reducción del tamaño de los dientes y de las mandíbulas (el retroceso o desaparición de la faz hocicada), la forma prensil de la mano (los chimpancés son cuadrumanos, no cuadrúpedos), la posición bípeda y la expansión del cerebro, hasta dos litros y dos kilos de volumen y peso, son propiedades que compartimos con otros homínidos extintos como el neardenthal, que incluso tenía más cerebro que nosotros aunque tal vez fuese menos complejo. Seguramente el Hombre de Flores (muy bajito y recién descubierto), o el Homo erectus no fueron menos listos que nosotros, porque tuvieron que enfrentarse, para sobrevivir, a condiciones naturales mucho más duras y no podían aprender de sus difuntos mediante registros escritos.
Puestos a ampliar las propiedades, si no esenciales, sí al menos necesarias de nuestra especie, homo sapiens, habría que añadir algunas a las recogidas por el manual:
Por ejemplo,
1. La neotenia, de la que di cuenta en una entrada anterior, hace de homo sapiens un homo ludens y un niño permanente que siempre puede seguir aprendiendo.
2. La capacidad ascética, puesta de manifiesto por Max Scheler en su libro El puesto del hombre en el cosmos (Losada, 1980, trad. J. Gaos) : "El hombre puede reprimir y someter los propios impulsos; puede rehusarles el pábulo de las imágenes perceptivas y de las representaciones" (...) "el hombre es el ser que sabe decir no, el asceta de la vida, el eterno protestante contra toda realidad" (...), la bestia supidissima rerum novarum, nunca satisfecha con la realidad circundante".
Scheler cita a este respecto a Freud para poner de manifiesto la capacidad humana de reprimir sus impulsos. "Y sólo porque es esto, puede el hombre edificar sobre el mundo de su percepción, un reino ideal del pensamiento; y por otra parte, puede canalizar la energía -latente en los impulsos reprimidos- hacia el espíritu que habita en él. Esto es: el hombre puede sublimar la energía de sus impulsos en actividades espirituales".
No nos extrañe que Unamuno llamase a la voluntad "noluntad".
3. Otra característica propia del humán moderno es la hipersexualización. La hembra humana, al contrario que las hembras de otros primates, no tiene una estación de celo (estro), sino que está disponible durante todo el año. El etólogo y antropólogo Desmond Morris ha analizado la multitud de funciones que cumple el sexo en la vida social de los humanos, y que no es sólo reproductiva.
En general se puede decir que esta hipersexualización ha servido como incentivo para una ampliación e intensificación de la sociabilidad. La intimidad sexual frecuente fortalece el núcleo familiar en cuyo clima maduran durante mucho tiempo (neotenia) los cachorros humanos. La publicidad instrumentaliza esta sexualización de las relaciones humanas para llamar la atención sobre sus mercancías. Esa fuerza es tan grande que todas las religiones y los estados han querido controlarla para sus fines, legítimos o no. El galanteo o cortejo humano se parece más al de las aves que al de nuestros parientes primates y es, desde luego, mucho más largo y complejo... Sobre todo esto puede verse el artículo La sexualidad humana, elaborado con fines didácticos y en que se aborda el tema de la homosexualidad, también incluye un cuestionario.
4. La capacidad técnica. El homo sapiens es el homo faber, el animal fabricante de instrumentos con los que fabrica otros instrumentos, etc. Sin duda el símbolo más genuino de la máquina es la piedra de sílex, pero sobre todo, la máquina dinámica por excelencia fue en sus orígenes el control del fuego. La humanidad, o nuestros antepasados homínidos aprendieron a controlar el fuego hace más de medio millón de años. Puede que primero lo robaran a la naturaleza y sólo después aprendieran a provocarlo. Hace 40.000 años, en Europa, el hombre moderno quemaba grasa en lámparas portátiles. Tan antiguo es el control humano del fuego y su dependencia de él, que nuestros niños no le tienen miedo instintivo, más bien se sienten atraídos por él.
El fuego nos permitió acceder a más alimentos (cocidos, fritos o asados), digerirlos mejor y sin que nos causasen enfermedades, nos proporcionó calor, protección de las bestias feroces, extendió la actividad del día a la noche y permitió iluminar cuevas y abrigos rocosos, pero también acabó facilitando la construcción de armas contundentes (edad del hierro y del bronce...), que no sólo usamos para convertir la selva en huerto o jardín, sino también para matarnos unos a otros.
5. Por eso -explica Protágoras en un diálogo de Platón-, para que no nos destruyéramos unos a otros y fuera posible la convivencia en las ciudades, fue necesario también que -aparte del control técnico del fuego-, los dioses nos regalaran la vergüenza. El recato, el pudor, el sentimiento de la honra o del honor, el miedo al "qué dirán", la necesidad de consideración moral por parte de los demás, el temor al aislamiento social, el sentido de la dignidad, todo esto, que involucra emociones profundas y genuinas, regula las relaciones sociales y evita que vulneremos las reglas básicas de comportamiento que hacen posible la vida social y política. La educación debe encargarse de que nos avergoncemos haciendo el mal y de que nos enorgullezca hacer el bien. Aunque no siempre sea así.

VERGÜENZA Y DESVERGÜENZA


En un antiguo mito, que recoge Platón en su diálogo Protágoras se cuenta como Zeus modeló a los animales y a los hombres con barro. Encargó a los titanes Prometeo y Epimeteo que repartieran las distintas capacidades y dones entre las distintas razas mortales para que todos pudieran sobrevivir. Así a unos los hizo grandes, a otros entregó un amplio poder reproductor, a otros les dio alas, etc. Pero cuando llegó al hombre, Epimeteo se encontró con que ya no quedaban aptitudes, así que temiendo por su vida, su hermano Prometeo robó el fuego para el “mono desnudo”, que tan frágil y necesitado nace. El fuego representa la aptitud técnica, que nos permite sobrevivir y ser superiores al resto de las bestias. Pero, enseguida que los hombres pudieron con el fuego forjar metales, la emprendieron unos contra otros. Zeus temió por la supervivencia de nuestra estirpe, así que nos mandó la vergüenza, una emoción y un sentimiento que nos repartió por igual, a fin de que pudiéramos organizarnos en comunidades políticas amplias y pacíficas.

La venerable fábula es una forma de explicar por qué los hombres necesitamos tanto la técnica como la ética y cuál es la base natural de nuestros comportamientos morales. En efecto, la vergüenza nos impide hacer lo que sabemos que los demás no toleran, detestan o juzgan malo para sí o para todos.

En un artículo aparecido en la prensa de los años 90, el filósofo Mario Bunge se preguntaba si estaría en decadencia la vergüenza. Antes la gente se avergonzaba de muchas cosas que hoy pasan por naturales. La gente se avergonzaba si contraía enfermedades venéreas, mientras que hoy los enfermos de Sida salen a la calle reclamando fondos para investigación o exigiendo que no se les discrimine. Homosexuales y lesbianas han ocultado durante muchos siglos sus preferencias sexuales (incluso a sí mismos), tanto por temor a las sanciones sociales como por vergüenza. Hoy celebramos el día del orgullo gay. Los pobres se avergonzaban de serlo; los parados, también. Hoy pensamos que no hay por qué avergonzarse si uno siente inclinaciones homosexuales o queda desocupado sin culpa. Las madres solteras se avergonzaban de serlo; hoy son muchas las que deciden voluntariamente la inseminación artificial para ser madres y criar a sus hijos solas.

Los jóvenes hoy se avergüenzan de sus padres, de sus ropas, ideas y hábitos anticuados. Se avergüenzan de sacar la basura o separar los envases frente al contenedor, pero no se avergüenzan de pillar borracheras –próximas al coma etílico- en plena calle. Ningún buen padre, sin embargo, se avergüenza de sus hijos. Puede que les tengan lástima si no los ven felices, pero tienen que portarse muy mal para que se avergüencen de ellos. Los hijos pueden darse el lujo de ser intolerantes; los padres, no. La intolerancia de los hijos es parte de su proceso de emancipación, que a su vez es parte de su desarrollo. Los padres fueron los primeros maestros de su vergüenza: “¡Qué vergüenza, te has hecho pis en la cama!” “¡Qué vergüenza, todavía no has aprendido la tabla del cuatro!”

La vergüenza es un freno a la conducta antisocial y por lo tanto un mecanismo de convivencia y de cohesión social imprescindible. El propósito educativo ha de ser enseñar a avergonzarse por violar una buena norma de conducta, no por desobedecer una convención infundada. La desvergüenza tiene límites. Para Mario Bunge, es preciso encontrar una vía media entre el avergonzamiento excesivo de antes y la desvergüenza total de ahora, porque si el primer extremo paraliza, el segundo da rienda suelta al egoísmo y con éste a la disolución de los vínculos sociales.

¿Cómo encontrar ese término medio entre la vergüenza infundada y la desvergüenza desenfrenada? Hay que sopesar las consecuencias que nuestros actos pueden tener para los demás. La regla debiera ser:

«Avergüénzate de un acto si y sólo si perjudica al prójimo»

Desde luego, no basta con avergonzarse, confesarse, arrepentirse y rezar unos padres-nuestros... Esto puede servir para ponerse en paz con Dios o consigo mismo. Pero, más civilmente, la vergüenza debe servirnos para enmendarnos y reparar los daños causados.

Casi todos condenamos la desvergüenza, pero en opinión de Mario Bunge, hay doctrinas que la ignoran o aún la ensalzan. Por ejemplo, el Psicoanálisis, al menos sus especies más vulgares. Según éstas, seríamos exclusivamente productos de instintos innatos, de la educación temprana y de nuestras primeras experiencias con nuestros parientes próximos, el análisis enseña al paciente a conocerse tal y como es, sin avergonzarse ni arrepentirse de nada, no a corregir comportamientos antisociales. Todas mis perversiones tienen una explicación psicológica, determinista, y por consiguiente, si no tengo la culpa de lo que me pasa, tampoco hay lugar para la responsabilidad moral ni para avergonzarme de lo que hago.

El egoísmo es también practicado a escondidas por millones de personas y defendido explícitamente por un puñado de filósofos menores. Naturalmente, es indefendible, porque el egoísta no puede esperar ni la ayuda ni la compañía de los demás, y sin los demás no llegamos muy lejos. Sin reciprocidad (sin toma y daca) no habría vida social. Pero el egoísmo ha sido adoptado por la economía neoclásica, al fundarse sobre la hipótesis de que cada cual actúa en su propio beneficio que procura maximizar. Los deberes, la compasión y la consideración por los demás no deben por tanto entrar en nuestros cálculos. En este esquema tampoco hay lugar para la vergüenza.

Para Mario Bunge, el esquema de la economía neoclásica no sólo es desvergonzado, sino también psicológicamente falso, porque la mayoría de las personas sienten espontáneamente impulsos solidarios, y los empresarios competentes saben que no deben explotar al máximo ni a sus empleados ni a sus clientes si no quieren minimizar sus beneficios a medio y largo plazo. Nadie se comporta como un “egoísta perfecto”.

En conclusión, la vergüenza no está en decadencia. Lo que ocurre es que cambian sus objetos. Hoy nos avergonzamos de actos que en otro tiempo, o en otras culturas, se consideraron o consideran virtuosos, tales como azotar a los escolares, aplicar la pena de muerte, mutilar el clítoris y los labios vaginales de las niñas, o lapidar adúlteras. Mientras haya humanes (varones o hembras) éstos se avergonzarán, y mientras haya sociedad humana tendrá que seguir existiendo la vergüenza, y quienes no sientan la que se debe sentir serán estigmatizados, apartados o execrados como desvergonzados.

Nota bene
Sobre la importancia del fuego en la filogenia humana, recomiendo la película En busca del fuego (1981) de Jean Jacques Annaud, disponible en el departamento de Filosofía de nuestro centro.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Sublimación

Lo sublime como categoría estética y literaria


Aunque su autoría resulte discutible, se suele atribuir a Casio Longino (muerto en 273 d. C), maestro de retórica en Palmira y ministro de la emperatriz Zenobia, el tratado De lo sublime. Lo sublime está en la desmesura mesurada, comedida. La fuerza de la pasión, la vehemencia de las emociones, lo grandioso de la tragedia humana y del poder divino, lo que sobrecoge y pasma, eso es la fuente natural de lo sublime. Lo sublime no se coloca al lado de lo bello y útil, sino al lado de la gran literatura y la naturaleza extraordinaria, como el rayo, al lado de lo superabundante, de la exuberancia de la fuerza casi inútil o más que útil. La creación de lo sublime eleva al hombre al nivel de los dioses.

Lo sublime y el bello sexo

“La noche es sublime, el día es bello. En la calma de la noche estival, cuando la luz temblorosa de las estrellas atraviesa las sombras pardas y la luna solitaria se halla en el horizonte, las naturalezas que posean un sentimiento de lo sublime serán poco a poco arrastradas a sensaciones de amistad, de desprecio del mundo y de eternidad. El brillante día infunde una activa diligencia y un sentimiento de alegría. Lo sublime conmueve, lo bello encanta”… “Lo sublime ha de ser siempre grande; lo bello puede ser también pequeño. Lo sublime ha de ser sencillo; lo bello puede estar engalanado”… “La inteligencia es sublime; el ingenio, bello; la audacia es grande y sublime; la astucia es pequeña, pero bella”

Con estas y otras contraposiciones, distingue Kant el sentimiento de lo sublime del sentimiento de lo bello en un encantador tratadito publicado en Königsberg, en 1764.

Más que estética, en esta obra se tratan cuestiones psicológicas y morales con la agudeza y profundidad de un grandísimo filósofo. “La amabilidad –escribe Kant- es la belleza de la virtud. La solicitud desinteresada es noble. La cortesía y la finura son bellas. Las cualidades sublimes infunden respeto; las bellas, amor”.

En el capítulo III trata sobre la diferencia entre lo sublime y lo bello en la relación recíproca de ambos sexos. Afirma entonces que "la mujer tiene un sentimiento innato para todo lo bello, bonito y adornado. Ya en la infancia se complacen en componerse, y los adornos las hacen más agradables. Son limpias y muy delicadas para lo repugnante. Gustan de bromas, y les distrae una conversación ligera, con tal de que sea alegre y risueña. Tienen muy pronto un carácter juicioso, saben adoptar aire fino y son dueñas de sí mismas, y eso a una edad en que nuestra juventud masculina bien educada es todavía indómita, basta y torpe. Muestran un interés muy afectuoso, bondad natural y compasión; prefieren lo bello a lo útil, y gustan de ahorrar de superfluidades en el sustento para sostener el gasto de los vistoso y de las galas. Son muy sensibles a la menor ofensa y sumamente finas para advertir la más ligera falta de atención y respeto hacia ellas. En una palabra, representan dentro de la naturaleza humana el fundamento del contraste entre las cualidades bellas y las nobles, y el sexo masculino se afina con su trato. (…) El bello sexo tiene tanta inteligencia como el masculino, pero es una inteligencia bella; la nuestra [la masculina] ha de ser una inteligencia profunda, expresión de significado equivalente a lo sublime.”

Lo contrario de lo bello es lo repugnante; y lo contrario de lo sublime, lo ridículo. El español tiende a caer desde lo sublime a lo ridículo, como el Quijote de Cervantes.

Sublimación

En psicoanálisis, se entiende por sublimación un proceso según el cual la energía sexual (libido) no satisfecha se canaliza en forma de actividad constructiva y creadora, desplazando el objeto del deseo y sustituyéndolo por un comportamiento de otra naturaleza.

El término es aplicado por Freud a un grupo de procesos inconscientes que tienen en común que “como resultado de la privación interior o exterior, la aspiración de objeto de la libido pasa por un rodeo más o menos completo, una modificación o inhibición. En la gran mayoría de casos, la nueva aspiración es distinta o alejada de la satisfacción sexual; por ejemplo, es una aspiración asexual o no sexual” (E. Glover, cit. por Marcuse en Eros y civilización, cap. 10, n. 11).

El siguiente epigrama de Ernesto Cardenal expresa bien un proceso semejante:

Me contaron que estabas enamorada de otro
y entonces me fui de mi cuarto
y escribí ese artículo contra el Gobierno
por el que estoy preso.

La desviación de la libido hacia actividades culturales útiles tiene lugar después del periodo de la primera infancia, no tiene por qué tener una fuente represiva e implica la erotización del organismo entero.

“La sublimación no es siempre la negación de un deseo; no siempre toma la forma de sublimación contra los instintos. Puede ser sublimación por un ideal. Así, Narciso ya no dice: ‘Me amo tal como soy.’ Dice ‘Soy de tal manera que me amo’” (Gaston Bachelard. L’Eau et les Rêves).

Pero como un fenómeno individual aislado, la libido narcisista es neurótica. Una neurosis aísla; una sublimación, une. En una sublimación algo nuevo es creado –una casa, una comunidad, un poema, una herramienta- en un grupo y para el uso de un grupo. La libido puede tomar el camino de la autosublimación sólo como un fenómeno social.

Para Marcuse, el poder constructor de cultura de Eros es la sublimación no represiva. Gracias a ella, la sexualidad no es ni desviada ni apartada de su objetivo, trasciende hasta otros, buscando una gratificación más completa.

La desublimación represiva

En su crítica de la sociedad de consumo de masas (El hombre unidimensional, 1954), Herbert Marcuse expone que lo que está sucediendo no es la sustitución de la alta cultura por la cultura de masas, sino la refutación de aquella por la realidad. Lo que cuenta no es el valor de verdad, sino el valor de cambio, o sea, la mercancía. Así, el sublimado campo del alma o del espíritu del hombre interior se deshace en problemas mecánicos mejor o peor resueltos mediante operaciones y actos de consumo. Hombres y naturaleza ya no son fines encantados o encantadores, sino instrumentos y ámbitos de dominio y explotación. Citando a Roland Barthes, Marcuse afirma que ya no hay un humanismo poético. El discurso es un discurso lleno de terror.

La descripción de Marcuse es estremecedora:

“La realidad tecnológica limita el campo de la sublimación. También reduce la necesidad de sublimación”.
“La liquidación de la alta cultura es un subproducto de la conquista de la naturaleza y de la progresiva conquista de la necesidad.
"Invalidando las loadas imágenes de la trascendencia, incorporándolas a su omnipresente realidad diaria, esta sociedad demuestra hasta qué punto los conflictos insolubles se están haciendo manejables: la tragedia y el romance, los sueños arquetípicos y las ansiedades se están haciendo susceptibles de soluciones y disoluciones técnicas. El psiquiatra se ocupa de los donjuanes, Romeos, Hamlets, Faustos, conforme se ocupa de los Edipos: los cura. Los dirigentes del mundo están perdiendo sus características metafísicas. Su aparición en la televisión, en conferencias de prensa, en el parlamento y en discusiones públicas difícilmente se adapta al drama más allá de los límites de la publicidad (todavía existe el legendario héroe revolucionario que puede derrotar incluso a la televisión y a la prensa: su mundo es el de los países ‘subdesarrollados’), y en cambio las consecuencias de sus acciones sobrepasan la dimensión del drama.
"Las prescripciones para la inhumanidad y la injusticia están siendo administradas por una burocracia racionalmente organizada, que es, sin embargo, invisible en su centro vital. El alma contiene pocos secretos y aspiraciones que no puedan ser discutidos, analizados y encuestados. La soledad, que es la condición esencial que sostenía al individuo contra y más allá de la sociedad, se ha hecho técnicamente imposible. El análisis lógico y lingüístico demuestra que los antiguos problemas metafísicos son problemas ilusorios; la búsqueda del ‘sentido’ de las cosas puede ser reformulada como la búsqueda del sentido de las palabras, y el universo establecido del discurso y la conducta puede proporcionar criterios perfectamente adecuados de respuesta.
"En un universo racional que, por el mero peso y las capacidades de su aparato, cierra todo escape. En su relación con la realidad de la vida cotidiana, la alta cultura del pasado era muchas cosas: oposición y adorno, protesta y resignación. Pero era también la aparición del reino de la libertad: la negativa a participar. Tal negativa no puede impedirse sin una compensación que parece más satisfactoria que la negativa. La conquista y unificación de los opuestos, que encuentra su gloria ideológica en la transformación de la alta cultura en popular, tiene lugar sobre una base material de satisfacción creciente. Ésta es también la base que permite una total desublimación. “

El refinamiento cultural de la sexualidad, implicaba su vinculación con el afecto, su sublimación en el amor (cfr. cap X de Eros y civilización). Su desublimación trae consigo la desvinculación de la sexualidad respecto del afecto y la ternura: el sexo frío, el sexo de consumo, el sexo mercancía. Tal desublimación implica modos represivos, el resultado es por ejemplo una “localización y contracción de la libido, la reducción de lo erótico a la experiencia y la satisfacción sexual”…

Actividades y cuestiones


  1. ¿Cuáles son sus estilos estéticos favoritos?
  2. Describa el hipster como tendencia estética actual... ¿Conoce otras?
  3. Comente la siguiente sentencia: “Sobre gustos no hay nada escrito”. ¿Está de acuerdo con ella?
  4. ¿Puede ser fea una obra de arte?
  5. Distinga entre arte, artesanía y diseño industrial.
  6. ¿Qué podemos entender por bello?
  7. ¿Para qué sirve el arte?
  8. Elabore un cuadro distinguiendo lo bello de lo sublime.
  9. Ponga ejemplos de obras de arte siniestras o grotescas. Busque en Internet imágenes que sirvan para ilustrar estas categorías estéticas.
  10. ¿Cuál debe ser la función social del arte?
  11. El artista…, ¿nace o se hace?
  12. ¿Por qué se llama al cine “séptimo arte”?, ¿cuáles son los otro seis?
  13. ¿Nos proporciona el arte una “catarsis”? ¿Por qué disfrutamos viendo series y películas en la tele y en el cine? ¿Qué necesidades psicológicas satisfacemos?
  14. ¿Cuáles son los grandes géneros literarios? Distinga entre comedia, drama y tragedia.
  15. ¿Qué es la música? ¿Por qué nos gusta la música? 
  16. Comente las consideraciones de Kant sobre la sensibilidad estética de ambos sexos. ¿Le parecen sexistas? Sí, no, por qué.
  17. Explique el concepto marcusiano de desublimación represiva.
  18. ¿Qué dice Marcuse sobre la alta cultura y la cultura popular en la sociedad de consumo de masas?
¿Qué es la estética? ¿Qué, el esteticismo? ¿Es bueno el esteticismo? El arte, como representación simbólica de la realidad, ¿exige formación para ser entendido y disfrutado? Estas cuestiones se abordan en este programa de televisión de la 2... 

lunes, 15 de noviembre de 2010

LOS PREDICABLES ESENCIALES según Pedro Simón Abril


En el Libro segundo de la Filosofía Racional (Alcalá de Henares, 1587), el humanista Pedro Simón Abril, nacido en Alcaraz, se ocupa del Género, Especie y Diferencia específica (también llamada hoy especificidad).

Por género entiende una comunidad de cosas, que son de naturaleza diferente, como el ser animal es una naturaleza genérica, que comprende debajo de su consideración muchas cosas, que son de naturalezas diferentes, como hombres, leones, caballos, bueyes, aves, pescados…

Dos condiciones del género

“De manera que para que una consideración de cosas se diga género ha de tener dos condiciones: la una que comprenda dentro de sí muchas cosas de diferentes naturalezas; y la otra que se les atribuya en el preguntar, qué cosa es. Por defecto de la primera el león no será género, porque todos los leones son de una misma naturaleza; por defecto de la segunda lo blanco no será género de la nieve, solimán, yeso, cal. Porque aunque comprende dentro de sí todas aquellas cosas y otras muchas, que son de naturalezas diferentes, con todo eso no significa lo que ellas son, ni preguntándonos qué cosa es nieve responderíamos bien diciendo que es blanca: pero responderíamos bien si nos preguntasen, qué tal [o cómo] es la nieve.

La especie como muestra y hermosura

“’Especie’ también es vocablo Latino, cuyo correspondiente en griego es ‘tò eidos’, qué ambos significan la muestra y la hermosura de la cosa (…). La cosa que es de particular naturaleza se dijo especie, porque así como la hermosura es lo que hace que una cosa se vea, así esta particular naturaleza hace al género visible y también inteligible”.

En efecto, el género no puede entenderse sino reducido a especies… Así, “si fuésemos a casa de un pintor, y le pidiésemos, que nos pintase el animal, diría que pedimos lo que no es posible, porque animal es cosa general, y que no tiene forma con que ser retratado: pero si le pidiésemos que pintase buey, o león o elefante, lo haría, porque esos ya tienen naturaleza y forma particular para ser retratados. De la misma manera, si fuésemos a un maestro que nos enseñase ciencia así en común no se puede enseñar, porque es cosa general, y no tiene particular idea con que se comprenda: pero si le pidiésemos, gramática, o lógica o geometría, pediríamos cosa, que se puede entender con propia y particular idea” (…).

Por lo tanto, la especie “quiere decir la muestra o la hermosura, porque el género si no reduciéndolo a alguna de ellas [las especies], es una cosa sin forma, y que perfectamente no puede entenderse. Llámase pues especie la particular naturaleza, que está situada debajo de cierto género, como León debajo de animal, Águila debajo de ave, Ballena debajo de pescado, línea debajo de cantidad continua, terciana debajo de calentura pútrida, donación debajo de contrato”.

Género y especie: nociones correlativas

“Hase definido el género por la especie, y la especie por el género por la misma razón, que se definió el todo por la parte, y la parte por el todo, que es por ser cosas correlativas. Porque así como todo el ser del género consiste en tener especies dentro de sí, así también todo el ser de la especie es estar constituida debajo de cierto y determinado género”. En el capítulo siguiente, Pedro Simón Abril dirá: “todo el ser de especie es mirar al género, como el del hijo al padre”.

Las ciencias trabajan con especies, no con cosas singulares

“En las ciencias, donde no se trata de cosas singulares, nunca la especie se atribuye a nadie, sino siempre es el sujeto de todo. Por la cual, Aristóteles en los Tópicos no la puso en el número de los atributos.”

La diferencia específica como acto esencial

“La diferencia [específica o especificidad] es un acto esencial o sustancial de la especie que allegándose a la naturaleza común y general la estrecha y particulariza haciéndole que ya no sea cosa común general, sino propia y particular. Como si presuponemos que el ser capaz de uso de razón es acto propio del ser y naturaleza del hombre, será aquello su diferencia. Porque juntándole el ser capaz de razón con el ser de animal hace que ya animal capaz de razón no sea cosa común y general como era animal tomado a solas, sino que sea una particular especie de animal, que llamamos hombre. Porque así como el caballo o buey, o cualquier otra manera de animal es cosa común para ser poseída de Pedro o de Francisco: pero haciéndole Pedro su propio hierro o señal viene ya a no ser común, sino cosa propia de Pedro, así también naturaleza le dio a cada especie su propio acto sustancial, con que se discerniese de las demás contenidas debajo de una misma noticia común y general esencial y sustancialmente, el cual acto por esta razón se llama diferencia”.

Limitaciones del entendimiento y de la ciencia


Pedro Simón Abril acaba el capítulo VI afirmando que “el conocimiento del entendimiento humano procede por medio de los sentidos, los cuales no perciben lo sustancial de la cosa sino lo accidental, como son los colores, los sonidos, los olores, los sabores, y las calidades del tacto, entendiendo el humano entendimiento que realmente las hay, no puede entender cuál es la propia diferencia de cada especie, por ser acto sustancial, y que no cae debajo de ninguno de los sentidos, de la misma manera que sabemos que Pedro tiene alma por los actos que le vemos hacer, que habla y anda, y consulta, pero qué manera de ser tenga aquella alma, no lo entendemos, porque no es cosa que cae debajo de ninguno de los cinco sentidos. De lo cual nace la flaqueza de la ciencia humana, y el ser muy sujeta a error. Porque como el hombre no puede discernir las especies de las cosas por sus propios actos sustanciales, por no entenderlos, válese en lugar de ellos de los accidentales, los cuales por ser los más de ellos comunes y generales, engáñanlo, y hacen que el latón le parezca oro, y el anapelo verro, y otras cosas así de esta manera, que le hacen errar y engañarse en el conocimiento de las cosas…

domingo, 14 de noviembre de 2010

Verdad, autenticidad y libertad

La verdad racional o razonable se puede entender como evidencia intuitiva (claridad y distinción de una idea o de una relación), como adecuación o correspondencia entre lo que pensamos o decimos y lo que acontece en el mundo (mundo externo o interno, físico o mental), o como coherencia lógica entre los distintos elementos de una estructura o de un sistema.


Pero usamos la palabra “verdad”, o el adjetivo “verdadero” para referirnos a muchas otras cosas. Por ejemplo, cuando exclamamos “¡esto sí que es un verdadero chocolate!”, refiriéndonos a un producto que contiene mucho más cacao de lo que es común; o "Messi es un verdadero crack del fútbol".
Referida a la conducta, la verdad se nos manifiesta como rectitud, autenticidad, sinceridad, fidelidad a uno mismo. Este es el concepto moral o ético de la verdad, que se patentiza por ejemplo en la expresión “el momento de la verdad” o en la declaración “la verdad os hará libres”. Uno puede instalarse en la verdad y confesarse a sí mismo lo que pasa, o instalarse en la mentira, en un mundo de fantasías halagüeñas, interesadas, huyendo de la verdad...

Hemos de distinguir también entre la verdad objetiva y los estados subjetivos de la mente respecto de la verdad: ignorancia, duda, opinión, creencia, convicción, evidencia, certeza...

La verdad se puede experimentar así como vivencia, como momento simbólico en que se nos manifiesta el ser que somos o del que participamos, en una experiencia poética. En el siguiente poema de Luis Cernuda, se asocia la verdad personal al amor verdadero, que involucra una libertad paradójica, asociada a un vínculo de dependencia…


SI EL HOMBRE PUDIERA DECIR

Si el hombre pudiera decir lo que ama,
Si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo
Como una nube en la luz;
Si como muros que se derrumban,
Para saludar la verdad erguida en medio,
Pudiera derrumbar su cuerpo, dejando sólo la verdad de su amor,
La verdad de sí mismo,
Que no se llama gloria, fortuna o ambición,
Sino amor o deseo,
Yo sería aquel que imaginaba;
Aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos
Proclama ante los hombres la verdad ignorada,
La verdad de su amor verdadero.

Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien
Cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío;
Alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina,
Por quien el día y la noche son para mí lo que quiera,
Y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu
Como leños perdidos que el mar anega o levanta
Libremente, con la libertad del amor,
La única libertad que me exalta,
La única libertad porque muero.

Tú justificas mi existencia:
Si no te conozco, no he vivido;
Si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido.

Los placeres prohibidos, 1931

viernes, 12 de noviembre de 2010

Imágenes y saber narrativo

Por muy elevados que no resulten los ideales y por muy intelectuales que puedan resultarnos las ideas, hay que saber y aceptar que no se puede pensar sin imágenes.
Pero ya hemos explicado que la palabra "imagen" es ambigua. Significa al menos tres cosas:

1) Percepto, impresión sensible, en la que se estructuran y amalgaman sensaciones diversas de lo presente (cualquier fenómeno).
2) Recuerdo, imagen representada o representación de lo ausente, más débil y pobre en detalles que el percepto, que puede ser tan creativa que se convierta en una perfecta fantasía.
3) Icono: imagen objetiva, estática, como un cuadro de Tiziano, un cartel publicitario o un poster de Madonna. Si el icono es venerado como algo sagrado (la imagen o la camiseta de Ronaldo, el look de Lady Gaga, por ej.), o se le atribuyen propiedades mágicas, entonces hablamos de un ídolo o de un fetiche. Y pueden congregar en torno suyo a grandes multitudes, como pasa en Lourdes o Fátima. En movimiento, las imágenes conforman el transcurrir del cine, las series de televisión, el videoclip, los anuncios publicitarios, los documentarles, etc.

La educación más elemental depende de imágenes, más que de palabras, de ejemplos vivos, más que de lecciones magistrales. Personalmente, como identidades personales, nos contituimos  más fundamentalmente en el saber narrativo que en el saber científico. Las leyendas, mitos, cuentos, relatos imaginativos, parábolas y chistes, pelis y espectáculos, conforman nuestro inconsciente y predisponen nuestra conciencia, nuestra forma de valorar, de temer y de esperar, nuestros sueños y expectativas.

Somos un animal simbólico e icónico, más genuinamente que un animal lógico. Nuestra personalidad moral, tanto consciente como inconsciente, depende de imágenes más que de razones, pues las imágenes tienen la capacidad de concretar y particularizar los valores abstractos y genéricos y, sin embargo, son polisémicas, siempre pueden significar otra cosa de lo que representan, tienen un valor simbólico: expresan y sugestionan. Las imágenes provocan vivos efectos de identificación y proyección, penetran en los fondos afectivos que activan y motivan la conducta. Las mismas palabras están cargadas de connotaciones imaginativas y a menudo depende de la escena o imagen asociada a tal o cual nombre el que lo veamos como algo positivo o negativo, "bueno" o "malo".

Sobre este importante asunto propongo tres enlaces al lector atento:
  •  una entrada del curso 2008 sobre La Sabiduría (e insidia) de los cuentos.
  • una presentación tipo power point que resume lo principal.
  • el texto de una conferencia pronunciada en Jaén y publicada en El Toro de Caña 10, una revista etnográfica, en 2003. Y que encontrarás en un site feminista: Todas.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

¿Sómos animales racionales?

“Hubo un tiempo en que no pensabas
y, si pensabas, era para reír con los amigos"
I. Gómez de Liaño. Carro de noche, 2010

Que somos animales, parece estar fuera de duda. Nacemos, crecemos, nos reproducimos y morimos. El hambre y el deseo sexual son para nosotros apetitos tan poderosos como los que mueven al resto de nuestros congéneres animados. Pero es evidente que “no sólo de pan vive el hombre”. De la satisfacción de nuestras necesidades fisiológicas (respirar, comer, beber), nacen otras nuevas: seguridad, comodidad, afecto, popularidad, inclusión, comunicación, logro, poder, autorrealización…

Si atendemos sobre todo a por qué hacemos lo que hacemos, o sea, al fenómeno de la motivación humana, debemos aceptar que nuestra conducta está sobre todo ligada a las necesidades de nuestro organismo, a los deseos y a la afectividad: emociones, sentimientos, pasiones, gustos, caprichos, manías...

Sin embargo, al menos en España, pocos cazadores cazan para devorar a sus presas. El psicólogo Allport se percató de que las necesidades secundarias de los humanos no tienen por qué fundarse necesariamente en las necesidades primarias. Llamó a esto el principio de autonomía funcional de la motivación: ciertas actividades acaban desvinculándose de sus motivaciones originarias y autosustentándose, convirtiéndose en fin en sí mismas. Se puede beber por el placer de hacerlo, aunque no tengamos sed, y se puede estudiar por simple deleite intelectual, sin fines utilitarios. Igual, se puede “hablar por hablar”, sin que en realidad tengamos nada preciso o precioso que contarnos. Cazar, estudiar o conversar, se convierten así en actividades funcionalmente autónomas, en actos voluntarios. Para Allport, la autonomía funcional de los motivos superiores es señal de madurez del individuo adulto, que ha sabido crear su propia individualidad y puede tomar decisiones que se sustentan en sí mismas, es decir, libres.

Los niños, como los animales, tienden a hacer lo que les da la gana. El comportamiento por las ganas o desganas, el gusto o el disgusto, o sea, el comportamiento instintivo, es más primitivo que el comportamiento racional, incluso puede que los instintos conserven todavía vigor cuando la racionalidad (de una persona o de una cultura) decae. Cuando adquirimos el uso de razón, organizamos nuestra conducta de acuerdo a fines que la sociedad o nosotros mismos estimamos convenientes: de acuerdo a fines valiosos. Esto exige un cálculo racional. Aprendemos así a hacer lo que no nos da la gana: por ejemplo, nos conformamos comiendo una fruta, en lugar de atiborrarnos con un gran trozo de tarta, en razón de que sabemos que la primera es mejor para la salud y engorda menos… Tal vez por eso, Unamuno llamó a la voluntad "noluntad": capacidad de decir(se) no. El conocimiento es también –para los humanos- un elemento motivador. Tolman ya señaló en 1937 que lo que motiva nuestra conducta son, al menos en parte, nuestras expectativas, nuestros sueños e ilusiones racionales. El ser humano no se comporta sólo por lo que es naturalmente, un animal con instintos y emociones, sino que aprende a regular sus apetitos y afecciones anímicas en función de lo que aspira social y culturalmente a ser: un animal racional o, por lo menos, razonable.

En este sentido, es legítimo definir al ser humano como un animal racional. Se trata de una definición proversiva, de un ideal de conducta universalizable.

Ha habido filósofos (tal que David Hume) que han negado el papel activo de la razón y del conocimiento. Para Hume, la razón puede distinguir entre lo verdadero y lo falso, pero no entre lo bueno y lo malo. Así, el conocimiento de lo nocivo que resulta el tabaco no me impedirá seguir fumando, hasta que no encuentre un motivo o emoción que me fuerce a hacerlo, por ejemplo, el miedo a la bronquitis crónica o al cáncer. Como dijo el príncipe Hamlet, el famoso personaje de una tragedia de Shakespeare: es el miedo lo que nos hace a todos prudentes, no la razón. Por eso concluia Hume que “la razón es y debe ser esclava de las pasiones”.

Sin embargo, en nuestros días, el filósofo norteamericano John Searle (Razones para actuar, 2000) ha sostenido con poderosos argumentos el papel activo de la razón en nuestra toma de decisiones, defendiendo asimismo que la racionalidad, como fenómeno biológico y, por ello, universal, no está necesariamente ligada a una cultura o visión particular del mundo. Al contrario que los simios (nuestros parientes cercanos), nosotros podemos considerar razones y tomar decisiones con independencia de nuestros deseos. Incluso es posible que esas razones sirvan de base para los deseos y motiven sentimientos… V. gr., si creo que alguien vale por lo que hace, es fácil que acabe tomándole afecto o admiración. Nuestras creencias -sobre todo si son coherentes y adecuadas- son poderosos estímulos e incentivos para actuar. La razón no es un simple instrumento de cálculo, sino que también propone y elige fines, escoge a sabiendas entre conductas alternativas, juzga, descubre razones para la acción, independientes del deseo, y hasta crea motivos utópicos, incluso quiméricos.

La racionalidad puede entenderse así como una opción de la voluntad, como una elección del espíritu. Los apetitos y necesidades actúan consciente o inconscientemente. La razón exige conciencia. En realidad, es el yo el que actúa consciente, racionalmente. Por eso los motivos del yo difícilmente pueden ser, al menos conscientemente -sin autoengaño- irracionales.

Claro que tamibén existe la debilidad de la voluntad, el momento en que dejamos de comportarnos como animales racionales, para volver a hacer el bestia o darle gusto al cuerpo…

Comente:


1) “Le coeur a ses raisons que la raison ne connait pas”
                                        Blaise Pascal

2) "Los hombres atienden a su sentimiento y a su interés pero les gusta imaginarse que siguen a su razón; por ello buscan, y encuentran siempre, una teóría que, a posteriori, proporciona un cierto barniz lógico a sus acciones. Si se pudiera reducir científicamente a la nada esta teoría, se llegaría simplemente a que otra teoría sustituiría a la primera, para alcanzar el mismo fin; se servirían de una forma nueva, pero las acciones seguirían siendo las mismas. Por ello, hay que dirigirse necesariamente al sentimiento y al interés para hacer actuar a los hombres y para hacerlos seguir el camino que se desea."
Vilfredo Pareto. Manual de economía política, II, epígrafe 108.

sábado, 6 de noviembre de 2010

La concepción semántica de la Verdad

Los pensadores idealistas -como Hegel- tienen a pensar la verdad como coherencia o consistencia de un sistema de conocimientos o de cálculo, mientras que los filósofos realistas –como Aristóteles o el último Russell- prefieren definir la verdad como correspondencia del pensar o del decir con los hechos.

Nosotros podemos concluir que tanto la coherencia de nuestras convicciones como la adecuación del entendimiento con la realidad son dos propiedades esenciales –e ideales- de la Verdad.

Una teoría recursiva de la verdad

En 1931, Alfred Tarski, un lógico polaco, presentó a la Sociedad Científica de Varsovia un artículo que se hará famoso: “El concepto de verdad en los lenguajes formalizados”. Tarski se planteaba el viejo problema filosófico de la verdad en términos de rigor matemático, obteniendo como resultado una teoría extensional de la verdad que ha dado lugar al desarrollo de la moderna semántica lógica, y que parece restaurar la venerable doctrina aristotélica de la verdad como correspondencia (adaequatio rei et intellectus).

Lo que sostiene Tarski es lo siguiente:

1) La noción de “verdad de un enunciado” no es absoluta, sino relativa a un lenguaje L, en cuyo marco se mueve el enunciado.

2) El predicado “verdadero”, como cualquier otra categoría de la semántica lógica, no pertenece al lenguaje objeto (el que usamos para referir al mundo), sino al metalenguaje o lenguaje en el cual se habla de otro lenguaje, como cuando digo: “el enunciado ‘el gato es un felino doméstico’ es verdadero”.

3) Como el lenguaje ordinario no puede distinguir entre lenguaje y metalenguaje produce contradicciones, tales como la paradoja del mentiroso: si un mentiroso dice que miente, ¿miente? (si miente dice la verdad; y si dice la verdad, miente, por tanto dice la verdad, etc.), por lo que la construcción de una definición rigurosa del concepto de “enunciado verdadero” resulta posible tan sólo en los lenguajes formalizados, o sea en lenguajes “artificiales” en los que el sentido de toda expresión está inequívocamente determinado por su forma.

Tarski afronta tal definición rigurosa de “verdad de un enunciado” con la ayuda del concepto semántico auxiliar de satisfacción, que construye previamente mediante técnicas recursivas y que tiene un origen matemático. Así, en la ecuación “x + 1 = 4” se asigna a la variable x el valor 3, y se dice que esta asignación de valor a x satisface esa ecuación.

Lo interesante aquí es que podemos extender este uso a la lógica y a la teoría del lenguaje en general. Supóngase la función enunciativa “x es una hortaliza”. Si se asigna en dicha función a x el valor “zanahoria”, resultará la expresión “La zanahoria es una hortaliza”, que satisface la función, que así se torna en un enunciado verdadero.

Satisfacción y verdad lógica

Dada una fórmula A y un universo U, se dice que una interpretación I satisface a esa fórmula si como resultado de la interpretación dicha fórmula se convierte o puede convertirse en un enunciado verdadero.

La relación de satisfacción es una relación semántica que abreviamos: I Sat A, y leemos: "La interpretacón I satisface a la fórmula A".

Si A es una fórmula atómica (simple), la definición recursiva de satisfacción es la siguiente:

Si A es una predicación, es decir, A = Ra1, a2 …, an (n ≥1), entonces I Sat Ra1, a2 …, an si y sólo si la relación objetiva n-ádica R* conviene a la secuencia objetiva [a*1, a2 …, a*n]. Los símbolos individuales a1, a2an son constantes. Entendidos como parámetros, habrá que especificar que la secuencia objetiva correspondiente puede ser cualquiera.

Hoy en día, la noción semántica de verdad es tratada también en conexión a la noción de modelo.

Verdad y modelo

Cuando una interpretación I satisface una fórmula A para toda secuencia objetiva, suele decirse que esa interpretación es un modelo M de A. Ello se puede indicar escribiendo I Mod A, lo que se lee: "I es modelo de A".

Ahora se puede definir la noción de verdad o validez relativamente a una interpretación y un universo. Una fórmula A es verdadera o válida bajo una interpretación I y para un universo U, si y sólo si esa interpretación lo satisface para toda secuencia objetiva, es decir si esa interpretación es modelo suyo: A ε V si y sólo si I Mod A.

El hecho de que una interpretación satisfaga una fórmula o un conjunto de fórmulas no es razón suficiente para que se diga que es modelo de ella. Para que una interpretación sea modelo de una fórmula o de un enunciado, es preciso que la satisfaga para toda secuencia objetiva, es decir: que no admita un solo ejemplo en contra.

Satisfacibilidad y verdad lógica

Un enunciado o una fórmula A es llamada satisfacible si hay al menos en algún universo una interpretación que la satisfaga. Un proposición o una fórmula A es insatisfacible si bajo ninguna interpretación en ningún universo es satisfacible.

Por ejemplo, la fórmula ^x (Px -> Qx) (Para todo x, si P se dice de x, entonces Q se dice de x) es satisfacible. Basta imaginar que P denote el conjunto de los gatos y Q el conjunto de los felinos. En cambio la fórmula: Px & ¬Px (P se dice de x y al mismo tiempo no-P también se dice de x), es insatisfacible, por contradictoria, es decir, se trata de un enunciado que no puede ser verdadero en ningún mundo posible.

La satisfacibilidad llevada a su extremo es la validez necesaria o verdad lógica. Se dice que una fórmula o un enunciado son lógicamente verdaderos o universalmente válidos si esas fórmulas son verdaderas bajo toda interpretación y en cualquier universo no vacío. Este es el caso de enunciado analítico o lógicamente necesario, tal como A -> A, pues resulta verdadero no sólo en este mundo, sino en todos los mundos posibles. Es lo que Leibniz llamó verdades de razón, como contrapuestas a las verdades de hecho, pues las primeras no pueden ser no-verdaderas, mientras que las verdades de hecho sólo pueden ser verdaderas contingentemente, esto es, por circunstancias accidentales de este mundo, como las verdades expresadas por los enunciados históricos, tales como “César cruzó el Rubicón” o "Carlos I de España fue también emperador de Alemania".

Bibliografía
Manuel Garrido. Lógica simbólica, Tecnos, 4ª ed. 2001.

La naturaleza de la evidencia

Texto para comentar
Douglas R. Hofstadter. Gödel, Escher, Bach. Un Eterno y Grácil Bucle. Tusquets, 7ª ed. 2001, pg. 774.

¿Es posible definir qué es la evidencia? ¿Es posible formular leyes que indiquen cómo asignar un sentido a las situaciones? Es probable que no, pues toda regulación rígida tendría, indudablemente, excepciones, y no reglas. Contar con un programa IA inteligente tampoco resolvería el problema pues, en tanto que procesador de evidencia, no sería en absoluto menos falible que los seres humanos. Entonces, si después de todo la evidencia es algo tan intangible, ¿por qué estoy tan prevenido contra formas nuevas de interpretación de la misma? ¿Es que soy incoherente? No creo esto. Lo que pienso es que se pueden establecer pautas orientadoras, y luego elaborar síntesis orgánicas a partir de ellas (...), hay complicados criterios para decidir si un método de evaluación de evidencia es eficaz. Uno de ellos se refiere a la "utilidad" de las ideas que llevaron al tipo de razonamiento en cuestión: las modalidades de pensamiento que, en la vida, han conducido a la obtención de cosas útiles son consideradas, en algún sentido, "válidas". Con todo, este concepto de "útil" es sumamente subjetivo.
Creo que el proceso por el cual decidimos qué es válido o qué es verdadero constituye un arte, y que descansa a tal profundidad en un sentido de la belleza y de simplicidad que su asiento son los principios fundamentales básicos de la lógica, o del razonamiento o de cualquier otra cosa que pueda ser objetivamente formalizada. No estoy diciendo que (1) la verdad es una quimera, ni que (2) la inteligencia humana es, en principio, no programable. estoy diciendo que (1) la verdad es demasiado elusiva como para que un ser humano o cualquier grupo de seres humanos la abarque nunca en su plenitud; y (2) la Inteligencia Artificial, cuando alcance el nivel de la inteligencia humana -y también si lo sobrepasa- se verá saturada de problemas relativos al arte, la belleza y la simplicidad, y se estrellará constantemente contra estas cosas mientras ejercita su propia búsqueda de conocimiento y comprensión.

martes, 12 de octubre de 2010

Ficción científica y Ciencia


"Ciencia ficción" es una expresión redundante. Pretende distinguir un género épico, novelístico o cuentístico, por un lado, de la ciencia real, por el otro. Pero tal vez, en español, tendríamos que decir "ciencia fantástica" más que "ciencia ficción". Si por ficción entendemos un acto de fingimiento de sucesos reales, toda hipótesis científica es un fingimiento y por tanto una ficción.

Como se sabe, Newton intentó sustituir el poder constructivo de las hipótesis, por el principio de inducción (o de transducción), que extrae proposiciones inobservables de fenómenos observables. Pero, como han percibido sus críticos, la célebre proposición newtoniana "yo no finjo hipótesis" es falsa en la epistemología del sistema newtoniano, que emplea sin escrúpulo hipótesis, tanto mecánicas como metafísicas (espacio y tiempo absolutos) y metodológicas (el principio de inducción, según la cuarta regla del filosofar expuesta en el Libro III de los Principios matemáticos de la filosofía natural, 1687).

domingo, 10 de octubre de 2010

Lenguaje y pensamiento humano

"Sein, das verstanden werden kann, ist Sprache"
Gadamer. Wahrheit und Methode

El otro día surgió en clase el siguiente problema filosófico: ¿Puede saber alguien algo si no es capaz de decir qué sabe?

A uno le pueden "sonar" determinadas palabras, por ejemplo la palabra "dogmatismo", o "nihilismo", o la palabra "lógica", simplemente porque las ha oído, mientras que a uno no le suena la palabra "Wahrheit", porque no es común en su idioma o en su ambiente...

Que una palabra nos es familiar, ¿significa que conocemos su significado? Evidentemente, no. Sólo sabemos qué es algo si podemos definirlo, es decir si podemos dar cuenta de cuáles son sus límites simbólicos.

El pensamiento, al menos el pensamiento lógico, depende del lenguaje, igual que el lenguaje depende del pensamiento.

viernes, 8 de octubre de 2010

Fundamento antropológico de la Filosofía

Aristóteles comienza su Metafísica con una proposición optimista:

"Todos los seres humanos desean por naturaleza saber"
Más adelante dirá -en un tx que hemos comentado en clase- que "los seres humanos comienzan y comenzaron siempre a filosofar movidos por la admiración". Esta traducción de tò thaumázein ("admirari", escribe en latín Guillermo de Moerbeke), por admiración o por el admirarse, me parece más apropiada que la de sorpresa o sorprenderse. La sorpresa es una emoción muy elemental. Los animales también se sorprenden, y se asustan, sobre todo, pero el admirar es otra cosa, aunque puede llevar aparejado algo de miedo ante lo desconocido, ante lo misterioso, ante el milagro de que haya ser en lugar de nada... El verbo griego "thaumazo" significa mirar con reverencia, maravillarse de algo, preguntarse con curiosidad y extrañeza.

El ser humano es el único animal que se pregunta por sus orígenes, y por el origen del universo en que habita, y escarba los antiguos pantanos buscando restos de sus parientes homínidos, y escudriña con potentes telescopios el orden cósmico, si hay límites y donde están. Cualquier diminuta florecilla, cualquier bichito vulgar nos ofrece un enigma, ¿por qué están ahí?, ¿desde cuándo?, ¿para qué?, ¿qué sentido tiene su diseño?

Está en nuestra naturaleza: no contentarnos con el vivir ahora, con el comer, beber, dormir, reproducirnos... ni siquiera con los saberes prácticos y productivos...

"¿Para qué la luna, papá?" -eso preguntan naturalmente muchas niñas a sus padres. El filósofo y el científico son, en cierto sentido, niños grandes, siguen preguntando durante toda su vida, no han perdido ese sentido de extrañeza y admiración que conmueve al niño.

Los seres humanos no nos conformamos con vivir, sino que buscamos el sentido de lo que fue y será, interpretando también los viejos mitos (v. gr.: ¿por qué fuimos expulsados del Paraíso de las bestias?), "el que ama los mitos es en cierto modo filósofo; pues el mito se compone de elementos maravillosos" (Met. 982b), o buscamos sentido formulando conjeturas científicas, hipótesis posibles que luego comprobaremos mediante experiencias si son falsas o verdaderas. El ser humano buscó y buscará sentido en el arte, en la religión y en la ciencia.

Cuando Aristóteles habla de Filosofía se refiere a la Ciencia en general. Los seres humanos hacemos cosas que también hacen los animales, desde luego, como comer, reproducirnos o defecar, pero al filosofar hacemos algo propiamente humano. Jamás hemos visto ni se verá a dos golondrinas conversando sobre el bien y el mal, el sentido de la existencia, o las libertades públicas, si sobran o si faltan... Las golondrinas se comunican, pero no filosofan ni hacen ciencia.

Por tanto, el filosofar nos humaniza, nos hace seres humanos, dotándonos de un horizonte (crítico, racional, universal, utópico, problemático, teórico...) que no es el puro presente de estímulos y respuestas en que transcurre la vida de hongos, vegetales y bestias. Ese horizonte incluye proyectos y propuestas, pero también tradiciones y mitos, prejuicios y saberes venerables, insertos en una lengua que es y no es la nuestra, de la que deberíamos apropiarnos originalmente, interpretándola según nuestro tiempo y sus exigencias.

Al contrario que otras cuestiones, los problemas filosóficos nos compromenten personalmente. Me explico. Uno puede vivir perfectamente, o sea una vida digna y más o menos feliz, sin saber nada de física cuántica o mecánica de fluidos, ¡y sin títulos universitarios! Pero uno no puede ser propiamente un ser humano sin plantearse alguna vez esas cuestiones primeras y finales: ¿cómo distinguir la verdad de la falsedad?, ¿es la libertad una apariencia?, ¿qué es la amistad y qué la distingue del amor?, ¿existe Dios?, ¿qué significa ser persona?, ¿qué o quién soy yo?, ¿por qué el ser humano es en general digno de respeto?, ¿es todo material?, ¿qué es la justicia?, ¿por qué es la democracia el "menos malo" de los sistemas políticos?, ¿por qué decimos que algo es hermoso o bello?, ¿hay alguna diferencia entre lo bueno y lo útil?...

Todas esas preguntas, y muchísimas más parecidas, son preguntas filosóficas. Kant, un importantísimo filósofo ilustrado, dijo una vez que puede que la física o las matemáticas desaparezcan, enterradas por una nueva edad de ignorancia y barbarie, pero que la metafísica (la filosofía que se pregunta por las primeras causas) acompaña necesariamente la vida de los seres humanos y que por tanto la filosofía nunca desaparecerá mientras éstos, mujeres o varones, alienten, o sea, "se extrañen" de lo que es o existe, incluida su propia existencia.

Otro gran genio alemán de la filosofía afirmó que del tipo de filosofía que uno escoge depende el tipo de persona que uno llega a ser. En efecto, si Fulanito piensa que el humano es un animal cuya felicidad mayor se obtiene comiendo y bebiendo, no nos debe extrañar que acabe gruñendo o pareciéndose a un gran tonel agujereado...

Resumiendo. La filosofía tiene un fundamento antropológico por tres razones:

1. No hay vida propiamente humana ni civilización sin filosofía.

2. No hay filosofía sin el desarrollo superior y liberal de la inteligencia humana que busca la verdad y no sólo la satisfacción de necesidades comunes.

3. Los problemas filosóficos nos comprometen humana y personalmente. No podemos eludirlos, así que es interesante tocarlos críticamente y ayudados por la tradición filosófica.

n. b.: El grabado con la expulsión de nuestros primeros padres del Paraíso es de Holbein.

domingo, 14 de marzo de 2010

REPASO "FUERA DEL AULA"

Como algunos y algunas os habéis quedado colgados en Lógica (ya sabemos que por falta de estudio, porque esto de la lógica es como un juego), pinchando en el título de esta entrada enlazaréis con una  web que se llama "aprende lógica". En esta página podéis realizar ejercicios sobre el valor de las conectivas y sobre tablas de verdad. Son muy fáciles y variados. Ánimo, que el martes 23 tendremos la prueba.

miércoles, 17 de febrero de 2010

Ejercicios de Lógica

Para que no perdáis el ritmo de Formalización, os propongo que hagáis los siguientes ejercicios:
  • Formaliza en lógica de enunciados las siguientes argumentaciones del lenguaje natural:
A)
  1. Como este año ha llovido mucho, los pantanos están rebosantes de agua.
  2. O los pantanos están rebosantes de agua o no tendremos agua este verano.
  3. Sólo si los pantanos están rebosantes de agua o llueve mucho este año, tendremos agua este verano.
  4. Los pantanos están rebosantes de agua.
  5. Por lo tanto, no tendremos agua este verano y la sequía se agravará.
B)
  1. No es cierto que estemos a finales de siglo o viva en el Reino Unido.
  2. Si vivo en el Reino Unido, mis paisanos son ingleses o escoceses, o galeses.
  3. El fin de siglo siempre coincide con un 31 de Diciembre o no esteremos a finales de siglo
  4. Como ayer fue 30 de diciembre, hoy es fin de siglo y vivo en el Reino unido.
  5. Por lo tanto, si vivo en el Reino Unido y si hoy es el fin de siglo, entonces ni soy inglés, ni escocés ni galés.
Recordad que siempre que el contenido de un enunciado se repita, debéis utilizar la misma variable (aunque exteriormente cambien algunas palabras por cuestiones de concordancia).

domingo, 7 de febrero de 2010

Actualización del Blog

Seguimos trabajando en las entradas publicadas el curso anterior.
Tenemos pendiente la Disertación sobre "¿Hablamos como pensamos o pensamos como hablamos?" y por si algún despistadillo no sabe cómo empezar, os sugiero que busquéis la entrada del 29 de Enero de 2009.
Y para los que anden un poco más adelantados, ahora que hemos empezado lógica, también hay una entrada sobre Lógica de Enunciados con ejercicios del 8 de diciembre del 2008.
Para cualquier duda, podéis publicarla a través de este mismo portal.
Ánimo para el examen.