martes, 23 de junio de 2026

MUNDOS DE PALABRAS


Sol antique JBL, 2025

UNIVERSOS DE DISCURSO


El prestigiado filólogo de origen moldavo Eugenio Coseriu (1921-2002) distinguió entre el sistema de la lengua (sus posibilidades comunicativas), sus normas y reglas tradicionales, y el habla individual. Fue también relevante su integración de la sincronía y diacronía de Saussure en una perspectiva histórica. Coseriu hizo época con su concepto de universo de discurso, entendiendo por tal el sistema universal, o con pretensiones de universalidad, de los significados, universo al que pertenece cada habla o frase y que determina su valor y su sentido. Universos de discurso son la mitología, la literatura, las matemáticas, las ciencias naturales, el mundo de la experiencia, la tauromaquia, la culinaria, etc. Son mundos lingüísticos referenciales, "temas" distintos que imponen o suponen terminologías variadas y modos de pensar diferentes para los hablantes.

En cada sociedad hay varios o una multitud de sistemas de interpretación del mundo que podemos relacionar con dichos universos de discurso coexistentes, a veces enfrentados y en pugna, es decir, diversos modos de hablar del mundo, o diversos mundos en (in)comunicación. Podemos hablar tanto de comunicación como de incomunicación porque allá donde es posible el entendimiento, también es posible el malentendido y hasta el no querer entender, o la intención negativa de desentenderse del discurso ajeno.


USOS Y MODOS DE LENGUAJE

El semiótico y filósofo usamericano Charles William Morris (1901-1979) distinguía también diversas clases de usos del habla: informativa, valuativa, incisiva, sistémica; y diversos modos de empleo de los signos: designativo, apreciativo, prescriptivo, formativo. Las combinaciones de estas diversas formas de uso y modos de discursear fundamentan diversos tipos de hablas y de textos.

Tipos de discurso según Charles W. Morris (de Brigitte Schlieben-Lanbghe, Pragmática lingüística, Gredos, 1987)



El objetivo del uso "informativo" es proporcionar datos al oyente porque busca comunicar conocimientos, describir el entorno y presentar estados de cosas verificables. El objetivo del uso valorativo o "valuativo" es seleccionar y evaluar objetos, influyendo en la preferencia del receptor. Determina si algo es considerado "bueno o malo", "deseable o indeseable". Por "incisivo" o "incitativo" entendía Morris el empleo de los signos para estimular determinadas conductas o respuestas emocionales en el receptor cuando se busca provocar una reacción (ej. publicidad persuasiva o discurso político). Por "sistémico" o sistemático el uso orientado a organizar lógicamente las creencias y los sistemas de signos internos del propio individuo. Busca la coherencia intelectual en el oyente o lector.

El modo "designativo" aporta información sobre ambiente, describe realidades y permite el conocimiento objetivo. Es propio del discurso científico o informativo. Por "apreciativo" entiende Morris aquel modo que señala propiedades de un objeto o situación que provocan respuestas afectivas o emocionales; es modo predominante en el discurso estético y literario. El modo "prescriptivo" exige o impone ciertas formas de conducta o acción. Es el lenguaje de leyes, reglamentos y mandatos. Por último, el "formativo" aporta estructura lógica y sistematizada al lenguaje. Se relaciona con el discurso formal y reflexivo.

Sol azul, JBL 2025


MUNDOS POSIBLES. SU RECORTE LINGÜÍSTICO

Es muy interesante que nos preguntemos por la relación entre el concepto de universo de discurso y el de mundo posible, tal y como lo emplea la semántica lógica. Cada universo de discurso entraña un conjunto de supuestos pragmáticos o de convencionalismos, de opiniones, creencias o "verdades" que los interlocutores aceptan. Es verosímil que cada interpretación específica del mundo se relacione estrechamente con una manera de hablar de él y con determinados (claros o tal vez vagos) postulados de conversación.

El concepto de mundo posible atañe hoy tanto a la metafísica como a la lógica modal y nos obliga a transitar la sutil frontera entre lo que hay y lo que construimos al hablar. Popularizados por Leibniz y formalizados en el siglo XX por filósofos como Saul Kripke o David Lewis, los mundos posibles son descripciones completas y maximalistas de cómo podría haber sido la realidad. El "mundo real" es solo uno de los posibles mundos; los demás son alternativas lógicamente coherentes donde, por ejemplo, las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena nunca se fundaron. Cada mundo posible es un estado de cosas cerrado y total.

Además de en la lingüística de Coseriu, la noción de "universo de discurso" también fue acuñada en lógica por De Morgan y Boole y absorbido por la pragmática (entendida como ciencia de la relación del lenguaje con sus usuarios o empleadores). Un universo de discurso no es una realidad alternativa entera, sino la parcela de realidad (o ficción) que los hablantes delimitan conscientemente en una situación comunicativa concreta. Si en una cena familiar alguien dice "Todos están durmiendo", el universo de discurso restringe ese "todos" a la casa, no a los ocho mil millones de habitantes del planeta.

El universo de discurso puede entenderse como "anclaje" o "recorte" de mundos posibles. La relación más clara entre mundos posibles y universo de discurso puede cuando este no refiere al mundo real, sino a uno ficticio, hipotético o contrafáctico, entonces el universo de discurso actúa como filtro operativo y determinante, capaz de seleccionar los objetos relevantes para la interacción. Puesto que la mente humana no puede procesar un mundo entero e infinito en detalles, el universo de discurso extrae de cada mundo posible un conjunto manejable de entidades, propiedades y reglas que los hablantes aceptan mientras dure la conversación. El universo de discurso es así manifestación discursiva y acotada de un mundo posible.

En la lingüística cognitiva y la semántica textual actual (como la teoría de los Text Worlds de Paul Werth), la fusión entre mundos posibles y universos de discurso es explícita. Se argumenta que cada vez que nos comunicamos creamos un "mundo mental". Por ejemplo,
para que el Principio Cooperativo de Grice funcione, los hablantes necesitan situar sus implicaturas dentro de unas coordenadas estrictas. Si un hablante dice "El rey de Francia es calvo" en un debate sobre historia del siglo XVIII, su universo de discurso está anclado en un fragmento del mundo real (pasado). Si lo dice en una ucronía literaria, el universo de discurso se nutre de las reglas de ese mundo posible específico donde la monarquía francesa sobrevivió. La verdad o la relevancia (máximas de Grice) no se miden contra el "ser" absoluto, sino contra el universo de discurso acordado.

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