El arte, superior a la naturaleza
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| Tinta, original de Miguel Heredia Mesa (+2000) |
Hoy parece triunfar "lo natural", al menos como eslogan publicitario. Falso, porque lo cierto es que vivimos en un mundo alterado según las necesidades y gusto -a veces, mal gusto- de los humanos. Vivimos en un mundo artificial. Claro que también podemos extender el sentido de "natural" hasta contener en él su opuesto, lo artificial, arguyendo que el humano es por naturaleza un animal que transforma técnica y artísticamente su entorno.
El esteticismo de Nietzsche o de Oscar Wilde exaltó, como su nombre indica, los valores estéticos, artísticos, oponiéndolos a los naturales. "Cuanto más estudiamos el Arte -escribió Wilde- menos nos interesa la Naturaleza" (La decadencia de la mentira, Siruela, Madrid, 2000). Para Wilde, la naturaleza es tosca, monótona, inconclusa... No obstante, ve en la imperfección de la naturaleza una invitación y un reclamo a nuestra acción trascendente, sublimadora, como si la misión del hombre fuese precisamente humanizar y mejorar lo que un chapucero demiurgo dejó incompleto e inacabado.