Mostrando entradas con la etiqueta Lenguaje. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Lenguaje. Mostrar todas las entradas

miércoles, 31 de mayo de 2023

HERMENÉUTICA CORRELATIVISTA. AMOR RUIBAL

 

Gestos gráficos de un niño de cuatro años


El problema del origen

El problema del origen del lenguaje es tan fascinante como insoluble. Se pueden, eso sí, formular sobre este asunto, que compromete nuestra diferencia con el resto de animales, diversas hipótesis más o menos verosímiles. 

Los antiguos atribuyeron su aparición a una donación divina. Algo tan maravilloso como la palabra tenía que proceder de los dioses. El orador siciliano Gorgias de Leontini, en su Elogio de Helena, dijo de la palabra que es un poderoso soberano que con un cuerpo pequeñísimo y muy invisible realiza empresas completamente extraordinarias: elimina el temor, suprime la tristeza, infunde alegría. En efecto, la fuerza de sugestión de la palabra se adueña del alma y la transforma, para bien y para mal, pues también se puede usar para mentir, para insultar y hasta como arma arrojadiza.

jueves, 26 de enero de 2023

PALABRAS, ACTOS Y VERDADES

Biblia que regala Jean de Vaudetar
al rey Carlos V. París 1372

La tradición semita y la helena, a las que nuestra civilización debe savia y manutención, hizo principio supremo del Verbo, de la Palabra, del Logos, porque la palabra nos permite dar y recibir razones y eso eleva nuestra esencia comunicativa por encima del trino de los pájaros o del gruñido de las bestias, hasta el reino de la gracia, del arte, de la conciencia reflexiva, del espíritu creador. Pero, afortunadamente, toda tradición cuenta con sus heterodoxos, como todo rebaño con su oveja negra, y hasta es conveniente que -como decía Juan Huarte de San Juan- soltemos en el hato algunas cabras para que animen y estimulen al resto de la manada a descubrir nuevos y más altos pastos, porque la cabra tira al monte.

jueves, 24 de noviembre de 2022

DEL GRITO AL HECHO

 
"Ramonero", JBL 2022.

De la interjección a la terminología

La palabra pretende exteriorizar lo que percibimos o deseamos comunicar, aspira a manifestar lo interno. El sabio, científico o filósofo, pretende decir lo que las cosas son o cómo funcionan y se explican los eventos del mundo, o sea lo que acaece. Por eso tienden a expresar sus pensamientos con términos técnicos, con palabras bien cinceladas como cristales, con proposiciones que valgan por fórmulas, de silueta inequívoca, geométrica, palabras -llamémosles aquí propiamente términos- que intentan ser cosas o, por lo menos ensayan agotar su significado en su extensión referencial, sin más connotación que referir al mundo.

viernes, 7 de octubre de 2022

PARAÍSO DE NOMBRES PROPIOS

 

Hanuman, el dios mono o un aspecto de Shiva

Estoy seguro de que esa tonta manía publicitaria de escribir nombres propios con minúsculas es síntoma de deshumanización y sugestión de cosificación: “Todos merecen (merecemos) un nombre propio” –escribió Octavio Paz para lamentarse al mismo tiempo de que nadie lo tenga-. 

En El Mono Gramático, el premio Nobel mejicano (y este ya es nombre común) especula con la posibilidad de que el Paraíso (nombre propio de aquel Edén del que fuimos expulsados) estuviese regido por una gramática ontológica, porque las cosas y los seres serían sus nombres y cada nombre sería propio.

domingo, 7 de noviembre de 2021

LA DIFERENCIA HUMANA

En El origen del hombre (1871) Darwin dejó escrito que no hay “ninguna diferencia fundamental entre los mamíferos superiores en sus facultades mentales”. Son ya pocos los antropólogos y filósofos que abren un “abismo ontológico” entre la mente humana y la mente animal. No obstante, si las diferencias entre la inteligencia animal y la humana son de grado y ninguna de ellas es absoluta, lo cierto es que las diferencias de comportamiento entre los animales más parecidos a nosotros, los primates, y las costumbres humanas, son extraordinarias, aunque sólo sea por el hecho de que trabajamos y nos vestimos y que con nuestras capacidades y actuaciones ponemos en riesgo la propia supervivencia de la inteligencia en el planeta Tierra, con opción de provocar intencionalmente la extinción de nuestros parientes, o su conservación.

Entre el despiojamiento mutuo de los bonobos y el imperativo categórico kantiano, entre el canto del ruiseñor y una sinfonía de Mozart, entre las selvas y los trenes de alta velocidad, puede que no haya un “abismo ontológico”, pero sin duda hay una gran distancia de complejidad y sentido. Si la racionalidad ha dejado de ser una característica específicamente humana, bien porque hay racionalidad e inteligencia (al menos inconscia), en las acciones de los animales e incluso en los movimientos de hongos y plantas, bien porque el hombre no es tan racional como presume, entonces hemos de buscar otras características y propiedades que expliquen las diferencias entre la complicada vida civil de una gran urbe y la férrea y reiterada organización de un hormiguero o de una colmena.

jueves, 7 de mayo de 2020

POLÍTICA NOMINAL




Puentes de palabras


“¿No son las palabras y los sonidos los arco iris y los puentes de ilusión
tendidos entre los seres por siempre separados?”

Nietzsche. Así hablaba Zaratustra.[1]

Dios creó el mundo de la nada. Sólo un dios que es algo y lo puede todo (omnipotente) crea ¡desde la nada! Para el ser humano resulta imposible sacar conejos de una chistera vacía; si ello fuera posible, no habría hambre en el mundo. No cabe duda, el conejo que surge del sombrero del mago ya estaba ahí, sólo que nos había pasado desapercibido. El Sumo Hacedor no nos programó creadores, pero a cambio nos hizo “nomencladores”, es decir, nos concedió el poder de inventar o descubrir nombres para y de las cosas, una capacidad que daría lugar y forma con el tiempo a más poderes extraordinarios, pues haría del humano inventor y transformador: arte, técnica, ciencia, teatro, democracia… El lenguaje humaniza, civiliza, en él se forja la humanidad.

viernes, 22 de enero de 2016

FREGE, USO ORDINARIO Y LÓGICO DEL LENGUAJE

Gottlob Frege (1848-1925), padre de la lógica de primer orden


Gottlob Frege nació en Wismar (1848), a la orilla del mar Báltico. Estudió matemáticas y física en Jena y Gotinga, y filosofía con el kantiano Kuno Fischer y el idealista Hermann Lotze. Ocupa un papel fundamental en la creación de la lógica moderna al ensayar una ideografía o conceptografía, siguiendo el sueño de Leibniz de una lengua lógica universal perfecta (Mathesis universalis), o sea un lenguaje de fórmulas similar al aritmético para el pensamiento puro.  Su objetivo final era reducir la aritmética y el análisis matemático a la lógica.

En su artículo "Sobre la justificación científica de la escritura conceptual" comparó el lenguaje ordinario con la mano, y el lenguaje formal de la lógica con la herramienta. La maleabilidad y blandura del lenguaje ordinario es la condición de su desarrollo y múltiple aplicabilidad. Pero no basta, por eso creamos herramientas para tareas específicas que resultan más precisas que la mano. Su precisión depende precisamente de la rigidez de la herramienta, la inmutabilidad de sus partes, es decir por la ausencia de las propiedades que en la mano explican su versatilidad.

domingo, 10 de octubre de 2010

Lenguaje y pensamiento humano

"Sein, das verstanden werden kann, ist Sprache"
Gadamer. Wahrheit und Methode

El otro día surgió en clase el siguiente problema filosófico: ¿Puede saber alguien algo si no es capaz de decir qué sabe?

A uno le pueden "sonar" determinadas palabras, por ejemplo la palabra "dogmatismo", o "nihilismo", o la palabra "lógica", simplemente porque las ha oído, mientras que a uno no le suena la palabra "Wahrheit", porque no es común en su idioma o en su ambiente...

Que una palabra nos es familiar, ¿significa que conocemos su significado? Evidentemente, no. Sólo sabemos qué es algo si podemos definirlo, es decir si podemos dar cuenta de cuáles son sus límites simbólicos.

El pensamiento, al menos el pensamiento lógico, depende del lenguaje, igual que el lenguaje depende del pensamiento.

martes, 3 de febrero de 2009

Actos de habla


Teoría de los actos de habla: Qué podemos hacer con el lenguaje

La obra de John Searle, Speech Acts: An Essay in the Philosophy of Languaje (1969)[1] es considerada como una de las obras maestras del pensamiento contemporáneo. En ella reflexiona sobre el lenguaje partiendo del hecho de que hablar un lenguaje es participar en una forma de conducta gobernada por reglas.

Supongamos que en circunstancias apropiadas un hablante emite una de las oraciones siguientes:

1. Juan nada habitualmente
2. ¿Nada Juan habitualmente?
3. ¡Juan, nada habitualmente!
4. ¡Pluguiese al cielo que Juan nadara habitualmente!

Al emitir cualquiera de estas cuatro oraciones hacemos, por lo menos, tres clases distintas de actos:

a) Emitimos palabras (morfemas, oraciones) = actos de emisión.
b) Referimos y predicamos = actos proposicionales o locutivos .
c) Enunciamos, preguntamos, ordenanos, imploramos... = actos ilocutivos.

Estos casos no están separados, aunque se puedan analizar como tales. Lo que sucede es que al realizar un acto ilocutivo se realizan tbn. actos proposicionales y actos de emisión. Los actos de emisión son a los actos proposicionales e ilocutivos lo que, por ejemplo, hacer una "X" en una papeleta de voto es al hecho de votar.


Interesa abstraer y reconocer estos tipos diferentes de acción porque los mismos actos proposicionales pueden ser comunes a diferentes actos ilocutivos. Es el caso de las oraciones anteriores, las cuatro refieren a un cierto objeto, Juan, del que se predica la expresión "nada habitualmente" (o una de las formas de su conjugación). Por tanto, en la emisión de las cuatro frases la referencia y la predicación son las mismas, una misma locución. Así que separamos las nociones de referir y predicar, de las nociones de actos de habla completos, tales como aseverar, preguntar, ordenar, describir, pedir, criticar, pedir disculpas, censurar, argumentar, prometer, objetar, aprobar, dar la bienvenida...

«Los actos de emisión consisten simplemente en emitir secuencias de palabras, los actos ilocutivos y proposicionales consisten característicamente en emitir palabras dentro de oraciones, en ciertos contextos, bajo ciertas condiciones y con ciertas intenciones.» Searle, pg. 33.

A estas tres nociones, Searle añade la noción de J. L. Austin de acto perlocutivo: consecuencias o efectos que los actos ilocutivos tienen sobre las acciones, pensamientos o creencias de los oyentes. Por ejemplo, mediante una argumentación puedo persuadir o convencer a alguien; al aconsejarle puedo asustarle o alarmarle, al hacerle una petición puedo lograr que haga algo; al informarle, puedo instruirle, elevarle; al criticarle, puedo humillarle, avergonzarle, etc.
Los actos proposicionales no pueden ocurrir solos; esto es, no se puede referir y predicar sin más, sin hacer una aserción o aseveración, plantear una pregunta o realizar algún otro acto ilocutivo. Quede claro que son las oraciones, no las palabras, las que se utilizan para decir cosas. Esto es lo que Frege quiere decir cuando afirma que sólo en el contexto de una oración tienen referencia las palabras: solamente se hace referencia como parte de la realización de un acto ilocutivo. Pero no son los enunciados o locuciones los que refieren, sino los hablantes los que hacen referencia.
Acto ilocutivo es lo que el hablante hace al hablar; este hacer se expresa en la "fuerza" en virtud de la cual, según los casos, la enunciación "equivale a" constantación, mandato, consejo, promesa, etc. La noción de fuerza ilocutiva permite designar la implicación del hacer en el decir. Incluso en las meras descripciones o expresiones constatativas, como "la Luna es satélite de la Tierra" está incluido un hacer, que se puede explicitar mediante el prefijo "afirmo que...", "creo que...", "tengo por verdad que...": "Afirmo que La luna...". De hecho, "el gato está sobre el felpudo" y "declaro que el gato está sobre el felpudo" tienen el mismo valor de verdad. Pero la primera expresión tiene la “transparencia” de un enunciado enteramente atravesado por su objetivo referencial, y la segunda la “opacidad” de un enunciado que remite reflexivamente a su propia enunciación.
Paul Ricoeur (Soi même comme un autre, 1990) ha puesto de manifiesto cómo el sentido completo del enunciado sólo puede desprenderse de una situación compleja de interlocución en la que a un locutor en primera persona corresponde un interlocutor en segunda persona al que se dirige el primero. Así pues, no hay ilocución sin alocución y, por implicación, sin un "alocutor" o destinatario del mensaje.
H. Paul Grice desarrolló una teoría según la cual toda enunciación consiste en una intención de significar que implica en su objetivo la esperanza de que el interlocutor se proponga, por su parte, reconocer la intención primera por lo que ella quiere ser. La interlocución así interpretada se manifiesta como un intercambio de intencionalidades.

Ejercicios

1. Escriba una semblanza de J. L. Austin, J. R. Searle, Frege, P. Ricoeur y H. Paul Grice y señale sus aportaciones a la historia de la filosofía y a la filosofía del lenguaje reciente.
2. Distinga entre emisión, locución, ilocución, perlocución e interlocución.
3. Añada a los que salen en el texto otros verbos castellanos que denoten actos ilocutivos (Austin afirmó que existían en inglés más de un millar de expresiones de este tipo). Defina acto ilocutivo. Por qué todo acto ilocutivo supone un acto locutivo.
4. Precise el concepto de fuerza ilocutiva.
5. Distinga en lo siguientes verbos aquellos que se refieren a efectos perlocutivos y a actos perlocutivos, ilocutivos, locutivos o de mera emisión: abrumar, redimir, arrepentirse, solicitar, solidarizarse, seducir, hipnotizar, sugestionar, jurar, referir, prometer, amenazar, compadecer, afirmar, comentar, atribuir, leer, suspender, juzgar, predicar, sentenciar, pronunciar, lograr que se dé cuenta, proponer, disentir, consensuar.

6. ¿Por qué, según Ricoeur no hay ilocución sin alocución?


[1] Edición española con el título de Actos de habla, Barcelona, Cátedra, 1990.

Lenguaje animal y humano


Diferencias entre el lenguaje animal y el humano

Aunque las hormigas y las abejas, como otros animales socia­les, interactúan y se comunican intensamente, lo hacen mediante estímulos físicos (visuales, olfativos, quími­cos...) y gestos, no mediante actos simbólicos. Gruñir, piafar, barritar, crotorar, cloquear..., no son como hablar, aunque los seres huma­nos puedan también hacer, a veces, algo parecido. Los hombres nos comunicamos mediante signos que nos sirven para decirnos lo que son las cosas, pero también para mentir. Los animales no pueden mentir.
Los lenguajes animales se diferencian de los lenguajes humanos porque éstos son convencionales, simbóli­cos y pro­ductivos, y el que utilizan los animales no.

a) El lenguaje humano (LH) es aprendido, no innato, por eso en distintos países se hablan distintos lenguajes, mien­tras que los becerros berrean de manera parecida en todos sitios. Las abejas no van a la escuela para aprender a comunicarse. Los animales nacen sabiendo o saben por instin­to, mientras que los hombres tienen que ser adiestrados en determinadas convenciones para poderse comunicar

b) LH está doblemente articulado, esto quiere decir que las unidades propiamente descriptivas, significativas, los enunciados, las oraciones, proposiciones o frases, están compuestas de otras, las palabras, y estas por fin de soni­dos, que por sí mismos carecen de significado lógico.

c) El lenguaje humano es creativo y abstracto. Nos permite producir nuevas realidades, puramente mentales, abstractas (ideas, esencias, categorías, clases lógicas...), referir­nos a ellas y operar con las mismas. Esta caracterís­tica hace del len­guaje un poderoso instrumento de conoci­miento. Con las palabras podemos referirnos a las cosas en su ausen­cia.

d) El lenguaje humano es histórico. Esto quiere decir que evoluciona (está vivo) de un modo distinto a como evolu­cionan las cosas naturales. En cierta medida, su desarrollo está condicionado por nuestros actos de voluntad, por los intereses y aspiraciones de una comuni­dad.

Funciones del lenguaje

En un artículo de 1965, titulado "Sobre nubes y relo­jes", Popper distingue cuatro funciones del lenguaje:
En primer lugar, la que denomina sintomática o expresi­va, expresiva del estado del organismo que emite los signos lingüísticos.
Segundo, la función señalizadora: la capacidad que tiene el lenguaje para actuar sobre el receptor de los signos.
Tercero, la función descriptiva. Esta tercera función, a diferencia de las dos primeras, ya no es común al lenguaje animal y al lenguaje humano, sino propia de este último, al igual que la última...
Cuarta, función argumentativa. Esta función es la más alta de todas y, precisamente, por ello, la última en apare­cer:

«Su desarrollo ha estado estrechamente conectado con el de una actitud argumentativa, crítica y racional; y puesto que esta actitud ha conducido al desarrollo de la ciencia, podemos decir que la función argumentativa del lenguaje ha creado lo que es quizá el más poderoso instrumento de adap­tación biológica surgido en el curso de la evolución orgáni­ca».
EJERCICIOS
Los siguientes textos son consideraciones pragmáticas sobre el lenguaje hechas por un conocido sociólogo. Resuma, analice y comente su contenido, refiriendo a las funciones específicas del lenguaje propiamente humano:
A) LA MAGIA DEL LENGUAJE

«La magia del lenguaje se aprecia muy bien en el género literario de los eslóganes, comerciales o políticos, tan indisolublemente unido a las condiciones de vida contemporá­nea, a sus aspectos más irracionales. La dimensión de vera­cidad no es la propia de los eslóganes. Lo que buscan es la identificación con un deseo compartido por el mayor número posible de personas, dentro del ámbito al que se dirigen (electorado potencial, cuota de mercado). El eslogan no es tanto una declaración de un hecho como la expresión de ese deseo compartido, aunque adopte la forma de enunciado(...). La magia de las palabras está en significar mucho más de lo que dicen expresamente».


B) ANIMAL SUASORIO

«¿Por qué los hombres hablan -y no digamos, escriben- cuando los demás mamíferos no necesitan tal habilidad? La respuesta elemental es porque los hombres necesitan comunicarse mensa­jes complejos para los que se exige almacenar información (y de ahí la escritura). No sólo eso. El hombre es un animal suasorio. Necesita algo más que comunicarse. Precisa de las palabras para convencer al cliente, para confundir al adver­sario, para engañar al contrincante, para adoctrinar al neófito, para imponerse al competidor, para expresar simpa­tía o desagrado, para solicitar, argüir, persuadir, alabar o insultar.
»Más que bípedo implume, el hombre es una especie de serpiente que tiene que sobrevivir en una jungla amenazante. El lenguaje es un instrumento de lucha legítima e incruenta. Para ello se necesita una cultura, es decir, el repositorio de creencias, visiones del mundo, modos de hacer las cosas. La cultura se determina por la probabilidad de relacionarnos con los demás, que es alta dentro de una sociedad y baja fuera de la misma. Por eso hay distintas sociedades, cultu­ras y, en definitiva, lenguas. De ahí también que la lengua sea algo más que un instrumento para comunicarse. El hombre no sólo habla (o escribe), sino que lo hace de una manera retórica. Es decir, las palabras vienen cargadas de emocio­nes, valores, sobreentendidos. La estructura del idioma nos dice a qué sociedad pertenecen sus hablantes...»

C) EL ESTILO

«El estilo es lógica más oído. No consiste sólo en evitar errores. Lo fundamental es la elección de la fórmula más económica y elegante de decir las cosas.»

Amando de Miguel. La perversión del lenguaje. Espasa-Calpe, Madrid, 1994, Pgs. 112, 197-198.

jueves, 29 de enero de 2009

LA RELACIÓN ENTRE EL PENSAMIENTO Y EL LENGUAJE

Cuando Descartes concluyó que la primera verdad que podemos mantener los seres humanos sin miedo a equivocarnos es que somos seres pensantes, dijo algo que nos independizaba de la tutela divina y que nos hacía creadores de significados.
Hasta el siglo XVI la historia de la filosofía había estado impregnada de religión: Dios era el creador del mundo, del ser humano y toda explicación de lo que acontecía en el mundo encontraba su explicación en la voluntad divina. Sin embargo, al declarar Descartes que nuestro pensamiento era la primera verdad indiscutible, que pensamos y que por ello existimos seguro, por primera vez nuestra existencia estaba siendo afirmada con independencia de la existencia de Dios. ¿Significa esto que Descartes era ateo? Pues no. Esto significa que la independencia de la Razón respecto al ámbito de la fe era una realidad, aunque terminase concediendo todo el poder para explicar lo que existe al propio Dios: como creador bueno que es y como ser sumamente perfecto garantiza que aquello que pensamos con nuestro pensamiento exista, siempre que lo pensemos con corrección, es decir, siguiendo un método racional.
Somos pensamiento y gracias a este pensar podemos representarnos las cosas del mundo, tener ideas de las cosas (de hecho, Descartes inaugura el Idealismo al mantener que para conocer el mundo tiene que existir un sujeto que se represente, que tenga ideas sobre el mundo, si no poco importa si el mundo fuera o lo que fuera). Incluso, podemos pensar posibilidades y hacer nuestra propia vida real.
Para llevar a cabo toda esta labor creativa, el pensamiento necesita de un simbolismo que le permita la representación de la realidad y el poder expresarla. La característica específica del pensamiento humano es la utilización y formación de conceptos.
Los *CONCEPTOS* son los elementos o construcciones que hace nuestra mente mediante los que seleccionamos los rasgos o las características que son comunes a una pluralidad de objetos, prescindiendo de aquellas características que no comparten todos ellos.
Los conceptos nos sirven para:
1. clasificar los objetos
2. adaptar más fácilmente nuestra conducta
3. realizar mentalmente operaciones
La red de conceptos está fijada en nuestra lengua, la que cada cual aprende y habla desde pequeño, de tal manera que un hablante de español tendrá un solo concepto de “blanco” porque solo tiene una palabra para ese concepto: “blanco”.
La relación que se establece entre los conceptos y las palabras fue descrita por el lingüista F. Sausurre mediante su famoso triángulo



Lo más significativo de esta relación es que la que se establece entre el Significante y el Referente, entre el signo lingüístico o la palabra y los objetos, no es directa, sino que se establece gracias a un significado, pero…¿cómo se funda este significado?¿hay alguna razón natural de la relación entre nuestros conceptos y las palabras?.
Esta unión indisoluble entre nuestro pensamiento y el lenguaje, plantea tres preguntas fundamentales:

A. ¿Pensamos como hablamos o hablamos como pensamos?
B. ¿Cuándo y cómo se unen pensamiento y lenguaje en el proceso evolutivo humano?
C. ¿El lenguaje va siempre unido en el ser humano al pensamiento conceptual?

Tras acercarnos a la historia evolutiva del ser humano, intentaremos debatir en clase estas y otras cuestiones.

jueves, 20 de noviembre de 2008

Razonar Bien: El estudio de la Lógica Formal

Nuestra aproximación a la Filosofía la hemos realizado hasta ahora desde aquella perspectiva que nos plantea interrogantes sobre lo que nos rodea. Hemos aprendido a preguntar por el mundo, a preguntar por lo que vemos y por lo que no, y a plantearnos si será posible abordar el estudio de todo lo que nos pre-ocupa o nos admira.

Cuando hemos propuesto que no todos los que han hecho o estudiado filosofía estaban de acuerdo sobre el alcance y las posibilidades de este enigmático saber, sí que hemos visto que con la filosofía pretendíamos alcanzar la verdad (por eso decíamos que el saber se definía por tener la suficiente justificación subjetiva y objetiva como para que el acuerdo racional fuera posible), aunque algunos mantuviesen que este objetivo es imposible (los Escépticos, por ejemplo).

Esa es nuestra tarea, desvelar qué cosas forman parte de nuestra realidad, qué es lo más auténtico que hay dentro de nosotros mismos, cuál es el sentido que debemos darle a nuestra vida. La verdad está como una gran daga que nos atraviesa y por cuya herida sangramos conocimiento.

La actividad de conocer y lo que alcanzamos, el conocimiento, se inicia por una actitud de admiración ante lo que nos rodea que nos deja perplejos, sin respuestas, y que tiene como resultado la inquietud por hacer preguntas, por dialogar hasta conseguir alcanzar la verdad.