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lunes, 1 de noviembre de 2021

LA FLECHA DEL TIEMPO

¿Es el tiempo una ilusión irreversible?


Aquel piano vienés no parecía tener nada de particular, más bien se mostraba gastado y pequeño en comparación con los pianos de cola actuales. Pero todo cambió cuando supo (o pudo creer) que en ese instrumento había tecleado Gustav Mahler La Canción de la Tierra, ¡que era el piano en que Mahler concibió compases maravillosos, melancolías universales y melodías inmortales!

sábado, 7 de febrero de 2009

Categorías

MODOS DE SER, MODOS DE ENTENDER Y MODOS DE DECIR EL SER

Seguramente, el primero en usar el vocablo griego kategoría, en sentido técnico-filosófico fue Aristóteles (A.). El significado común de esta palabra era ‘acusación’ o ‘reproche’ y se contraponía a apología, ‘defensa’, ‘alabanza’. En los textos aristotélicos puede traducirse por denominación, predicación, atribución. Aristóteles acabó llamando categorías a los modos más generales del ser, que a su vez constituyen los modos más generales de pensar y de decir el ser:





El tratado sobre las categorías forma parte del Órganon de Aristóteles (Tratados de Lógica). En él distingue A. entre sustancia o entidad primaria y sustancia o entidad secundaria. La sustancia primera, como el hombre o el caballo individual, ni se dice de un sujeto ni está en un sujeto, pues constituye el sujeto real, mientras que las entidades secundarias, tales como las especies y los géneros, pertenecen a las entidades primarias y pueden predicarse de éstas... "eso es una mosca", "esta mosca es una Sarcophaga carnaria y pone larvas en los cadáveres, que puede detectar a kilómetros". Así, la sustancia primera es la entidad concreta realmente existente.

El individuo, la entidad primaria, es para A. un compuesto hile-mórfico (un compuesto de materia y forma). Cuando le atribuimos su pertenencia a tal o cual especie abstracta (sustancia segunda) o le atribuimos tal o cual accidente o propiedad, lo que hacemos es entenderle por su forma común con otros seres individuales, desvinculándolo de la materia que contiene como individuo real.
La forma es así sustancia segunda (principio de inteligibilidad o de existencia ideal), mientras que la materia es el principio de individuación o de existencia real.

Ferrater Mora advierte en su Diccionario de Filosofía que no hay que confundir las categorías con los predicables, ni tampoco con conceptos trascendentales como el ser o lo uno. Pero Aristóteles no aclara la distinción. Algunos opinan que los predicables (o categoremas) son asuntos de la lógica, mientras que las categorías (llamadas por Boecio predicamentos) pueden ser considerados como objetos de la lógica o de la metafísica. En la medida en que son géneros, se distinguirían de los trascendentales.
El caso es que las categorías han sido consideradas también gramaticalmente como partes de la oración, y fueron usadas para la construcción de las primeras gramáticas helenísticas; semánticamente, pueden ser consideradas como tipos de predicados, de sujetos o de enunciados; y ontológicamente, las categorías son flexiones o casos del ser: modos de ser o géneros supremos de las cosas. Esta última fue la opinión tradicional admitida por las escuelas cristianas (‘suprema rerum genera’) y también por historiadores modernos como Bréhier y Hamelin.

Los filósofos han discutido sobre su naturaleza, se han preguntado... por la relación entre la sustancia y el resto de las categorías, por qué, por ejemplo, A. divide la entidad, pero no sus accidentes; los filósofos se han preguntado por el modo en que las conocemos, si intelectual o empírico; y por su número. A. ofrece en su Física (V, 225b-9) una lista de ocho (las del cuadro superior, menos situación y posesión), lo cual parece dar a entender que no consideraba cerrada la lista de las categorías y que podía descubrirse que una categoría fuese reducible a otra. Sin embargo, algunos autores no admiten esto y creen que las categorías son y deben ser las diez indicadas.

Después de Aristóteles, los estoicos propusieron las nociones de substancia, cualidad, modo y relación, seguramente como una derivación simplificada de las categorías aristotélicas. Las consideraban como formas de un solo género del ser, pues todo ser tenía algo de común y toda forma podía ser comprendida en un común género.

Siguiendo a Platón (Sofista, 254d, Teeteto, 185ª), Plotino admitió como géneros supremos los siguientes:

Lo Uno no queda incluido en los géneros porque se halla por encima de ellos y constituye su común fundamento y principio.

Gilberto de la Porrée (1076-1154), discípulo de Bernardo de Chartres, hizo en la obra De sex principiis, o Libro de los seis principios, una interpretación metafísica del tratado las Categorías de Aristóteles. Dividió las diez categorías en dos grupos. En uno la sustancia, la cantidad, la cualidad y la relación, y en otro las seis restantes: lugar, tiempo, situación, habitus, acción y pasión. De acuerdo con el realismo de los universales, que atribuye existencia a los géneros, Gilberto da a todas las categorías el título de formas. A las del primer gurpo les llama “formas inherentes”; y a las del segundo, “formas accesorias”. Las primeras son inherentes porque son, bien la sustancia misma, bien otras que son inherentes a la sustancia en cuanto tal y tomada independientemente de sus relaciones. Podríamos considerar contradictorio considerar una forma inherente a la relación, pero considerada en sí misma, la relación no es sino la aptitud para ser uno de los dos términos relativos (o relatos), y es propio de la esencia de toda sustancia poder ser encuadrada en la serie de sus relaciones. Vinculando la relación a la sustancia, Gilberto iniciaba una controversia que no tendría fin en la Edad Media: ¿es la relación un ser real o sólo un ser de razón? En cuanto a los seis principios restantes, es evidente que cada uno de ellos no es más que una determinación adyacente de la sustancia.

Hasta Kant, los modernos no sintieron gran interés por la noción de categoría. Aunque toda división en tipos de sustancias puede ser considerada como división categorial, p. ej., la división entre sustancia extensa y sustancia pensante de Descartes.

Para Kant, las categorías son conceptos raíces del entendimiento (a priori), no describen la realidad-en-sí, pero hacen posible dar cuenta de ella tal y como se muestra (fenómeno). Son funciones lógicas trascendentales, que hacen posible el entendimiento. Hay tantos conceptos puros (a priori) del entendimiento como funciones lógicas en todos los juicios posibles (aristotélicos):



El entendimiento sólo puede comprender gracias a estos conceptos de la síntesis, conceptos sin contenido empírico, “sólo por ellos puede comprender algo, en lo múltiple de la intuición, es decir, pensar un objeto de la misma”. Las categorías hacen posible el entendimiento de las intuiciones sensibles porque hay sujeto trascendental, conciencia unitaria o unidad trascendental de la apercepción. Esto es, son formas subjetivas, antes que objetivas (idealismo trascendental).
A Kant le parece la tabla de Aristóteles imperfecta por incluir modos de la sensibilidad pura (tiempo, espacio, posición, como también anterioridad o simultaneidad) y por incluir uno empírico (motus[1]), tales determinaciones no pertenecerían al registro-matriz del entendimiento. Hay también conceptos como actio y passio, que Aristóteles incluyó entre los primordiales, pero para Kant resultan derivados, mientras que A. no habría incluido otros que sí son primordiales.

En efecto, las categorías tienen también sus conceptos derivados a los que Kant llama predicables del entendimiento puro. A la categoría de la causalidad le estarían subordinados los predicables de fuerza, acción y pasión; a la de la comunidad, los de presencia y resistencia; a los predicables de la modalidad, los del nacer, morir, de la mutación, etcétera.

La tabla, según Kant, puede dar noticia de todos los momentos de una ciencia especulativa cualquiera y aún de su ordenación. Las categorías matemáticas (espaciales) no tienen correlatos; las dinámicas (temporales), sí. Esta diferencia debe tener su fundamento en la naturaleza del entendimiento. La tercera categoría de cada clase se origina por el enlace de la primera con la segunda de su clase. “Así la totalidad no es otra cosa que la multiplicidad considerada como unidad”; la limitación, no otra cosa que la realidad enlazada con la negación; la comunidad es la causalidad de una sustancia en la determinación de las otras recíprocamente, y, finalmente, la necesidad no es otra cosa que la existencia que es dada por la posibilidad misma. Mas no se piense por eso que la tercera categoría sea un concepto meramente derivado y no un concepto-raíz. Pues el enlace de la primera con la segunda, para producir el tercer concepto, exige un acto particular del entendimiento que no es idéntico al que se realiza en el primero y en el segundo. Así el concepto de un número (que pertenece a la categoría de la totalidad) no es siempre posible allí donde estén los conceptos de la pluralidad y de la unidad (v. g. en la representación del infinito); ni porque yo enlace el concepto de una causa con el de una sustancia, comprendo enseguida el concepto de influjo, es decir, de cómo una sustancia pueda ser causa de algo en otra sustancia.

En la Crítica de la razón práctica, Kant presenta una tabla de categorías de la voluntad en la que la libertad es considerada como una forma de causalidad no sometida a principios empíricos de determinación.

Kant consideró que las categorías sólo eran aplicables a los fenómenos, como modos de ordenación y conceptuación de la experiencia, pero después de Kant, el idealismo alemán devolvió a las categorías su dimensión metafísica. Hegel consideró como categorías:

En todos los casos se trata de formas de ser correlacionadas con formas de pensar.

Como ejemplo de un entramado categorial realista podemos citar el de Peirce:

En la actualidad, los filósofos de la ciencia que han insistido en que los hechos están “cargados de teoría” se han interesado por los problemas de categorización: P. F. Strawson, Ryle, Stephen Körner.

Como hemos visto, la noción de categoría tiene dimensiones ontológicas, metafísicas, epistemológicas, lógicas, gramaticales y semánticas. Desde mediados del siglo XX, la noción se usa en lógica y matemáticas para expresar clases asociables de estructuras de muy diversa índole (clases de grupos, de espacios, etc.). MacLane ha dicho que la noción de categoría es más básica que la de conjunto y que es posible atenerse a ella para fundamentar las matemáticas.

En el siglo XX fue Nicolai Hartmann quien dedicó lo mejor de su obra al análisis de las categorías, muy especialmente a las modales (posibilidad, existencia, necesidad), que consideraba prototípicas, por ser “las únicas situadas más acá aún de toda especificación de contenido”. Hartmann aseguraba que no era la Relación, sino la Modalidad la verdadera piedra de toque de los sistemas filosóficos.

La Relación

Según Antonio Pasquali el pensamiento relacional es el modo de pensar ancestral por definición. Antes de preguntarse por lo sustancial, por lo que permanece mientras todo lo demás cambia, la mente humana captó y atribuyó significado a la relación entre cosas, y durante milenios concentró su interés en la comprensión de aquellos vínculos de alianza y conflicto cuyo control le permitían realizar mejor sus funciones prácticas.

La inteligencia del hombre se estrena como conciencia de relaciones. El pensamiento mágico y animista establece y comprende a su manera la existencia de una relación astrobiológica entre fenómenos celestes y terrestres, entre animales y hombres, sueños y vigilias, vivos y muertos. Todo símbolo primitivo tiene un sentido relacional. Los mitos trazan arquetipos de relaciones explicativas. Todos los modos pensables de la Inherencia, de la Causalidad y de la Comunidad (según la nomenclatura kantiana de la Relación) están prefigurados en el primigenio pensamiento relacional mediante una articulación poética, mucho antes de que la razón aprendiera a cuantificar, a calificar y a modalizar.

Desde la concepción pitagórica de la armonía universal, pasando por la concepción científica de la ley física como constante relacional, hasta el relacionismo de Whitehead, el relativismo de Einstein, o el respectivismo sistémico de Zubiri, la disolución del ser en la relación constituye una tentación constante del pensamiento sistemático.

Relacionar connota la operación con que la inteligencia refiere un objeto a otro, nombra el modo de dicha relación y declara al objeto total o parcialmente comprendido por y en su dimensión referencial. Si relacionar es recorrer un itinerario, llevar y aproximar una cosa a otra hasta vincularlas, no otro es el modo de operar básico de la mente humana. Conocer y elaborar ideas es esencialmente fijar mediaciones, un proceder con el que referimos idea a idea de un modo silogístico, dialéctico, analógico, metafórico... Por eso, todo pensar es para Kant un sintetizar, todo sintetizar es unificar y todo unificar es establecer relaciones. De ahí que la relación sea el real género fundamental.

Nota
[1] No sé a qué categoría se refiere Kant con ‘motus’, e. d., movimiento.

Ejercicio

Escriba una disertación que contraste el realismo categorial aristotélico y el idealismo trascendental kantiano. Indique si le parece más razonable uno que otro y por qué.

Cuestiones

1. ¿Qué entendió Aristóteles por "categoría"?
2. ¿Qué entendió el Estagirita por "entidad primaria"?
3. ¿Qué, por "entidad secundaria"?
4. ¿Por qué la sustancia primera o individuo es un compuesto hilemórfico?
5. ¿Qué es la forma según Aristóteles?
6. Distinga los predicables de los predicamentos?
7. ¿Por qué las categorías pueden ser consideradas 'suprema rerum genera'?
8. Distinga entre categorías intrínsecas y extrínsecas.
9. ¿Cuáles son las categorías estoicas?
10. La verdad, ¿es una sustancia, una cualidad, un modo de ser o una relación?
11. ¿Qué categorías o géneros supremos atribuyó Plotino al ser inteligible?
12. Distinga entre ser sensible e inteligible.
13. Gilberto de la Porrée, ¿qué categorías consideró "formas inherentes"?
14. ¿Cómo considera la relación el citado autor?
15. ¿Piensa usted que la relación es un ser real o sólo un ser racional?
16. ¿Nos definen nuestras relaciones?
17. ¿Cómo piensa Kant las categorías?
18. ¿Qué conceptos derivan del concepto raíz de causalidad según el idealismo trascendental?
19. ¿Cuáles son las categorías temporales?
20. Distinga entre la consideración de las categorías de Kant y la de Hegel.
21. ¿Qué consideración dio Nicolai Hartmann a las categorías modales?
22. ¿Cuál fue, según Pasquali, el modo más antiguo de pensar?
23. ¿Por qué se estrenó la conciencia humana con las relaciones?
24. ¿Somos relaciones? Relacione esta cuestión con la emergente importancia de las redes telemáticas. 

sábado, 17 de enero de 2009

Kosmos

Los tres misterios

El filósofo Gabriel Marcel (Manual, pg. 84) distingue entre problema y misterio. Filosóficamente podemos determinar tres misterios cosmológicos: 1) Por qué hay ser en lugar de nada, o dicho más concretamente, cuál es el origen del universo (cosmogénesis). 2) Cómo fue posible que surgiera la vida de lo inerte (biogénesis), ¿cómo dio vida lo que no tenía vida?. Y 3) Cómo emergió de la vida una mente consciente, subjetiva e intencional, capaz de preguntarse por su origen (antropogénesis).

Lucrecio, filósofo romano (I a. C.) afirmó que el mundo debía estar en su juventud, puesto que había podido comprobar desde su infancia cómo las técnicas se habían ido perfeccionando. ¡Si el universo fuese eterno todos esos progresos ya habrían tenido tiempo de realizarse y estaríamos viviendo en un mundo sin cambios. La deducción de Lucrecio ha sido confirmada por la cosmología actual:

a) este mundo no ha existido siempre.
b) está cambiando.
c) el cambio se aprecia en el paso de lo menos eficaz a lo más eficaz, de lo simple a lo complejo, de lo homogéneo e incoherente, a lo heterogéneo y coherente (H. Spencer).

Se puede pensar que la vida y la conciencia ya estaban en potencia desde los primeros instantes del universo, inscritas en la forma misma de sus leyes, no como "necesidad", sino como "posibilidad".


Evolución

La hipótesis del Big Bang (Gran Explosión) supone que todo el universo aparente, cuyos límites no hemos visto, procede de una única singularidad energética que estalló hace más de diez mil millones de años. "Todo fluye". Con el evolucionismo, la tesis de Heráclito ha cobrado fuerza. Y hemos de tomarnos muy en serio el evolucionismo, ampliado con el descubrimiento de la herencia genética y sus leyes, así como sus implicaciones metafísicas y éticas porque es una teoría bien confirmada por los restos fósiles y la bioquímica.

Todas las formas de vida que conocemos tienen un origen común. La lucha por la vida y la presión del medio determinan la supervivencia de las especies vivientes más aptas para reproducirse y perdurar, transmitiendo su memoria biológica (genes) a las generaciones sucesivas. Dichos genes se heredan y -al azar- se recombinan por mutación. La mayoría de las mutaciones resultan degenerativas, pero algunas perduran a consecuencia de su mejor adaptación a los cambios medioambientales y se convierten en nuevas propiedades de los vivientes. Dawkins ha sostenido que el verdadero protagonista de la evolución no es el individuo, ni siquiera la especie, sino el gen (el gen egoísta). Los organismos son como complicadas maquinarias diseñadas por los genes para su perduración (la de los genes, no la de los organismos).


Problemas filosóficos relativos a los orígenes

a) Creacionismo y Evolucionismo. El debate entre creacionistas y evolucionistas involucra cuestiones relativas al sentido de la evolución, su origen y su finalidad. Se trata de una antítesis aparente, puesto que no hay contradicción en admitir los principios más generales del evolucionismo como rationes seminales divinas (Theilard de Chardin). Así, un teísta puede mantener su teísmo -o deísmo, tipo Voltaire- aceptando que Dios creo el mundo, o que Dios provocó la Gran Explosión, junto con todas las leyes que sirven de marco a la evolución natural: la posibilidad de la vida, la conciencia y la libertad, aunque ya no intervenga en su evolución (cfr. Hawking. Historia del Tiempo, 8).

La fe o la confianza en un principio creador resulta no obstante incompatible con la ciencia actual si pretende determinar "científicamente" el origen del mundo físico a partir de "textos sagrados" o de dogmas arracionales, cuyo verdadero valor no puede ser científico, sino simbólico o religioso. Así una interpretación literalista o fundamentalista de la Biblia -o de otros "textos sagrados"- se obstinará en afirmar la creación del mundo en "6 días" hace unos pocos miles de años, o en mantener una diferencia radical entre el origen físico del humán y el resto de los primates, que contradice los análisis de laboratorio y las palmarias observaciones de los etólogos, etc. La fe o la confianza en Dios -muy respetable- se vuelve fanatismo -muy peligroso éticamente- cuando niega los hallazgos de la ciencia.

Pero también el cientifismo -o el materialismo mecanicista- puede resultar intransigente cuando niega sin pruebas la posibilidad de la existencia de algo distinto de la materia en el origen del universo o en el destino del universo (alfa u omega). El materialismo resulta, además, muy problemático en relación a una física que exige la existencia de formas de "energía o materia oscura" que ni siquiera sabemos todavía cómo detectar con precisión, una física que disuelve la materia aparente en cuantos puramente energéticos e inmateriales.

Nota bene: Puede consultarse una breve semblanza de Teilhard de Chardin, quien ensayó meritoriamente la conciliación del cristianismo y el evolucionismo en la siguiente página:
http://www.cibernous.com/autores/tchardin/teoria/biografia.html


b) Monismo vs. Pluralismo: respecto del origen del mundo (cosmogénesis), algunos consideran razonable admitir la existencia de un primer principio eterno o intemporal (Dios, la Materia, la Energía, el Espíritu, el Ser, el Uno, la Voluntad, el Noûs, la Singularidad...), puesto que si nada hubiera existido alguna vez, nada existiría hoy; ya que, de la nada, nada puede proceder...

A veces, estas posiciones tienen en cuenta que Tiempo y Espacio son constituyentes pero también constituidos por la Gran Explosión o por la Creación (fiat) del mundo. "El concepto de tiempo no tiene significado antes del comienzo del universo" (Stephen W. Hawking. Historia del Tiempo, 1). O no tienen en cuenta que en la teoría cuántica, las partículas pueden ser creadas a partir de la energía en la forma partícula/antipartícula y que la materia total del universo está hecha sólo de energía positiva, pudiendo afirmarse que la energía total del universo es exactamente cero (Hawking. Historia del tiempo, 8).

Esta solución se llama monista y apunta a la posibilidad de que la esencia de lo real, sea inerte o viviente, inconsciente o inteligente, corporal o espiritual, no tenga ningún tiempo ni límite espacial, o sea idéntica a la nada (monismo negativo). Ya Anaxágoras -un filósofo griego del siglo VI a. C.) llamó a-peiron (lo sin límite, lo infinito) al principio originario del universo, argumentando que no podía ser ninguna cosa concreta si todo lo concreto estaba hecho de él.

Otros pensadores han supuesto que el origen del universo no está en ninguna unidad, sino en dos (dualismo) o en una multiplicidad de átomos (o sustancias indivisibles) combinándose al azar: pluralismo.

c) Los tres mundos de Popper. Una de las hipótesis "trinitarias" más interesante filosóficamente fue aportada por Popper y desarrollada por Roger Penrose (Las sombras de la mente, 1996). Para este famoso matemático (uno de los creadores de la hipótesis del Big Bang) el mundo que conocemos más directamente es el de nuestras percepciones conscientes (mente), pero es también el mundo del que menos sabemos científicamente. Contiene la felicidad, el dolor, la percepción de los colores, nuestros recuerdos de la infancia, nuestro miedo a la muerte...




Existen no obstante otros dos mundos que sólo conocemos indirectamente, pero de los que sabemos más que del primero: el mundo físico, que contiene sillas y mesas reales, televisiones, automóviles, cerebros humanos, gatos y perros, el sol, la luna y las estrellas... No está claro en absoluto por qué el mundo de nuestras percepciones tiene algo que ver con el físico, pero actuamos como si pudiese adecuarse a él.

Existe por último otro mundo, el "tercer mundo" de Frege, que es el de las formas matemáticas, allí encontramos los números naturales o, 1, 2, ... y el álgebra de los números complejos, pero también es el mundo de los valores éticos universales, de los ideales de lo bello y lo bueno, la justicia y la verdad...

De alguna manera, cada uno de estos tres mundos parecen emerger misteriosamente a partir de una pequeña parte de su predecesor, considerados cíclicamente. Así, de las matemáticas y los fines ideales parece emerger el mundo físico (natural y artificial); el mundo mental emerge del mundo físico, como la conciencia de la vida, y el mundo platónico de las formas inmateriales parece emerger de la actividad de la mente.

Penrose arriesga la hipótesis (platónica) de que el mundo de las formas perfectas es primario, siendo su existencia una necesidad lógica, mientras que los otros dos son sus "sombras", pero admite que es difícil saber cuál de estos mudos ha de ser considerado como primario, secundario o terciario, y concluye afirmando que, aunque el análisis o la división en tres sea útil, en realidad sólo hay un mundo, cuya naturaleza verdadera ni siquiera vislumbramos en el presente.

c) El problema de la teleología. ¿Qué es más razonable, admitir un principio "inteligente" que actúa buscando el bien, o un principio "material" que actúa de modo ciego, por necesidad o por azar? ¿Crea el órgano la función o la función crea el órgano; o sea, vemos porque tenemos ojos o tenemos ojos porque necesitamos y queremos ver? Algunos científicos evolucionistas niegan que la evolución tenga un sentido finalista o progresista. Sin embargo, el más eminente de estos "mecanicistas", Jacques Monod, partiendo de una epistemología que niega la posibilidad de interpretar cientícamente los fenómenos en términos de "causas finales", tiene que admitir la dificultad de la biología para renunciar a dichas causas finales: "la objetividad nos obliga a reconocer el carácter teleonómico de los seres vivos, a admitir que sus estructuras y performances realizan y prosiguen un proyecto" (El azar y la necesidad, 1. "extraños objetos).

d) El principio antrópico (PA) permite soslayar algunos problemas relativos al sentido final de la evolución del universo. Por ejemplo, el de la rareza de la vida y la conciencia, y la dificultad de que se produzcan al azar condiciones que la hagan posible. Es mucha casualidad que todo parezca organizado como para que evolucionen la vida y la conciencia en la Tierra.

Hawking lo ha parafraseado de la siguiente manera: "Vemos el universo en la forma que es porque nosotros existimos".

En su forma débil PA dice que en un universo grande o infinito las condiciones que hacen posible la vida inteligente se darán en zonas muy limitadas en el tiempo y el espacio, los seres inteligentes no tienen que sorprenderse entonces si observan que su ubicación en el universo satisface las condiciones necesarias para su existencia.

En su versión fuerte, el principio afirma que o bien hay muchos universos diferentes o muchas regiones diferentes de un único universo, cada uno con su propia configuración inicial y tal vez con sus propias leyes científicas. En la mayoría no podría darse la pregunta por los orígenes, puesto que sus condiciones no permitirían la emergencia de organimos tan complicados como nosotros. ¿Por qué es el universo como lo vemos? Fácil, porque si hubiese sido diferente ¡nosotros no estaríamos aquí!

Lo cierto es que los valores de las cantidades básicas, por ejemplo de las cargas de los electrones o la relación de la masa del protón y el electrón, parecen haberse ajustado sutilmente para hacer posible el desarrollo de la vida y la conciencia. Esto puede tomarse o bien como prueba de un propósito creacionista o bien como sostén del principio antrópico fuerte.

Hawking pone dos objeciones a dicho principio:

1ª Debemos usar el principio de economía y eliminar esos otros universos tan diferentes del nuestro, ya que sus fenómenos no causarían consecuencias observables aquí y ahora.

2ª Va contra la tradición principal de la historia de la ciencia. Es difícil creer que la Tierra sea un planeta de tamaño medio, girando alrededor de una estrella corriente, en los suburbios exteriores de una galaxia espiral ordinaria, una entre un billón de galaxias del universo observable, y que toda esa vasta construcción exista simplemente para nosotros...

e) La idea de Mundo. Para Kant, la razón humana tiene una tendencia natural a buscar y concebir lo incondicionado. Sin la disciplina a que la somete la ciencia empírica, la razón tiende a generalizar más allá de la experiencia, el resultado son las ideas de la razón pura ("pura" significa aquí "vacía de contenido empírico", sin connotaciones religiosas).
La razón produce pensando según sus esquemas silogísticos tres ideas: los silogismos categóricos la llevan a la idea del alma como sujeto sustancial; los silogismos hipotéticos a la idea del mundo, como serie completa de las condiciones que hacen posible la experiencia; por su parte, el esquema de los silogismos disyuntivos le llevan a producir la idea de Dios, la idea del conjunto perfecto de todos los conceptos posibles.
Tales ideas, del alma, del mundo o de Dios, representan idealmente la totalidad de la experiencia, pero resulta que de la totalidad de la experiencia no tenemos experiencia, y por consiguiente, Kant concluye que tales ideas carecen de valor objetivo.
Por eso la cosmología racional nos lleva a afirmaciones antitéticas provistas de igual verosimilitud. A estas afirmaciones Kant les llama antinomias de la razón pura:

1) el mundo es finito/ el mundo es infinito (en tiempo o espacio)
2) el mundo es divisible/ el mundo es indivisible
3) se ordena según una causalidad ciega/ hay en él espacio para la libertad
4) depende de un Ser Necesario/ se explica por sí mismo
Sin embargo, Kant reconoce a estas ideas -del mundo, del alma y de Dios- un valor orientador, ordenador, no teórico, sino práctico, son en realidad suposiciones de que hay orden que buscar, y por consiguiente obran como fines legítimos de la investigación científica (Opus postumum) y de la acción moral.

Enlaces
La emergencia humana: http://www.filosofia.com.mx/index.php?/portal/archivos/la_vida_conduce_a_la_emergencia_humana/

Texto para comentar

"Especulamos en gran medida sobre cuestiones que consideramos fundamentales, como las masas de las partículas, las diferentes variedades de fuerzas o el hecho de que vivimos en tres dimensiones espaciales y una temporal. Pero quizá todas esas características no sean fundamentales, sino ambientales. El universo puede ser mucho más extenso de lo que hemos imaginado; mucho más que la región proveniente de nuestra gran explosión, que es la que vemos a nuestro alrededor. Puede haber partes del universo (donde 'partes' puede significar varias cosas) con otras propiedades, regiones donde lo que solemos denominar leyes de la naturaleza sean distintas, e incluso donde la dimensionalidad del espaciotiempo sea otra. Tiene que haber alguna ley subyacente que explique todo, pero quizá nos encontremos mucho más lejos de ella de lo que imaginamos".

Stephen Weinberg, físico teórico y premio Nobel en 1979. Investigación y ciencia, Enero 2011, pg. 60.