Donald Griffin (1915-2003) fue un eminente zoólogo estadounidense,
campeón de la etología cognitiva, es decir, del estudio de la conducta animal inteligente. En 1944 descubrió el sistema de navegación de los
murciélagos: ecolocalización. Y se
empeñó con razón en probar, durante toda su vida, que los animales superiores son conscientes,
al menos en cierto grado.
Efectivamente, no debemos considerar el problema de la
conciencia –o de la inteligencia- como una cuestión de todo o nada, blanco o
negro, aquejados por el prejuicio de Descartes, el cual, siguiendo la idea del “automatismo
de las bestias” del español Gómez Pereira (1500-1550)[1],
afirmó que los animales eran meras máquinas sin alma. Mamíferos como los
primates o elefantes, o aves como los loros y cuervos, aprenden de la
experiencia, interactúan y se comunican mediante expresiones simbólicas y
resuelven problemas prácticos.

