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| Rejilla de Herman |
Los sentidos y la imaginación que colabora con ellos para percibir el significado del mundo sensible no nos ofrecen un retrato perfecto de las cosas tal y como son en sí, sino tal y como son para nosotros. Nuestras percepciones son construcciones, no reflejos. No obstante, la percepción del mundo no es del todo arbitraria, hay una cierta adecuación entre lo que sentimos y lo que hay ahí fuera; a fin de cuentas, de esa adecuación vivimos, cuando nos permite, por ejemplo, distinguir entre una seta comestible y otra venenosa, evitando así una intoxicación que puede ser mortal. Pero uno puede ver cosas que no existen, sin estímulos externos. Es lo que sucede cuando soñamos. Una percepción irreal es una imagen onírica, pero también una ilusión, una alucinación o un delirio. Los fantasmas, como su nombre indica, son fantásticos.
