Mostrando entradas con la etiqueta humanismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta humanismo. Mostrar todas las entradas

miércoles, 10 de noviembre de 2021

PENSAMIENTO SIMBÓLICO Y EMBLEMÁTICA

Empresa 2 de Diego de Saavedra Fajardo (Milán 1642). 
"Si pudieran caber celos en la naturaleza, los tuviera del arte;
pero, benigna y cortés, se vale del en sus obras, y no pone
la última mano en aquellas que él puede perfeccionar"

 
El animal simbólico

Como tantas otras, la palabra “símbolo” es filosóficamente ambigua. Se ha usado como sinónimo de signo, pero es preferible reservarla para una clase particular de signo o de señal. Los símbolos son signos convencionales, no naturales; tienen un marcado carácter cultural y colectivo.

jueves, 17 de septiembre de 2020

EL SOCIAL-HUMANISMO DE FERNANDO DE LOS RÍOS



Don Ferna
ndo de los Ríos, humanista liberal y socialista neokantiano, fue quien hizo célebre aquella frase de Lenin que tanto le desencantó: “Libertad, ¿para qué?”. Su libro Mi viaje a la Rusia sovietista (1921) en el que explica las razones de su decepción, levantó ampollas entre los idólatras de la revolución del 17, pero contribuyó a evitar la entrada del PSOE en la III Internacional moscovita, anticipando su orientación social-demócrata. No obstante, su compromiso con el socialismo fue radical, pero no tuvo nada de extremista (Elías Díaz), nada de dogmático, nada de fanático, nada de totalitario. A don Fernando todos los totalitarismos le parecían “sustancialmente contrarios a las bases de la cultura occidental” y no distinguía entre dictaduras “malas” y “buenas”, ni siquiera colaboró con la “dictablanda” de Primo de Rivera, al contrario que otros socialistas, él renunció a su cátedra en protesta por la política universitaria del dictador.

jueves, 10 de abril de 2014

RETÓRICA Y DIALÉCTICA



¿Cuál es la frontera entre la retórica y la dialéctica?

 La palabra "retórica" ha tomado en el lenguaje corriente un sentido peyorativo, como ciencia o recurso inútil o meramente ornamental. Pero durante siglos, la retórica contuvo a los saberes humanísticos, tal y como los entendieron Cicerón y Quintiliano. ¿Cuál es la frontera entre la dialéctica y la lógica apodíctica, demostrativa? La demarcación entre sofística y retórica, entre la superchería publicitaria o propagandística y el sensato y hermoso juego de la persuasión -una técnica y un arte-, tampoco resulta neta, precisa. Por ello habría que clarificarla.

Los límites entre lo seguro, lo verdadero, lo verosímil, lo probable, lo plausible (de plauso, aplaudo) y lo engañoso o insidioso. De un lado, está la verdad cierta, que sólo los dioses conocen, y del otro lo falso y la mentira. Pero entre ambos extremos, el primero ideal, el segundo, detestable, están el inmenso terreno en el que familiar y civilmente nos movemos: lo razonable, lo creíble, lo opinable, lo objetable, aquello a que puedo prestar mi adhesión mental con dignidad. Como han mostrado Perelman y otros, hay argumentos casi seguros, casi lógicos, casi falaces…

Uno adopta una filosofía cuando está tan persuadido de que las cosas y los procesos son así o “asao” que la persuasión adopta la forma de convencimiento o convicción (Paul Ricoeur hace de la convicción el más allá de la catharsis trágica). El caso es que toda filosofía se viste públicamente de retórica, si quiere resultar amable.

No es casual que la filosofía la inventase un poeta. Los diálogos socráticos son todavía teatro, arte cómico y arte dramático. El artista mueve sus marionetas, vitalizando opiniones o ideas. Sin embargo, Platón afinó su lira poética imponiéndole la disciplina pitagórica, interpretando así un arte de raíz también parmenídea, zenoniana, consistente en dar y recibir razones, añadiéndole el instrumental hipotético-deductivo, y analógico, templado por los pitagóricos.