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miércoles, 27 de marzo de 2013

¿Mente global? La virtualidad y sus riesgos.


 ¿Una mente no biológica?


Algunos han visto en la Internet una estructura análoga a la del sistema nervioso. En cierta medida, la Red parece funcionar resolviendo el problema de unificación de la sociedad humana, propiciando la realización del sueño liberal de una verdadera comunidad cosmopolita. Si la geometría funcional de las neuronas engendra la mente, ¿podrían en el futuro las mentes de las personas, como puntos nodales de la Red, generar o convertirse en una mente colectiva?

Sin duda, la Red y el cerebro humano son cosas muy diferentes. El cerebro es algo viviente y la Red no lo es, aunque hable decenas de idiomas.

¿Puede algo no biológico tener mente? No es impensable. Durante mucho tiempo se pensó que sólo las aves –o en todo caso los murciélagos y los insectos- podrían volar? Se creía que volar era una propiedad biológica. Pero hoy sabemos que el vuelo no es una propiedad exclusiva de ciertos seres vivos. Ahí están las alas delta, las naves espaciales y los drones para demostrarlo. Tampoco la comunicación es una propiedad exclusiva de los vivientes. Como se sabe desde los estudios del zoólogo Karl R. von Frisch, las abejas se informan unas a otras de la cantidad y localización del alimento mediante una danza que efectúan en la puerta de la colmena. Pues bien, recientemente, hemos creado con un microchip una abeja artificial que efectúa la danza, se comunica con otras abejas “biológicas” y vuela con ellas en busca de comida.

martes, 15 de marzo de 2011

Nulla mens sine caerebro

Puede que el reto mayor para la humanidad del XXI sea el conocimiento exhaustivo del sistema nervioso y el desciframiento de la fisiología cerebral.
El sistema nervioso es propio de seres vivos que se desplazan por un entorno físico con el que interactúan, y está constituido por dos clases de células: las neuronas y las glías.
Las neuronas se componen de dendritas (arborización en griego), soma ( o cuerpo, donde se ubica el núcleo celular), y axón (o cilindroeje) que es la prolongación mediante la cual cada neurona transmite información a las que conectan con ella mediante sinapsis (contacto, unión, en griego). Las sinapsis permiten la comunicación bioeléctrica y bioquímica de las neuronas (neurotransmisores).
La naturaleza química de dicha comunicación explica que el funcionamiento del cerebro se vea afectado por sustancias exógenas como el alcohol, y otros tóxicos (drogas psicotrópicas, estupefacientes, estimulantes, ansiolíticos, barbitúricos, etc.), y por la circulación de sustancias endógenas: endorfinas, adrenalina, glucocorticoides...
Las células gliales ('glia', cemento en griego) cumplen un papel de sostén y nutrición, pero también facilitan la comunicación neuronal.
Las neuronas son de diversas formas, funciones y tamaños (los axones neuronales pueden llegar a medir varios metros en grandes mamíferos).

En la actualidad se considera que el cerebro contiene áreas especializadas para el movimiento, la memoria, la visión, pero para cada actividad se requiere la activación y coordinación de varias partes. Por otra parte, se ha descubierto que la actividad del cerebro no cesa mientras vive. Cuando no hacemos nada está activa una "red neuronal por defecto" que prepara el cerebro para la actividad consciente. De hecho, una parte importante de su actividad global (entre el 60 y el 80 %) se desarrolla en circuitos  sin relación con acontecimientos externos, es lo que se ha dado en llamar "la energía oscura del cerebro", o actividad intrínseca, que disminuye cuando el cerebro se centro o atiende a una novedad externa.

El aprendizaje y la memoria no son procesos puntuales que ocurren en un lugar del cerebro, sino estados funcionales para los que se requiere la participación de numerosas estructuras nerviosas y la correcta activación temporal de ellas. Por eso el aprendizaje depende del estado motivacional y emocional del individuo, de su grado de atención, de sus conocimientos y habilidades previas...
Las emociones no ocurren en el corazón, sino que tienen su base física en antiguas estructuras cerebrales del cerebro: sistema límbico y amigdala.

La corteza cerebral es la parte más evolucionada del cerebro y el lugar donde se realiza el análisis preciso y final de la información sensorial, así como la elaboración de las órdenes motoras que hacen posible interaccionar con el mismo.
Parece que la actividad más compleja del cerebro, pensar, es el resultado de la actividad nerviosa conjunta de muchas áreas funcionando en un determinado orden temporal y espacial.

Que sepamos, el cerebro humano es el órgano más complejo surgido de la naturaleza. Dentro de la corteza cerebral humana, en su parte prefontral, se ubica la capacidad de predecir nuestras acciones, así como la de medir las consecuencias de nuestros actos.
Nuestras decisiones y acciones modifican nuestro cerebro mientras vivimos. Por medio del aprendizaje podrían aumentar el número de sinapsis entre dos neuronas, igual que se han encontrado expansiones de ciertas áreas motoras correspondientes al control de los dedos en virtuosos pianistas. El pensamiento estructurado y complejo sólo se adquiere tras el proceso de maduración completo del sistema nervioso. Las conexiones de la corteza son las que manifiestan mayor plasticidad, mientras que las estructuras subcorticales se mantienen más constantes a lo largo de la vida.

Fue Alcmeón de Crotona (hacia el V a.C.), un médico que se suele asociar a las enseñanzas de Pitágoras, el primero en darse cuenta de que "lo que gobierna está en el cerebro", hasta entonces se situaba el centro hegemónico en el corazón o el hígado. Platón seguirá sus intuiciones. También fue Alcmeón el primero en anotar la gran diferencia entre lo que puede hacer el cerebro humano y lo que puede hacer el cerebro del resto de los animales: "el ser humano se diferencia de los otros animales sólo porque comprende; los otros, en cambio, sienten pero no comprenden, de modo que el entender y el entir son distintos".

Textos para el comentario

El filósofo Paul Ricoeur reflexiona en los siguientes textos sobre las relaciones de la mismidad (aquello que no cambia del yo) con la ipseidad (aquello que sí cambia) con el cerebro como una parte muy singular del cuerpo...

"El cerebro difiere de muchas partes del cuerpo, y de todo el cuerpo en cuanto experiencia total, en cuanto que está desprovisto de cualqueir estatuto fenomenológico y, por tanto, del rasgo de pertenencia mía. Tengo una relación vivencial con mis miembros en cuanto órganos de movimiento (la mano) o de percepción (el ojo), de emoción (el corazón) o de expresión (la voz). No tengo ninguna relación vivencial con mi cerebro. En  realidad, la expresión 'mi cerebro' no significa nada, al menos directamente: absolutamente hablando, hay un cerebro en mi cráneo, pero no lo siento. Sólo mediante el rodeo global por mi cuerpo, en cuanto que mi cuerpo es también un cuerpo y que el cerebro está contenido en este cuerpo, puedo decir: mi cerebro. El carácter desconcertante de esta expresión se halla reforzado por el hecho de que el cerebro no entra en la categoría de objetos percibidios a distancia del propio cuerpo. Su proximidad en mi cabeza le confiere el carácter extraño de interioridad no vivida"

En la misma obra, Paul Ricoeur critica el sueño tecnológico de un cerebro pensante independiente, o de una persona reducida a cerebro:

"Según el sueño tecnológico, el cerebro es considerado como el equivalente sustituible de la persona. El cerebro es el punto de aplicación de la alta tecnología. En las experiencias de bisección, de trasplante, de reduplicación, de teletransporte, el cerebro representa el ser humano en cuanto manipulable. De este sueño tecnológico, ilustrado por las manipulaciones cerebrales, se hace solidario el tratamiento impersonal de la identidad, en el plano conceptual. En este sentido, podemos decir que las variaciones imaginativas de la ciencia ficción son variaciones realtivas a la mismidad, mientras que las de la ficción literaria son relativas a la ipseidad, o más exactamente a la ipseidad en su relación dialéctica con la mismidad...
La identidad ética requiere una persona responsable de sus actos. Precisamente en relación con esta capacidad de imputación, se puede afirmar que las manipulaciones cerebrales atentan contra la identidad personal y, por tanto, violan un derecho, el de la persona en su integridad física". Soi-même comme un autre, París, 1990.

Bibliografía
  • Afnès Gruart i Massó. "¿Por qué es el cerebro humano tan bueno para aprender y pensar?" pg. 195ss. En El Ser Humano, Córdoba 2008. Biblioteca BenRosch de divulgación científica y tecnológica.
  • Los Filósofos presocráticos I. Gredos, Madrid, 1978 (ed. Conrado Eggers Lan y Victoria E. Juliá).
  • Paul Ricoeur. Sí mismo como otro. Madrid, 1996. Quinto estudio: "La identidad personal y la identidad narrativa".
  • Marcus E. Raichle. "La red neuronal por defecto". Investigación y Ciencia, mayo 2010, pgs. 20ss.

domingo, 19 de abril de 2009

Mente consciente

EL CONTENIDO DE LA MENTE CONSCIENTE

Nuestro cerebro es el centro de control de todas las actividades físicas, pero, además, es la base física de nuestra vida sensible, afectiva, representativa, moral e intelectual. ¿Cómo conoce la mente? ¿Qué sucede, qué podemos hacer y cuáles son los elementos fundamentales de nuestras actividades psíquicas conscientes? La siguiente tabla ofrece un análisis que responde a estas cuestiones:



Sensibilidad, Afectividad y Apercepción son facultades sensibles, mediante las cuales conocemos la presencia, aquí y ahora, en el espacio y el tiempo, de aquello que se muestra a la experiencia: el fenómeno, lo que aparece, integrado en unidad formal consciente.
Memoria e Imaginación constituyen la facultad representativa que nos permite conservar y combinar las percepciones (sus huellas), actualizándolas a voluntad. Estas capacidades de la mente sirven de puente entre el conocimiento sensible y el inteligente o abstracto. El Entendimiento depende de la imagen no sólo para la formación de ideas, sino aun para su empleo; en el sentido de que no hay pensamiento sin el uso de imágenes o símbolos.
Las Facultades intelectuales nos permiten reconocer lo que hay de común en las cosas, asociándolo a un nombre, relacionar unas nociones con otras y, por último, concluir consecuencias, a partir de verdades supuestas o conocidas (razonamiento). El razonamiento es, sin duda, la actividad cognitiva más poderosa de la mente humana.

Comente los siguientes textos de Tomás de Aquino:

A. “Las imágenes acompañan necesariamente nuestro conocimiento en esta vida, por espiritual que pueda ser este conocimiento; pues aun Dios nos es conocido por medio de las imágenes de sus efectos” (De malo, 16, 8 ad 3.)

B. “La imagen es un principio de nuestro conocimiento. Es aquello por lo que empieza nuestra actividad intelectual y no simplemente como un estímulo transitorio, sino como fundamento permanente de la actividad intelectual”. (In librum Boethii De trinitate, 6, 2 ad 5).

jueves, 5 de febrero de 2009

EL TELAR MÁGICO

Cerebros y mentes. Computación y conciencia. Razonamiento e inteligencia[1]

La computación de cerebros y ordenadores

El cerebro funciona como un ordenador. El cerebro piensa, la computadora calcula, pero ambos usan el razonamiento lógico. Aunque en sus actividades más creativas el cerebro parece procesar a golpe de genio, con destellos de iluminación, una gran parte del pensamiento es computación. Los pasos lógicos que sustentan la actividad computacional son simples. Han sido reducidos por Robert Jastrow a los llamados Y y O

Y: «Si 'a' y 'b' son ciertos, entonces 'c' es cierto»
O: «Si 'a' es cierto o 'b' es cierto, entonces 'c' es cierto»

sábado, 17 de enero de 2009

Kosmos

Los tres misterios

El filósofo Gabriel Marcel (Manual, pg. 84) distingue entre problema y misterio. Filosóficamente podemos determinar tres misterios cosmológicos: 1) Por qué hay ser en lugar de nada, o dicho más concretamente, cuál es el origen del universo (cosmogénesis). 2) Cómo fue posible que surgiera la vida de lo inerte (biogénesis), ¿cómo dio vida lo que no tenía vida?. Y 3) Cómo emergió de la vida una mente consciente, subjetiva e intencional, capaz de preguntarse por su origen (antropogénesis).

Lucrecio, filósofo romano (I a. C.) afirmó que el mundo debía estar en su juventud, puesto que había podido comprobar desde su infancia cómo las técnicas se habían ido perfeccionando. ¡Si el universo fuese eterno todos esos progresos ya habrían tenido tiempo de realizarse y estaríamos viviendo en un mundo sin cambios. La deducción de Lucrecio ha sido confirmada por la cosmología actual:

a) este mundo no ha existido siempre.
b) está cambiando.
c) el cambio se aprecia en el paso de lo menos eficaz a lo más eficaz, de lo simple a lo complejo, de lo homogéneo e incoherente, a lo heterogéneo y coherente (H. Spencer).

Se puede pensar que la vida y la conciencia ya estaban en potencia desde los primeros instantes del universo, inscritas en la forma misma de sus leyes, no como "necesidad", sino como "posibilidad".


Evolución

La hipótesis del Big Bang (Gran Explosión) supone que todo el universo aparente, cuyos límites no hemos visto, procede de una única singularidad energética que estalló hace más de diez mil millones de años. "Todo fluye". Con el evolucionismo, la tesis de Heráclito ha cobrado fuerza. Y hemos de tomarnos muy en serio el evolucionismo, ampliado con el descubrimiento de la herencia genética y sus leyes, así como sus implicaciones metafísicas y éticas porque es una teoría bien confirmada por los restos fósiles y la bioquímica.

Todas las formas de vida que conocemos tienen un origen común. La lucha por la vida y la presión del medio determinan la supervivencia de las especies vivientes más aptas para reproducirse y perdurar, transmitiendo su memoria biológica (genes) a las generaciones sucesivas. Dichos genes se heredan y -al azar- se recombinan por mutación. La mayoría de las mutaciones resultan degenerativas, pero algunas perduran a consecuencia de su mejor adaptación a los cambios medioambientales y se convierten en nuevas propiedades de los vivientes. Dawkins ha sostenido que el verdadero protagonista de la evolución no es el individuo, ni siquiera la especie, sino el gen (el gen egoísta). Los organismos son como complicadas maquinarias diseñadas por los genes para su perduración (la de los genes, no la de los organismos).


Problemas filosóficos relativos a los orígenes

a) Creacionismo y Evolucionismo. El debate entre creacionistas y evolucionistas involucra cuestiones relativas al sentido de la evolución, su origen y su finalidad. Se trata de una antítesis aparente, puesto que no hay contradicción en admitir los principios más generales del evolucionismo como rationes seminales divinas (Theilard de Chardin). Así, un teísta puede mantener su teísmo -o deísmo, tipo Voltaire- aceptando que Dios creo el mundo, o que Dios provocó la Gran Explosión, junto con todas las leyes que sirven de marco a la evolución natural: la posibilidad de la vida, la conciencia y la libertad, aunque ya no intervenga en su evolución (cfr. Hawking. Historia del Tiempo, 8).

La fe o la confianza en un principio creador resulta no obstante incompatible con la ciencia actual si pretende determinar "científicamente" el origen del mundo físico a partir de "textos sagrados" o de dogmas arracionales, cuyo verdadero valor no puede ser científico, sino simbólico o religioso. Así una interpretación literalista o fundamentalista de la Biblia -o de otros "textos sagrados"- se obstinará en afirmar la creación del mundo en "6 días" hace unos pocos miles de años, o en mantener una diferencia radical entre el origen físico del humán y el resto de los primates, que contradice los análisis de laboratorio y las palmarias observaciones de los etólogos, etc. La fe o la confianza en Dios -muy respetable- se vuelve fanatismo -muy peligroso éticamente- cuando niega los hallazgos de la ciencia.

Pero también el cientifismo -o el materialismo mecanicista- puede resultar intransigente cuando niega sin pruebas la posibilidad de la existencia de algo distinto de la materia en el origen del universo o en el destino del universo (alfa u omega). El materialismo resulta, además, muy problemático en relación a una física que exige la existencia de formas de "energía o materia oscura" que ni siquiera sabemos todavía cómo detectar con precisión, una física que disuelve la materia aparente en cuantos puramente energéticos e inmateriales.

Nota bene: Puede consultarse una breve semblanza de Teilhard de Chardin, quien ensayó meritoriamente la conciliación del cristianismo y el evolucionismo en la siguiente página:
http://www.cibernous.com/autores/tchardin/teoria/biografia.html


b) Monismo vs. Pluralismo: respecto del origen del mundo (cosmogénesis), algunos consideran razonable admitir la existencia de un primer principio eterno o intemporal (Dios, la Materia, la Energía, el Espíritu, el Ser, el Uno, la Voluntad, el Noûs, la Singularidad...), puesto que si nada hubiera existido alguna vez, nada existiría hoy; ya que, de la nada, nada puede proceder...

A veces, estas posiciones tienen en cuenta que Tiempo y Espacio son constituyentes pero también constituidos por la Gran Explosión o por la Creación (fiat) del mundo. "El concepto de tiempo no tiene significado antes del comienzo del universo" (Stephen W. Hawking. Historia del Tiempo, 1). O no tienen en cuenta que en la teoría cuántica, las partículas pueden ser creadas a partir de la energía en la forma partícula/antipartícula y que la materia total del universo está hecha sólo de energía positiva, pudiendo afirmarse que la energía total del universo es exactamente cero (Hawking. Historia del tiempo, 8).

Esta solución se llama monista y apunta a la posibilidad de que la esencia de lo real, sea inerte o viviente, inconsciente o inteligente, corporal o espiritual, no tenga ningún tiempo ni límite espacial, o sea idéntica a la nada (monismo negativo). Ya Anaxágoras -un filósofo griego del siglo VI a. C.) llamó a-peiron (lo sin límite, lo infinito) al principio originario del universo, argumentando que no podía ser ninguna cosa concreta si todo lo concreto estaba hecho de él.

Otros pensadores han supuesto que el origen del universo no está en ninguna unidad, sino en dos (dualismo) o en una multiplicidad de átomos (o sustancias indivisibles) combinándose al azar: pluralismo.

c) Los tres mundos de Popper. Una de las hipótesis "trinitarias" más interesante filosóficamente fue aportada por Popper y desarrollada por Roger Penrose (Las sombras de la mente, 1996). Para este famoso matemático (uno de los creadores de la hipótesis del Big Bang) el mundo que conocemos más directamente es el de nuestras percepciones conscientes (mente), pero es también el mundo del que menos sabemos científicamente. Contiene la felicidad, el dolor, la percepción de los colores, nuestros recuerdos de la infancia, nuestro miedo a la muerte...




Existen no obstante otros dos mundos que sólo conocemos indirectamente, pero de los que sabemos más que del primero: el mundo físico, que contiene sillas y mesas reales, televisiones, automóviles, cerebros humanos, gatos y perros, el sol, la luna y las estrellas... No está claro en absoluto por qué el mundo de nuestras percepciones tiene algo que ver con el físico, pero actuamos como si pudiese adecuarse a él.

Existe por último otro mundo, el "tercer mundo" de Frege, que es el de las formas matemáticas, allí encontramos los números naturales o, 1, 2, ... y el álgebra de los números complejos, pero también es el mundo de los valores éticos universales, de los ideales de lo bello y lo bueno, la justicia y la verdad...

De alguna manera, cada uno de estos tres mundos parecen emerger misteriosamente a partir de una pequeña parte de su predecesor, considerados cíclicamente. Así, de las matemáticas y los fines ideales parece emerger el mundo físico (natural y artificial); el mundo mental emerge del mundo físico, como la conciencia de la vida, y el mundo platónico de las formas inmateriales parece emerger de la actividad de la mente.

Penrose arriesga la hipótesis (platónica) de que el mundo de las formas perfectas es primario, siendo su existencia una necesidad lógica, mientras que los otros dos son sus "sombras", pero admite que es difícil saber cuál de estos mudos ha de ser considerado como primario, secundario o terciario, y concluye afirmando que, aunque el análisis o la división en tres sea útil, en realidad sólo hay un mundo, cuya naturaleza verdadera ni siquiera vislumbramos en el presente.

c) El problema de la teleología. ¿Qué es más razonable, admitir un principio "inteligente" que actúa buscando el bien, o un principio "material" que actúa de modo ciego, por necesidad o por azar? ¿Crea el órgano la función o la función crea el órgano; o sea, vemos porque tenemos ojos o tenemos ojos porque necesitamos y queremos ver? Algunos científicos evolucionistas niegan que la evolución tenga un sentido finalista o progresista. Sin embargo, el más eminente de estos "mecanicistas", Jacques Monod, partiendo de una epistemología que niega la posibilidad de interpretar cientícamente los fenómenos en términos de "causas finales", tiene que admitir la dificultad de la biología para renunciar a dichas causas finales: "la objetividad nos obliga a reconocer el carácter teleonómico de los seres vivos, a admitir que sus estructuras y performances realizan y prosiguen un proyecto" (El azar y la necesidad, 1. "extraños objetos).

d) El principio antrópico (PA) permite soslayar algunos problemas relativos al sentido final de la evolución del universo. Por ejemplo, el de la rareza de la vida y la conciencia, y la dificultad de que se produzcan al azar condiciones que la hagan posible. Es mucha casualidad que todo parezca organizado como para que evolucionen la vida y la conciencia en la Tierra.

Hawking lo ha parafraseado de la siguiente manera: "Vemos el universo en la forma que es porque nosotros existimos".

En su forma débil PA dice que en un universo grande o infinito las condiciones que hacen posible la vida inteligente se darán en zonas muy limitadas en el tiempo y el espacio, los seres inteligentes no tienen que sorprenderse entonces si observan que su ubicación en el universo satisface las condiciones necesarias para su existencia.

En su versión fuerte, el principio afirma que o bien hay muchos universos diferentes o muchas regiones diferentes de un único universo, cada uno con su propia configuración inicial y tal vez con sus propias leyes científicas. En la mayoría no podría darse la pregunta por los orígenes, puesto que sus condiciones no permitirían la emergencia de organimos tan complicados como nosotros. ¿Por qué es el universo como lo vemos? Fácil, porque si hubiese sido diferente ¡nosotros no estaríamos aquí!

Lo cierto es que los valores de las cantidades básicas, por ejemplo de las cargas de los electrones o la relación de la masa del protón y el electrón, parecen haberse ajustado sutilmente para hacer posible el desarrollo de la vida y la conciencia. Esto puede tomarse o bien como prueba de un propósito creacionista o bien como sostén del principio antrópico fuerte.

Hawking pone dos objeciones a dicho principio:

1ª Debemos usar el principio de economía y eliminar esos otros universos tan diferentes del nuestro, ya que sus fenómenos no causarían consecuencias observables aquí y ahora.

2ª Va contra la tradición principal de la historia de la ciencia. Es difícil creer que la Tierra sea un planeta de tamaño medio, girando alrededor de una estrella corriente, en los suburbios exteriores de una galaxia espiral ordinaria, una entre un billón de galaxias del universo observable, y que toda esa vasta construcción exista simplemente para nosotros...

e) La idea de Mundo. Para Kant, la razón humana tiene una tendencia natural a buscar y concebir lo incondicionado. Sin la disciplina a que la somete la ciencia empírica, la razón tiende a generalizar más allá de la experiencia, el resultado son las ideas de la razón pura ("pura" significa aquí "vacía de contenido empírico", sin connotaciones religiosas).
La razón produce pensando según sus esquemas silogísticos tres ideas: los silogismos categóricos la llevan a la idea del alma como sujeto sustancial; los silogismos hipotéticos a la idea del mundo, como serie completa de las condiciones que hacen posible la experiencia; por su parte, el esquema de los silogismos disyuntivos le llevan a producir la idea de Dios, la idea del conjunto perfecto de todos los conceptos posibles.
Tales ideas, del alma, del mundo o de Dios, representan idealmente la totalidad de la experiencia, pero resulta que de la totalidad de la experiencia no tenemos experiencia, y por consiguiente, Kant concluye que tales ideas carecen de valor objetivo.
Por eso la cosmología racional nos lleva a afirmaciones antitéticas provistas de igual verosimilitud. A estas afirmaciones Kant les llama antinomias de la razón pura:

1) el mundo es finito/ el mundo es infinito (en tiempo o espacio)
2) el mundo es divisible/ el mundo es indivisible
3) se ordena según una causalidad ciega/ hay en él espacio para la libertad
4) depende de un Ser Necesario/ se explica por sí mismo
Sin embargo, Kant reconoce a estas ideas -del mundo, del alma y de Dios- un valor orientador, ordenador, no teórico, sino práctico, son en realidad suposiciones de que hay orden que buscar, y por consiguiente obran como fines legítimos de la investigación científica (Opus postumum) y de la acción moral.

Enlaces
La emergencia humana: http://www.filosofia.com.mx/index.php?/portal/archivos/la_vida_conduce_a_la_emergencia_humana/

Texto para comentar

"Especulamos en gran medida sobre cuestiones que consideramos fundamentales, como las masas de las partículas, las diferentes variedades de fuerzas o el hecho de que vivimos en tres dimensiones espaciales y una temporal. Pero quizá todas esas características no sean fundamentales, sino ambientales. El universo puede ser mucho más extenso de lo que hemos imaginado; mucho más que la región proveniente de nuestra gran explosión, que es la que vemos a nuestro alrededor. Puede haber partes del universo (donde 'partes' puede significar varias cosas) con otras propiedades, regiones donde lo que solemos denominar leyes de la naturaleza sean distintas, e incluso donde la dimensionalidad del espaciotiempo sea otra. Tiene que haber alguna ley subyacente que explique todo, pero quizá nos encontremos mucho más lejos de ella de lo que imaginamos".

Stephen Weinberg, físico teórico y premio Nobel en 1979. Investigación y ciencia, Enero 2011, pg. 60.