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sábado, 28 de mayo de 2022

VERDAD




“En mi soledad/ he visto cosas muy claras/ que no son verdad”

A. Machado

"La verdad no es una propiedad del mundo. 
Tampoco es una propiedad de las proposiciones. 
No pertenece ni al mundo ni al lenguaje, 
sino a la relación entre ambos"

Arthur C. Danto. Qué es filosofía, Alianza, Madrid, 1976.

La noción de verdad es fundamental para el conocimiento. La filosofía y cultura tienen su origen en una rotunda afirmación: el asombro ante la existencia de una realidad y ante la posibilidad humana de descubrir un orden en ella. Los griegos clásicos tuvieron un concepto negativo de la verdad, la verdad como a-létheia (αλήθεια) es un acontecimiento excepcional, la realidad misma que se hace patente y se sustrae así al olvido y al ocultamiento. Verdaderas no son las fugaces apariencias inmediatas, no es lo que hay ahí, sino que verdad es des-velamiento, des-cubrimiento de lo permanente, del orden racional y estable de las cosas que subyace como arcano, sustrato o sustancia, bajo los fenómenos (las apariencias).

sábado, 6 de noviembre de 2010

La concepción semántica de la Verdad

Los pensadores idealistas -como Hegel- tienen a pensar la verdad como coherencia o consistencia de un sistema de conocimientos o de cálculo, mientras que los filósofos realistas –como Aristóteles o el último Russell- prefieren definir la verdad como correspondencia del pensar o del decir con los hechos.

Nosotros podemos concluir que tanto la coherencia de nuestras convicciones como la adecuación del entendimiento con la realidad son dos propiedades esenciales –e ideales- de la Verdad.

Una teoría recursiva de la verdad

En 1931, Alfred Tarski, un lógico polaco, presentó a la Sociedad Científica de Varsovia un artículo que se hará famoso: “El concepto de verdad en los lenguajes formalizados”. Tarski se planteaba el viejo problema filosófico de la verdad en términos de rigor matemático, obteniendo como resultado una teoría extensional de la verdad que ha dado lugar al desarrollo de la moderna semántica lógica, y que parece restaurar la venerable doctrina aristotélica de la verdad como correspondencia (adaequatio rei et intellectus).

Lo que sostiene Tarski es lo siguiente:

1) La noción de “verdad de un enunciado” no es absoluta, sino relativa a un lenguaje L, en cuyo marco se mueve el enunciado.

2) El predicado “verdadero”, como cualquier otra categoría de la semántica lógica, no pertenece al lenguaje objeto (el que usamos para referir al mundo), sino al metalenguaje o lenguaje en el cual se habla de otro lenguaje, como cuando digo: “el enunciado ‘el gato es un felino doméstico’ es verdadero”.

3) Como el lenguaje ordinario no puede distinguir entre lenguaje y metalenguaje produce contradicciones, tales como la paradoja del mentiroso: si un mentiroso dice que miente, ¿miente? (si miente dice la verdad; y si dice la verdad, miente, por tanto dice la verdad, etc.), por lo que la construcción de una definición rigurosa del concepto de “enunciado verdadero” resulta posible tan sólo en los lenguajes formalizados, o sea en lenguajes “artificiales” en los que el sentido de toda expresión está inequívocamente determinado por su forma.

Tarski afronta tal definición rigurosa de “verdad de un enunciado” con la ayuda del concepto semántico auxiliar de satisfacción, que construye previamente mediante técnicas recursivas y que tiene un origen matemático. Así, en la ecuación “x + 1 = 4” se asigna a la variable x el valor 3, y se dice que esta asignación de valor a x satisface esa ecuación.

Lo interesante aquí es que podemos extender este uso a la lógica y a la teoría del lenguaje en general. Supóngase la función enunciativa “x es una hortaliza”. Si se asigna en dicha función a x el valor “zanahoria”, resultará la expresión “La zanahoria es una hortaliza”, que satisface la función, que así se torna en un enunciado verdadero.

Satisfacción y verdad lógica

Dada una fórmula A y un universo U, se dice que una interpretación I satisface a esa fórmula si como resultado de la interpretación dicha fórmula se convierte o puede convertirse en un enunciado verdadero.

La relación de satisfacción es una relación semántica que abreviamos: I Sat A, y leemos: "La interpretacón I satisface a la fórmula A".

Si A es una fórmula atómica (simple), la definición recursiva de satisfacción es la siguiente:

Si A es una predicación, es decir, A = Ra1, a2 …, an (n ≥1), entonces I Sat Ra1, a2 …, an si y sólo si la relación objetiva n-ádica R* conviene a la secuencia objetiva [a*1, a2 …, a*n]. Los símbolos individuales a1, a2an son constantes. Entendidos como parámetros, habrá que especificar que la secuencia objetiva correspondiente puede ser cualquiera.

Hoy en día, la noción semántica de verdad es tratada también en conexión a la noción de modelo.

Verdad y modelo

Cuando una interpretación I satisface una fórmula A para toda secuencia objetiva, suele decirse que esa interpretación es un modelo M de A. Ello se puede indicar escribiendo I Mod A, lo que se lee: "I es modelo de A".

Ahora se puede definir la noción de verdad o validez relativamente a una interpretación y un universo. Una fórmula A es verdadera o válida bajo una interpretación I y para un universo U, si y sólo si esa interpretación lo satisface para toda secuencia objetiva, es decir si esa interpretación es modelo suyo: A ε V si y sólo si I Mod A.

El hecho de que una interpretación satisfaga una fórmula o un conjunto de fórmulas no es razón suficiente para que se diga que es modelo de ella. Para que una interpretación sea modelo de una fórmula o de un enunciado, es preciso que la satisfaga para toda secuencia objetiva, es decir: que no admita un solo ejemplo en contra.

Satisfacibilidad y verdad lógica

Un enunciado o una fórmula A es llamada satisfacible si hay al menos en algún universo una interpretación que la satisfaga. Un proposición o una fórmula A es insatisfacible si bajo ninguna interpretación en ningún universo es satisfacible.

Por ejemplo, la fórmula ^x (Px -> Qx) (Para todo x, si P se dice de x, entonces Q se dice de x) es satisfacible. Basta imaginar que P denote el conjunto de los gatos y Q el conjunto de los felinos. En cambio la fórmula: Px & ¬Px (P se dice de x y al mismo tiempo no-P también se dice de x), es insatisfacible, por contradictoria, es decir, se trata de un enunciado que no puede ser verdadero en ningún mundo posible.

La satisfacibilidad llevada a su extremo es la validez necesaria o verdad lógica. Se dice que una fórmula o un enunciado son lógicamente verdaderos o universalmente válidos si esas fórmulas son verdaderas bajo toda interpretación y en cualquier universo no vacío. Este es el caso de enunciado analítico o lógicamente necesario, tal como A -> A, pues resulta verdadero no sólo en este mundo, sino en todos los mundos posibles. Es lo que Leibniz llamó verdades de razón, como contrapuestas a las verdades de hecho, pues las primeras no pueden ser no-verdaderas, mientras que las verdades de hecho sólo pueden ser verdaderas contingentemente, esto es, por circunstancias accidentales de este mundo, como las verdades expresadas por los enunciados históricos, tales como “César cruzó el Rubicón” o "Carlos I de España fue también emperador de Alemania".

Bibliografía
Manuel Garrido. Lógica simbólica, Tecnos, 4ª ed. 2001.

La naturaleza de la evidencia

Texto para comentar
Douglas R. Hofstadter. Gödel, Escher, Bach. Un Eterno y Grácil Bucle. Tusquets, 7ª ed. 2001, pg. 774.

¿Es posible definir qué es la evidencia? ¿Es posible formular leyes que indiquen cómo asignar un sentido a las situaciones? Es probable que no, pues toda regulación rígida tendría, indudablemente, excepciones, y no reglas. Contar con un programa IA inteligente tampoco resolvería el problema pues, en tanto que procesador de evidencia, no sería en absoluto menos falible que los seres humanos. Entonces, si después de todo la evidencia es algo tan intangible, ¿por qué estoy tan prevenido contra formas nuevas de interpretación de la misma? ¿Es que soy incoherente? No creo esto. Lo que pienso es que se pueden establecer pautas orientadoras, y luego elaborar síntesis orgánicas a partir de ellas (...), hay complicados criterios para decidir si un método de evaluación de evidencia es eficaz. Uno de ellos se refiere a la "utilidad" de las ideas que llevaron al tipo de razonamiento en cuestión: las modalidades de pensamiento que, en la vida, han conducido a la obtención de cosas útiles son consideradas, en algún sentido, "válidas". Con todo, este concepto de "útil" es sumamente subjetivo.
Creo que el proceso por el cual decidimos qué es válido o qué es verdadero constituye un arte, y que descansa a tal profundidad en un sentido de la belleza y de simplicidad que su asiento son los principios fundamentales básicos de la lógica, o del razonamiento o de cualquier otra cosa que pueda ser objetivamente formalizada. No estoy diciendo que (1) la verdad es una quimera, ni que (2) la inteligencia humana es, en principio, no programable. estoy diciendo que (1) la verdad es demasiado elusiva como para que un ser humano o cualquier grupo de seres humanos la abarque nunca en su plenitud; y (2) la Inteligencia Artificial, cuando alcance el nivel de la inteligencia humana -y también si lo sobrepasa- se verá saturada de problemas relativos al arte, la belleza y la simplicidad, y se estrellará constantemente contra estas cosas mientras ejercita su propia búsqueda de conocimiento y comprensión.

domingo, 9 de noviembre de 2008

Primera recapitulación

Bien, ya llevamos dos meses de curso y es hora de repasar lo que hemos aprendido.
Hemos visto que la filosofía y la ciencia nacieron juntas hace dos mil quinientos años en el Mediterráneo occidental, al mismo tiempo que el teatro y la democracia. Así que el título de la asignatura es un poco redundante porque no es posible la práctica de la dialéctica (diálogo filosófico) sin ciudadanía. Uno/a puede hablar e intervenir en los asuntos públicos cuando no es súbdito/a, o sea, cuando no está bajo el imperio y el arbitrio de la palabra de otro.

La filosofía tiene un fundamento antropológico, porque todos los seres humanos por naturaleza deseamos saber. Es natural que seamos animales curiosos, porque saber es poder. Aristóteles afirmó que la filosofía nació después de las técnicas y para expresar este hecho dijo que la filosofía es la ciencia más inútil aunque la más libre. No es cierto que la filosofía sea sólo un saber teórico o contemplativo, también sirve prácticamente para orientar y ordenar nuestra vida (Sócrates o Marinoff), incluso para consolarla (Boecio). En este sentido se podría decir que está próxima al sentido común, entendido el sentido común en un sentido ideal, pues -como sugirió Ortega-, durante algunas épocas los humanos parecen haber perdido el sentido común, haciéndose éste "el menos común de los sentidos".

A este respecto, como sabiduría práctica, el propio Aristóteles dejó escrito un inmortal manual de Ética (Ética para Nicómaco) en cuyo libro segundo define la excelencia humana (areté o virtud) como un término medio cualitativo entre dos extremos viciosos, uno por defecto y otro por exceso. Así, la verdadera valentía no es la mera ausencia de miedo, sino que estaría entre la cobardía (exceso de miedo) y la temeridad (falta de miedo). Aristóteles se percató genialmente de que la filosofía, como prudencia o sabiduría práctica, tiene por objeto las emociones (ej. el miedo), aunque encarguemos a la razón la misión de gestionarlas.

Nos hemos aproximado al concepto Filosofía desde su origen etimológico y también desde sus preguntas "mundanas". La filosofía está más cerca del saber del "topo", que busca saber algo del todo, que del saber del "zorro" que sabe mucho de muy poco. Así pues, los filósofos somos generalistas, más que especialistas. O por decirlo paradójicamente, somos especialistas en universalidades.

Las principales ideas universales son: la idea del yo (mente, persona, psique, alma, etc.); la de mundo (totalidad de los fenómenos, universo, orden físico, etc.); la idea que nos hacemos de nosotros mismos (quién es el humano); y el problema de Dios (o del mal, según como se mire). Estos objetos determinan la naturaleza de las principales disciplinas filosóficas: filosofía de la mente o psicología racional; cosmología; antropología filosófica, y teodicea. Estos son los temas -o los fines- de la metafísica o filosofía pura.

Una excelente definición de Filosofía y fácil de recordar nos la ofrece Kant: teleologia rationis humanae, la filosofía como ordenación de todos los conocimientos a los fines propios de la razón huana, este es su "concepto cósmico de la filosofía", o "mundano".

Hemos empezado a reflexionar sobre qué podemos conocer. Esto quiere decir -en lenguaje técnico- que hemos empezado a plantearnos problemas gnoseológicos y epistemológicos. Hemos aclarado que la ciencia (el saber más objetivo, exacto y verificable o falsable) no es el único modo de conocimiento, también el arte, la literatura, o la religión, nos ofrecen, bajo la forma de experiencia estética, emotiva o mística, otros modos de acceso a la realidad.

El filósofo Jaime Balmes hizo del problema del criterio
tema central de su filosofía

¿Cómo podemos distinguir lo verdadero de lo falso? Este es el problema del criterio. En general, también hemos de considerar el criterio como condición que nos permite distinguir lo bueno de lo malo (en ética) o lo feo de lo hermoso (en estética). Como criterio de verdad vale como criterio, sobre todo, la evidencia (racional o empírica), pero no son desdeñables, a falta de evidencias, otros criterios como la tradición, el sentido común, el consenso, la utilidad, la autoridad e incluso la belleza.

Racionalismo y empirismo son soluciones unilaterales al problema del conocimiento. El primero exagera la importancia de lo 'a priori' y racional; el segundo, la importancia de la percepción sensible. Kant lo vio claro: las intuiciones (sensibles) son ciegas sin los conceptos (racionales o teóricos), pero los conceptos y las teorías son vanas sin la intuición (experiencia). Incluso en el percibir se supone la imaginación del sujeto. Pongo en clase un ejemplo muy prosaico: un pastor no sabe nada de astronomía porque se pase el verano al raso mirando el cielo; pero un astrónomo debe en algún momento dejar sus libros para mirar el cielo, si quiere inventar ciencia. El momento teórico (de los conceptos) es tan decisivo como el momento práctico (de las experiencias).

Hemos estudiado cómo la experiencia es la "madre de la ciencia". En la ciencia moderna interviene como observación inicial y como contrastación empírica (experimento: experiencia artificial). Sin embargo, los datos no son nada si no se los interpreta a la luz de modelos de explicación suficientes (teorías). Estos modelos se han sucedido en la historia como paradigmas científicos, mediante revoluciones. Éstas han estado reguladas por el principio de continuidad: cada modelo nuevo debe explicar tanto los fenómenos que explicaba el modelo antiguo como otros que no explicaba. De este modo, en física se han sucedido cuatro modelos explicativos: el aristotélico (IV-XVI), el de la mecánica clásica de Newton (XVII-XX), el relativista de Einstein, que en nuestros días anda compitiendo y entrelazándose con el modelo cuántico.

La ciencia es el conocimiento de las cosas por sus causas naturales. Por causa podemos entender el de qué están hechas las cosas (causa material), según cómo (forma o esencia), el para qué (función o fin) y el por quién o por qué procesos (causas agentes). La filosofía ha tendido a conceder primacía a la finalidad o causa final. Es decir, ha tendido a construirse como una teleología (no confundir esta palabra, que viene de telos, fin, con "teología", que viene de theos, dios). La ciencia nos hace poderosos, pero también debe darnos humildad, porque gracias a la ciencia moderna hemos descubierto:

  • a) que no ocupamos el centro del universo,
  • b) que somos animales (con un origen común con las plantas, los hongos y el resto de los seres vivos del planeta),
  • y c) que nuestra racionalidad consciente no es más que una parte mínima de nuestra actividad mental, siendo la mayor parte inconsciente, como descubrió Freud. De hecho, somos tanto animales emocionales como racionales.

Aunque la experiencia tiene un importante papel científico, no nos permite formular conclusiones necesarias ni hacer previsiones seguras. Es así porque los hechos son contingentes y las proposiciones universales sobre hechos solo valen en términos de probabilidades, su verdad es pues, también contingente (pueden ser falsos, si no ahora, en el futuro).

A este respecto es importante la distinción entre verdades de razón (necesarias) y verdades de hecho (contingentes), que estudiaremos en otro momento con más detenimiento.

Como ejemplo de verdades racionales indudables hemos descrito tres axiomas lógicos: el principio de identidad (A => A), el principio de no contradicción ¬ (A & ¬A) y el principio de tercio excluso (A v ¬A). La lógica es la necesaria introducción (propedéutica) al saber filosófico.

Saber no es creer. Aunque la imaginación nos ofrece un primer acercamiento al conocimiento de la realidad (no hay percepción sin imaginación), queda superada por la creencia, pero ésta es superada por el saber, que además exige, como principio superior, la comprensión. Se pueden decir verdades sin comprender por qué son verdades. Es lo que hacen los estudiantes que estudian de memorieta y repiten al dictado, como loros.

La opinión según la cual todas las opiniones son respetables no es ella misma respetable. Esto parece una paradoja. Pero muchas opiniones son contrarias a la dignidad humana o carecen de fundamento científico. Es imposible pensar sin prejuicios, el filósofo Gadamer ha confirmado la existencia de "prejuicios legítimos", pero debemos esforzarnos por evitar, al menos, las prevenciones menos saludables.

Hemos estudiado el método resolutivo compositivo de las ciencias naturales, y como métodos generales de todas las ciencias hemos descrito la definición, la explicación, la demostración, la formulación de hipótesis, la argumentación (inductiva o deductiva). Esto último debo aclararlo más. La ciencia -incluida la filosofía- es sobre todo cuestión de método.

La definición más perfecta es la definición de cada especie de cosas (materiales o ideales) por su género próximo y su diferencia específica (especificidad o conjunto de propiedades esenciales). Desdichadamente, definir así cada cosa no siempre es posible, como luego tal vez veamos con más detenimiento.

Al hilo de nuestra dilucidación del problema del conocimiento (epistemología, gnoseología), no hemos tenido más remedio que referirnos también a la condición humana (antropología filosófica). Hemos visto que no somos tan racionales como pensamos y que mucho de lo que tenemos por seguro es fruto de prejuicios, creencias e ilusiones. Somos el animal audiovisual, y el animal asceta. Debes saber por qué.

Y hablando de ilusiones (percepciones irreales que tomamos por reales), hemos visto un vídeo sobre el mecanismo de la visión humana. Si lo has comprendido, puedes deducir de lo que sabemos sobre cómo vemos las cosas que no vemos todo lo que hay, ni sólo lo que hay, y que nuestras percepciones visuales no son reflejos, sino construcciones imaginativas y cognitivas. Ver es ya un hacer. En dichas construcciones intervienen las expectativas, los deseos y la memoria: lo previsto, lo previamente sabido y recordado.

Por último, como cada uno tiene su biografía personal, cada uno tiene una perspectiva distinta del mundo, tanto teórica como práctica. La filosofía y su dialéctica deben ayudarnos a enriquecer nuestra perspectiva con otras visiones del mundo, haciéndola más rigurosa, razonable, saludable, digna y feliz.

Nota bene

Las negrillas y cursivas de esta entrada de blog os ayudarán a comprender lo que hay que recordar esencialmente y debe aparecer bien definido en el Vocabulario del cuaderno. Además de las negrillas de la entrada, en las clases nos han salido términos nuevos que hemos definido y debéis conocer: atavismo, crítica, retórica, congruencia, coherencia, percepción, tautología, certeza, teodicea, menesterosidad (como condición general del humán), lapsus, escatología, entelequia, autonomía, heteronomía, entomología, silogismo, cientifismo...

Un trabajo útil sería ordenar estos términos en fichas por orden alfabético.

En cuanto a los autores que nos han ido saliendo y de los que hemos elaborado semblanzas: Giner de los Ríos, Parménides, David Hume, Aristóteles, Boecio, Ramón y Cajal..., se deben estudiar, para que por lo menos sepais citar una obra, un pensamiento, y enmarcar al autor en su época.

Las frases célebres que han salido deben aparecer en el cuaderno comentadas, lo que prueba que son entendidas. 

Recuerda: "preguntar puede hacerte parecer tonto un rato; no preguntar, te hará necio para toda la vida".