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jueves, 21 de julio de 2022

EDUCACIÓN Y POSTMODERNIDAD

 Educación o postmodernez

 

Opinión sobre los males de la educación actual y los retos que deben afrontar los docentes para volver a algunos principios perdidos o degradados.

 


Principios

Muy razonablemente el pensamiento ilustrado suponía que nadie puede ser libre ni feliz en la ignorancia y que la formación del carácter exige la superación del desorden de los apetitos, de la mezquindad del egoísmo, y de la tiranía de los prejuicios y las tradiciones. La base última y objetiva de los valores que debieran, desde dicho modelo, determinar la educación habría que buscarla en la propia naturaleza y significado del saber, en la independencia y libertad del educador, y no en las predilecciones de los alumnos (que si supieran lo que quieren, no tendrían por qué serlo), ni en las banalidades de la opinión pública o los caprichos e intereses coyunturales de los políticos.

domingo, 7 de noviembre de 2021

LA DIFERENCIA HUMANA

En El origen del hombre (1871) Darwin dejó escrito que no hay “ninguna diferencia fundamental entre los mamíferos superiores en sus facultades mentales”. Son ya pocos los antropólogos y filósofos que abren un “abismo ontológico” entre la mente humana y la mente animal. No obstante, si las diferencias entre la inteligencia animal y la humana son de grado y ninguna de ellas es absoluta, lo cierto es que las diferencias de comportamiento entre los animales más parecidos a nosotros, los primates, y las costumbres humanas, son extraordinarias, aunque sólo sea por el hecho de que trabajamos y nos vestimos y que con nuestras capacidades y actuaciones ponemos en riesgo la propia supervivencia de la inteligencia en el planeta Tierra, con opción de provocar intencionalmente la extinción de nuestros parientes, o su conservación.

Entre el despiojamiento mutuo de los bonobos y el imperativo categórico kantiano, entre el canto del ruiseñor y una sinfonía de Mozart, entre las selvas y los trenes de alta velocidad, puede que no haya un “abismo ontológico”, pero sin duda hay una gran distancia de complejidad y sentido. Si la racionalidad ha dejado de ser una característica específicamente humana, bien porque hay racionalidad e inteligencia (al menos inconscia), en las acciones de los animales e incluso en los movimientos de hongos y plantas, bien porque el hombre no es tan racional como presume, entonces hemos de buscar otras características y propiedades que expliquen las diferencias entre la complicada vida civil de una gran urbe y la férrea y reiterada organización de un hormiguero o de una colmena.

viernes, 2 de abril de 2021

ESPECIFICIDAD DE LA EXISTENCIA HUMANA (Karl Jaspers)

 

El joven Karl Jaspers (1883-1969)

En su tratado sobre el Origen y meta de la historia, el filósofo existencialista alemán Karl Jaspers se pregunta por la diferencia entre el humano y el resto de los animales. Se puede responder a esta importante cuestión aludiendo a propiedades específicas de nuestra especie: la cerebración creciente, la posición erecta, la liberación de las manos, la capacidad de reír y llorar…

sábado, 12 de febrero de 2011

La cultura: fotocopiadora y concierto

En su libro, El enigma multicultural, Gerd Baumann distingue entre el concepto esencialista y el concepto procesual de cultura aplicándoles dos metáforas "polémicas": la cultura como fotocopiadora y la cultura como concierto.

1. El concepto esencialista de cultura procede de la filosofía de Gottfried Herder y de sus contemporáneos hacia 1800, pensadores cosmopolitas que deseaban dar identidad a cada "pueblo" y "raza" a partir de sus peculiares tradiciones. Recopilaron así todo lo que resultaba "étnico", desde los mitos ancestrales a las recetas culinarias. Este respeto por las tradiciones populares, desdeñadas hasta entonces por las élites culturales, les grangeó un lugar importante en las ciencias sociales.

Franz Boas, 1915
 A este respecto, hay que citar a Franz Boas, fundador de la antropología norteamericana, físico y antropólogo de origen judeo-alemán.
Tanto Herder como Boas entendieron la cultura como la herencia colectiva de un grupo, es decir, como un catálogo de ideas y ejercicios que configura la vida y los pensamientos, tanto individuales como colectivos, de todos sus miembros.
Gerd Baumann expresa este concepto de la cultura, como molde que configura las formas de vida, mediante la metáfora de una fotocopiadora gigante, que continuamente produce fotocopias idénticas.
La cultura fija la diferencia entre lo bueno y lo malo, y entre el "Nosotros" y el "Ellos". Socializar a un niño es dotarle de una cultura concreta, decirle que "esto es lo que Nosotros hacemos", así que hazlo tú; y "eso es lo que Ellos hacen, así que no lo hagas tú".
No se puede negar que todo colectivo cultural muestra cierta estabilidad en sus rasgos y en sus gustos, en los estilos y hábitos, dependiente de la credibilidad de su cultura.
Sin embargo, no es sólo la cultura la que crea a los seres humanos, sino también las mujeres, los hombres y los jóvenes crean la cultura:

"Toda creación de cultura, por muy conservadora que sea, también es recreación" (Baumann).

No hay que ir lejos para percibir como en veinte años cada cultura cambia su forma de hablar, sus gustos alimenticios, su manera de celebrar cumpleaños, su forma de tratar a los estudiantes o a los desempleados, de vivir los nacimientos o los funerales, de relacionarse con la naturaleza...

2. La cultura es también cambio cultural. No es por tanto sólo una máquina de fotocopiar, sino que también se puede expresar lo que es una cultura mediante la metáfora de un concierto, o mejor:

"un recital históricamente improvisado. Sólo existe mientras dure la actuación y nunca puede quedarse fija o repetirse sin que cambie su significado" (Baumann).

martes, 20 de octubre de 2009

NATURALEZA Y CULTURA: EL ORIGEN DEL SER HUMANO

¿Cuál es la primera pregunta que trata de contestar la Filosofía? Según hemos introducido parece ser que es la cuestión del origen y del sentido del Cosmos la que da inicio al pensar racional o Logos. Frente al mundo azaroso de los Mitos, el ser humano necesitaba (y sigue necesitando) aportar seguridad a su mundo, encontrar una explicación permanente de los cambios que observaba. Pero de nada nos serviría fijar ese origen del Cosmos si primero no nos situamos a nosotros mismos dentro del engranaje que vamos a desentrañar. Hemos de comenzar, pues, la tarea filosófica por situar nuestro origen.
La especial constitución del ser humano, según recogían ya los Mitos (recordemos el Protágoras platónico), revela que no somos en nada parecidos al resto de seres vivos. Nuestro componente biológico-natural está reducido a la mínima expresión, por ello algunos autores han negado tal presencia en el caso humano: “el hombre no tiene naturaleza, sino sólo historia” (diría nuestro compatriota Ortega y Gasset).
¿Es eso así? ¿En qué consiste la NATURALEZA HUMANA?
Lo Natural suele presentarse como lo espontáneo, lo instintivo, lo que no es fruto de deliberación ni de artificio. Pero si pensamos qué podríamos hacer los seres humanos con semejante dotación, le tendríamos que dar la razón a Prometeo y tendríamos que jugarnos la vida para conseguir suplir nuestras carencias dentro del mundo animal. Todo lo que nos hace sobrevivir y además con un rotundo éxito frente al resto de habilidades animales o vegetales, es la creación y el desarrollo de la cultura.
Deberíamos admitir, y así lo hace la Antropología, que somos un animal cultural.
Sin embargo, no siempre se ha considerado esta caracterización como aceptable. Las razones han sido muchas, pero citemos algunas de ellas:
1. el ejercicio de la voluntad exige la necesidad de encontrar sentido a las acciones que vamos a desarrollar y la búsqueda de sentido no puede caer del lado de lo natural, que ya hemos dicho que es arbitrario y que impediría el acuerdo para encontrar Reglas y Valores que dirijan el obrar humano. La naturaleza se opone a la cultura.
2. si nos pretendemos libres, también hemos de vencer el lado natural, instintivo e irreflexivo, que nos haría dependientes de las Leyes de la naturaleza y que impediría la novedad en las respuestas que ofreciésemos a los cambios del medio. La naturaleza se opone a la cultura.
El desarrollo de la Antropología, hace un par de siglos, permitió enlazar estos dos opuestos aparentes y definirnos como animal cultural y todo gracias al estudio de la Evolución del ser humano.
Los seres humanos somos miembros de una especie biológica cuya constitución culmina en la aparición de la Cultura. La evolución del ser humano se hace en un doble sentido: de una parte, hay un proceso evolutivo que conduce hasta la especie biológica humana; de otra, hay un proceso de desarrollo cultural, que es el que nos permite regular de un modo más satisfactorio que el resto de animales nuestras relaciones con el medio físico.
Pues bien, llamaremos * Proceso de Hominización* al conjunto de transformaciones de carácter anatómico y fisiológico que se han ido incorporando al patrimonio genético de la especie humana y que va desde el primer antropoide hasta la parición del Homo Sapiens Sapiens.
Llamaremos * Proceso de Humanización* al conjunto de transformaciones que afectan a nuestra capacidad de relacionarnos con el medio (mediante la invención-fabricación de útiles), con otros humanos (nos desarrollamos socialmente) y que tiene en la capacidad de comunicarnos su principal elemento.
Lo llamativo de estos dos procesos es que se dan de forma paralela y su influencia es recíproca: no hay un avance anatómico o fisiológico que no tenga repercusiones comportamentales y, por lo tanto de desarrollo cultural, y no hay avance cultural que no signifique una adaptación anatómica o fisiológica en la cadena evolutiva de los homínidos (una cerebración mayor hace posible la fabricación de útiles mejores, y ésta, a su vez, actúa sobre la evolución favoreciendo la selección natural de los individuos más cerebrados).

Mis agradecimientos en la confección de este pequeño artículo al blog del compañero Francisco Tejero.

Algunos enlaces que os pueden resultar de utilidad son:
http://profeblog.es/paco/
http://profeblog.es/blog/flu/
http://www.portalplanetasedna.com.ar

miércoles, 27 de mayo de 2009

Tercera recapitulación


Filosofía de la cultura


Yendo desde lo genérico (la materialidad y vitalidad animal del humano) hacia lo específico, nos encontramos con la dimensión cultural del humano.

Como sucede con las grandes palabras e ideas de que se ocupa la filosofía (verdad, bien, justicia, belleza, cultura, historia, libertad...), la palabra "cultura" esconde un universo de significados. En mi entrada, intenté delimitar los principales:

1) Su sentido naturalista, general e instrumental: la cultura como memoria social, interpretación del entorno e instrumento de supervivencia y adaptación al medio.

2) Su sentido ideal y metafísico, la cultura como aspiración humanizadora de la realidad, presidida por valores como el bien, la belleza y la justicia, y como horizonte personal de perfección, asociada a la dimensión simbólica y espiritual (inventiva) del humano.

En sentido histórico, la cultura es un proceso de emancipación y despliegue de las aptitudes naturales de los humanos.

La filosofía no sólo aspira a comprender el ser cultural del humano, sino que no debe renunciar a su crítica. El gran problema que compromete nuestra felicidad es la armonización de nuestro ser natural, enraizado en el planeta Tierra, con nuestro ser cultural, el equilibrio entre nuestros impulsos y necesidades básicas y nuestros hábitos sociales. Una cultura -como la actual- basada en el crecimiento "a cualquier precio" y el consumo despilfarrador no resulta sostenible, es decir, compromete la salud del ecosistema y el bienestar de las generaciones venideras.

Admitiendo la necesidad de superar el etnocentrismo, y reconociendo la multiplicidad de culturas y el respeto que debemos a todas ellas, no podemos caer en un relativismo que renuncie al diálogo crítico entre culturas, presidido por la ética racional y conducente a la consecución de una cultura futura cosmopolita, que garantice el fin de la guerra y el equilibrio entre libertad y justicia.

En este sentido, la democracia, la ciencia y la libertad del arte resultan irrenunciables para poder considerar preservable una cultura como verdadera civilización.


Sensibilidad, Inteligencia y Voluntad

La definición del humano como animal racional es simplista. El "corazón" (símbolo de los sentimientos) no encuentra sin la ayuda de la inteligencia, pero la inteligencia no halla sino lo que el corazón busca. Nada puede ser querido si antes no es de algún modo conocido (Nisi volitum nisi praecognitum) pero igualmente es cierto que nada puede ser conocido si de algún modo no es querido. El amor -o la amistad- es condición para que haya verdadera comprensión, sobre todo en las relaciones personales.

No es cierto -como exageró Hume- que la razón nunca nos motive por sí misma y tenga que ser por fuerza "esclava de las pasiones". El libro de John R. Searle, Razones para actuar. Una teoría del libre albedrío, constituye una excelente refutación de esta concepción "inactiva" de la razón. No obstante, es cierto psicológicamente que la afectividad asigna valor a nuestras actividades y regula su energía (mediante el sistema simpático y parasimpático).

Tampoco es cierto, como lo pintan publicitariamente, que el amor tenga por fuerza que ser ciego. Hay amores lúcidos, los mejores, y torpes amores, indignas amistades o pasiones destructivas. Lo bueno es que las emociones sean ordenadas inteligentemente y que la inteligencia crezca al calor de los estímulos emotivos.

Hemos distinguido en nuestras clases el concepto de emoción (un mecanismo de supervivencia): asco, miedo, sorpresa, alegría, tristeza, ira... de los sentimientos, más suaves y asociados a la imaginación, agrupables en constelaciones, y hemos distinguido todo eso de las peligrosas pasiones. Los estoicos -y ciertas filosofías religiosas como la budista- desconfían de cualquier especie de pasión (salvo de la com-pasión) y ponen el objetivo de la filosofía práctica en la liberación del sabio de todas las pasiones, en la búsqueda de la serenidad del ánimo (apatía), de la imperturbabilidad que permite un juicio sereno. Lo cierto es que las pasiones pueden sublimarse y volverse creadoras: pasión por la música, por la ciencia, por la justicia, etc., pero también pueden conducir directamente a la locura (ludopatías, obsesiones, pasiones autodestructivas, etc.).

No debemos renunciar a ser dueños de nuestro corazón y señores de nuestros sentimientos. La apuesta de nuestro libro por una "razón cordial" cuadra bien con la que yo hago a favor de los sentimientos razonables, de los buenos sentimientos, entendiendo por tales aquellos que potencian los tres fines básicos de la acción propiamente humana: salud, felicidad (o alegría) y dignidad. Como decía San Bernardo, la culpa no está en el sentimiento, sino en el consentimiento. No debemos consentir que crezcan en nosotros "resentimientos" tristes, morbosos e innobles.

No es posible desarrollar armónicamente nuestra sensibilidad afectiva, en armonía con nuestra racionalidad inteligente, sin disciplina, esto es, sin voluntad. ¡Ojo a los virus de la abulia, tan asociados al hartazgo consumista! No nos dejemos confiscar la voluntad por los Mass Media que pretenden modelarla, dirigirla, asignarle como único fin el consumo ansioso y apresurado... de sexo, drogas o rock'n roll.

Y es aquí donde, más allá de las determinaciones físicas, biológicas, psicológicas o mediáticas, llegamos a la posibilidad de la constitución libre de la persona, su capacidad autocreadora, inalienable, de la que todavía me queda algo que decir antes del examen final.

Somos cosas, por supuesto, y animales, por supuesto, y ciudadanos sujetos a las normas de un estado, ¡pues claro!, animales sociales (políticos) con cierta propensión a ser solidarios (simpatía) y cierta propensión a ser todo lo contrario (egoísmo), con instintos gregarios y pruritos insociables, pero además aspiramos a ser personas, cada una irrepetible, con rostro propio, única en su intimidad (cualidad superlativa de su interioridad).

¿Qué significa ser persona? Este será el tema de mi última entrada no estríctamente lógica.


Filosofía de la justicia

Virtud de virtudes, objetivo irrenunciable de la política, todo el mundo la exige, pero nadie sabe como conseguirla de verdad... A todos nos cuesta ser justos con quienes odiamos, ¡y lo mismo con quienes amamos!... Maliciosos con los primeros, tal vez consentidores con los segundos. En los tiempos que corren es preciso recordar que -como decía Pascal- sin la espada en la mano, la Justicia, su figura de pesadora ciega, sería completamente irrisoria... ¿Por qué necesita de la fuerza, si decimos amarla tanto?



lunes, 20 de abril de 2009

Viaje a Itálica


Quienes viajaron a Santiponce para disfrutar del teatro clásico (15 de abril), y para pasear por las ruinas de Itálica, seguramente encontrarán interés en la siguiente página que he creado como recordatorio del evento...

Ya sabréis que la lechuza -o el búho- son animales totémicos del filósofo. Representan la conciencia vigilante, funcionaria generosa de la humana dignidad. He aquí un buen ejemplo romano, en mosaico de Itálica, de la "Casa de los Pájaros", respetado por dos mil años de guerras y expolios, gracias a la tierra fértil del Betis, que lo cubrió y protegió como una buena madre...




Tres grandes aportes debemos a los griegos de la época clásica (VI-IV a. C.), como invenciones prodigiosas que distinguen la verdadera civilización de la mera cultura: la ciencia, la democracia, ¡y el teatro!



Conforta ver que la gente joven sigue con atención este espejo crítico de la vida propiamente humana: dramática existencia representada, comedia o tragedia; risa o llanto, gustos y disgustos, gustos que exigen duros esfuerzos, o que provocan graves dolores; penas que merecen glorias...

Y el teatro es también verbo bien trabado que humaniza, esa cadena simbólica, ese rosario etéreo del lenguaje. Voz en el tiempo, con significado y, a veces, con más sentido incluso que la vida real. Desde el teatro relativizamos lo que nos pasa, nos distanciamos de la vida cotidiana, vemos entonces con claridad nuestros errores y posibilidades... Los riesgos del vivir.

Los romanos tomaron los géneros teatrales de los griegos, yendo a la Escuela de Grecia, que militarmente conquistaron, pero por la que fueron seducidos sin remedio, pero también -guerreros y hombres de acción- disfrutaban con crueles espectáculos de fuerza bruta, habilidad dramática y práctica, violenta tragedia y muerte gratuita...


Cuando pasé por ese foso de arriba, cubierto de madera entonces, cuando el anfiteatro de Itálica (uno de los mayores del imperio) estuvo activo, aún me estremeció el eco del miedo, del terror que sin duda sintieron fieras y gladiadores, cuando eran forzados a saltar por las trampillas hacia la arena, mientras 25000 personas gritaban alrededor, locas por proporcionarse la oscura y primitiva emoción que ofrece el riesgo, el reto a muerte, el sacrificio por los dioses, y la sangre viva...

martes, 17 de marzo de 2009

La cultura


La cultura es un atributo específicamente humano. Sólo en un sentido analógico se puede hablar de la “cultura de los chimpancés”. Aunque en ciertos animales superiores se pueda hablar de formas protoculturales, como hábitos aprendidos, es exagerado hablar, propiamente, de cultura. Porque puedan armarse con una caña para cazar termitas, amenazar a un pariente con una rama, o lavar frutas en un arroyo, los chimpancés no son "cultos", no deben ir a la escuela, cumplir normas complejas, ni tienen historia, a no ser que llamemos "historia" a su evolución natural.

El filósofo pesimista Ciorán definió al ser humano como un animal simbólico, porque no nos relacionamos directamente con la naturaleza, sino a través de un intermundo cultural de símbolos y signos, de instrumentos y técnicas, que nosotros mismos hemos inventado y forjado en el transcurrir de la historia.

Cultura es –prima facies- todo aquello en que el humano ha depositado una intención finalista o significativa.

La cultura es pues un producto específico y dinámico de la inteligencia y la voluntad de los humanos. Y la variedad de culturas es una prueba de nuestra espontaneidad creadora, de nuestra inventiva y de nuestra libertad.

Vamos a distinguir cuatro sentidos de la palabra “cultura”.

1. En sentido antropológico general, naturalista, la cultura es una formidable maquinaria de adaptación y supervivencia exclusivamente humana que tiene, frente a la mutación y la recombinación genéticas que son propias de la evolución natural, la ventaja de poder progresar más rápidamente y de poder ser en parte dirigida.
Así, a la memoria biológica y a los impulsos innatos, inserta y derivados de nuestro código genético, se suma así, con más o menos armonía, una memoria social, de saberes, instrumentos, pautas de comportamiento aprendidas… una cultura o memoria social que ha de ser transmitida, interiorizada y recreada de generación en generación, pues nadie nace aprendiendo y la cultura no pervive si no se la recrea aplicándola a nuevas circunstancias. Desde que se inventó la escritura (culturas históricas) la cultura es acumulable, pero también revisable.

2. En sentido antropológico fáctico, como un hecho más del mundo en el que vivimos, la cultura es una interpretación humana de la realidad (cultura mental) o un conjunto de procedimientos que nos permiten controlar el medio natural, y a nosotros mismos en tanto seres genuinamente naturales, pero conformados e informados como estamos por símbolos, doctrinas, ideologías, creencias, prejuicios, filosofías, ciencias, técnicas, industrias, artes y artesanías, costumbres, tradiciones, modas…
Frente a los seres naturales, los enseres, cacharros, artefactos, instituciones, industrias, empresas, medios de comunicación y de transporte, obras de arte, muebles, edificios, cubiertos, ropas, accesorios (útiles o inútiles)… constituyen la cultura material.
Todos estos medios, instrumentos y objetos fabricados por el hombre, han alterado y están alterando fundamentalmente la faz natural del planeta Tierra. Por tanto, hay que tener en cuenta que la “naturaleza”, que es el soporte en el que también habitamos y del que nos nutrimos, ya no es comprensible sin ese intermundo de objetos artificiales. El cuidado de la naturaleza es ya también una empresa cultural.

3. En sentido ideal, propiamente filosófico y utópico, la cultura es un repertorio de posibilidades que amplía hasta el infinito los fines biológicos de supervivencia y adaptación propias de la especie animal que somos. No sólo queremos vivir, sino que queremos vivir felices y dignamente. Es el mundo de los valores culturales, de los proyectos más nobles y ambiciosos de la especie humana, de las ideas-fuerza reconstruidas una y otra vez en diálogo interminable entre los vivos y los muertos, cuyos registros perviven en los textos clásicos y las obras de arte.
A este respecto, son tres los principales proyectos de la Cultura con mayúsculas:
a) La búsqueda de la Verdad, objetivo principal de la ciencia.
b) La representación de la Belleza, principal fin del arte.
c) La realización de la Justicia, principal meta de la política.
La cultura adquiere así, como ideal, un sentido finalista, se abre hacia un mundo nuevo, sobrepuesto al natural, y trascendente, en el que todo tiene que ser inventado y en el que el humano se refina y perfecciona según la particular idea que tiene de su superior dignidad y según sus ilusiones más razonables o realizables.
Estos valores de la ciencia, del arte y de la democracia distinguen una verdadera civilización de una mera cultura.

4. Por último, y en un sentido personal, la cultura es ese proceso de formación e información, educación e instrucción, socialización y aprendizaje, mediante el cual el individuo humano, toma posesión de sí mismo, adquiere una personalidad a la vez que se eleva a lo general, siendo capaz de asumir el punto de vista de los otros.
Ser cultos nos hace por ello más libres, pero también más conscientes de nuestras limitaciones, pues como sujetos culturales, nos observamos también como un producto natural y cultural.
Así, cultivarse, hacerse culto, es un proceso de talla interior y de diferenciación creciente, mediante el crecimiento del propio mundo simbólico y por enriquecimiento de la propia intimidad.

Ejercicios
1. Distinga -aplicando la ontología  de los tres mundos de Popper- entre cultura material, mental y espiritual.
2. ¿Evoluciona la cultura? ¿Qué fuerzas o causas pueden forzar un cambio cultural?
3. Los cambios culturales, ¿suelen ser a mejor o a peor?, ¿es usted conservador o progresista?, ¿innovador, revolucionario, reformista o tradicionalista?, ¿neófobo o neófilo? Explique y argumente sus respuestas.
4. ¿Qué entendemos por "subcultura" y "contracultura"? Ponga ejemplos. ¿La cultura es un producto de los individuos o los individuos son un producto cultural?
5. Distinga entre cultura y civilización. ¿Es lo mismo socialización que aculturación?
6. Distinga el etnocentrismo del relativismo cultural. ¿Por cuál de las dos soluciones apuesta usted?
7. ¿Es lo mismo el interculturalismo que el multiculturalismo?
8. ¿Es posible un universalismo cultural? ¿Es conveniente? ¿Qué condiciones, ideales o valores culturales podrían ser universalizables?
9. ¿Nacionalismo o cosmopolitismo?
10. Distinga entre cultura y educación, y entre educación y propaganda. ¿Está nuestra cultura dominada por la propaganda y la publicidad?