Mostrando entradas con la etiqueta biografía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta biografía. Mostrar todas las entradas

lunes, 8 de junio de 2009

Persona


Personalidad, personaje y persona

En esta entrada nos vamos a ocupar de la personeidad. El concepto de personalidad es un concepto psicológico y por consiguiente aspira a ser un objeto, una cosa determinada. La personalidad es un compuesto dinámico de temperamento (heredado) y carácter (hábitos que resultan de la conversión de las aptitudes en actitudes o costumbres sociales). La personalidad es en gran parte un efecto del proceso social de comunicación y cooperación, de la socialización.

En este sentido, conviene también distinguir el concepto filosófico personeidad del concepto sociológico personaje (status, rol). Cada una de nuestras personas, con independencia de su estatus social (alto o bajo) representa distintos papeles sociales: hermano, hija, padre, madre, esposa, amante, empleado de Correos, fan de un personaje histórico, afiliado a un partido político, asociado de una ONG, etc.

'Personare' significó resonar, y 'prosopon', al parecer, la máscara que usaba el actor -cómico o trágico- en la escena, y que servía también como megáfono para hacerse oír por el público. Qué duda cabe: ¡nuestras máscaras nos constituyen personalmente! La vida humana -como decía Calderón- es también el gran teatro del mundo. Saber vivir es así saber representar. Y el disimulo -como sabía Gracián- juega un importante papel en este juego. Todos los días son carnaval.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

La sabiduría de los cuentos y el animal simbólico


Los límites del conocimiento científico. El pensamiento utópico y los saberes humanísticos

Nuestra identidad personal está hecha de la etérea sustancia de los sueños. Nuestras facultades representativas median entre la experiencia sensible y los trabajos de la inteligencia. La imaginación y la memoria colaboran con la razón y la experiencia en la elaboración de un pensamiento simbólico que nos constituye tan esencialmente -si no más- que nuestros conocimientos científicos -si es que los tenemos-.

El ser humano no tiene sólo vida, sino que se inventa una biografía. Y en nuestra biografía no importan tanto nuestras experiencias sino el modo en que las recordamos, las contamos y transformamos, convirtiéndolas en vivencias.

Los cuentos, las leyendas, las parábolas, los mitos, tienen un valor universal y vivencial, pues nos prestan herramientas imaginativas para la comprensión, construcción, conservación y transformación de nuestra identidad social. "Esas cosas, que no sucedieron -escribía Salustio- son para siempre", por eso han sido siempre tema obligado de artistas de todas clases, en todas partes.

Edipo, don Quijote, la madrastra de Blancanieves, el buen samaritano del Nuevo Testamento, don Juan Tenorio, Spiderman o ET, sobrevivirán a nuestras limitadas existencias. Las ilusiones cuentan como estimulantes de la inteligencia y de la acción, que orientan. Nuestras creencias sobre los orígenes y el destino dependen de relatos. También nuestras convicciones morales más profundas. Como recordaba el poeta León Felipe: la cuna del hombre siempre la han mecido -y la mecerán- con cuentos.

El pensamiento simbólico tiene un valor vital, estético, moral y educativo. Interesa, por tanto, a la filosofía. Pero también puede ser una fuente de alienación y de engaño. La tele, sin ir más lejos, esa "niñera electrónica", es un cuentacuentos activo las 24 horas del día, los 7 días de la semana. Todos sus relatos están dominados por el metarrelato de la publicidad y la propaganda. Su retórica establece el mito de la soberanía del consumidor, y mediante halagos nos estimula incesantemente a buscar con prisas la felicidad en el éxtasis del consumo.