No hay peor ciego que el que no quiere ver. Para poder distinguir un objeto o darse cuenta de una relación hay que empezar por atender. Quien no presta atención a lo que el profesor explica, no puede enterarse de su explicación. La atención es una apertura a la realidad, una condición de la percepción, del recuerdo, la creación y del entendimiento, pero también puede estar dirigida por la inteligencia.
La atención de los animales depende sobre todo de la intensidad de los estímulos internos o externos, o de sus necesidades y del medio ambiente: el hambre, el ruido de los pasos de un depredador... La atención específicamente humana es un tipo de acción guiada por deseos, pero también por creencias y razones.
