Mostrando entradas con la etiqueta valores. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta valores. Mostrar todas las entradas

lunes, 21 de junio de 2021

CONTRA NEÓFILOS Y NEÓFOBOS

PREGUNTA: ¿Por qué el mundo busca la novedad? ¿Por qué preferimos casi siempre lo nuevo?


Hoja espectral, caida, vieja


RESPUESTA: Porque nos cansamos de todo, incluso "de estar a gusto" (como decía mi abuela Juana), requerimos novedades. La novedad estimula los sentidos, los apetitos y despierta o excita emociones como la sorpresa o la curiosidad. Pero evidentemente, ni todo lo nuevo es bueno por ser nuevo, ni todo lo viejo es venerable por ser antiguo. 

martes, 12 de mayo de 2009

Justicia



Todo el mundo parece tener un instinto para la justicia. "¡No hay derecho!", "¡eso no es justo!", exclama la hermana celosa de la hermana o el alumno frustrado porque la nota de su examen no es la que se esperaba...


Pero... ¿qué es la justicia? Los romanos inventaron el derecho para resolver los problemas y conflictos entre intereses y particulares, de acuerdo a normas justas. Es difícil que el derecho -y el sentido del deber- sirvan para algo si no están inspirados en una cierta idea o ideal de lo justo, de lo que es bueno para todos.


Y aquí nos encontramos con el problema de la idealidad metafísica de la justicia. Justicia es uno de esos conceptos proversivos, como amor o prudencia, que no refieren a cosas que se den de hecho, sino a valores ideales, a cosas y relaciones que están por hacer y por llegar, que hemos de inventar y realizar. Lo cierto es que "no hay derecho", o sea, que la vida en general y la vida humana en particular no es perfectamente justa en ninguna parte. Lo trágico es que la virtud o excelencia no siempre es compensada con la salud, la dignidad y la felicidad; y que el vicio y la maldad no siempre tienen por efecto la autodestrucción o la desgracia...


La idea de Justicia es un concepto proversivo, válido no porque refiera a algo que se da de hecho, sino a algo que debería de darse. Tiene por tanto un potencial generador, movilizador, tal vez revolucionario.


Platón buscó durante toda su vida, de político en la sombra y de educador en la Academia, una sociedad que fuera de verdad justa, convencido de que sólo en ella sería posible que los seres humanos vivieran felices y en paz. Para él, la virtud de la justicia puede interpretarse como una excelencia individual, pero también como una excelencia política.


Justa es el alma armónica, en la cual los apetitos y deseos, así como las emociones y sentimientos se dejan ordenar por la razón, piloto del alma. Justa es el alma templada o sensata, valiente o fuerte, y prudente o sabia. Cuando deseamos y amamos lo que la razón entiende que conviene en general, nuestro comportamiento es equilibrado, o sea, justo. Platón -como su maestro Sócrates- era un optimista. Pensaba que nadie en su sano juicio haría el mal a sabiendas. Sólo los locos obran injustamente, porque la injusticia es la desarmonía del alma o mente (psique) y, por tanto, la injusticia destruye al injusto. Platón tenía razón, siquiera parcialmente. Si bien es muy difícil que cualquiera sea feliz si es un cabarde o se deja arrastrar por deseos y pasiones desordenadas y maniáticas; no siempre sucede que las personas justas encuentren la felicidad que merecen... O dicho en plata: cuando la sociedad es injusta, el comportamiento injusto puede resultar interesante o "rentable", al menos a corto plazo. A veces, no puedo sino hacer daño a otros para que otros no me lo hagan a mí.


El cristianismo introdujo un concepto más dramático de libertad. "Veo el bien, sé como hacerlo, hago el mal" -decía más o menos Pablo de Tarso.


Esto quiere decir que tenemos capacidad para instalarnos voluntariamente en la mentira y para obrar mal, incluso a sabiendas de que lo que hacemos es perjudicial para otros o para nosotros mismos (piénsese si no en las drogodependencias, tan extendidas en nuestro mundo "opulento"). Sabemos cómo alimentarnos bien, pero comemos y bebemos lo que no debemos, porque no siempre hallamos en razones y convicciones fuerza de voluntad suficiente para con-movernos, y porque la sofística publicitaria nos ha convertido en débiles morales y ávidos consumidores. Nuestros sentimientos no siempre se orientan hacia lo bueno y lo justo. Evitamos infringir las leyes más por el miedo a la sanción que por el reconocimiento de su validez universal.


Aristóteles decía que si todos estuviéramos unidos por lazos de amistad no serían necesarias las leyes. Pero desdichadamente, el odio también nos une a veces, y hasta puede que más fácilmente que el amor...


Por eso el emblema de la justicia lleva en una mano la balanza que pesa los vicios y las virtudes, las malas y buenas costumbres, lo que hacemos bien y lo que hacemos mal, pero en la otra lleva una espada. Es difícil imponer la justicia sin fuerza, fuerza que puede ser bien legítima, como la que ejercen los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado.


Ulpiano, un gran jurisconsulto romano, definió la justicia así:


alterum non laedere, suiquique tribuere et honeste vivere. O sea, dar a cada uno lo suyo, no hacer daño a nadie y vivir honestamente. ¡Ahí es nada!


La justicia tiene un fuerte componente de igualdad solidaria. Nadie debe ser más que nadie ante la ley (justicia conmutativa), pero también un componente de equidad discriminativa (distributiva): así, un profesor no sería justo si diese a todos sus alumnos la misma nota, debe reconocer el esfuerzo y el talento, y discriminar la pereza y la torpeza.


J. Rawls en su monumental Teoría de la justicia la define mediante una analogía: "La justicia es la primera virtud de las instituciones sociales, como la verdad lo es de los sistemas de pensamiento".


Paul Ricoeur ha explicado que la caridad, como el amor verdadero, pueden estar más allá de la justicia. A su entender, la justicia comprende dos aspectos: el de lo bueno, que señala la extensión de las relaciones interpersonales; y el de lo legal, el sistema judicial que confiere a la ley coherencia y derecho de restricción.
Comente la siguiente frase: "Los buenos terminan felices; los malos, desgraciados; eso es la ficción". Oscar Wilde

martes, 17 de marzo de 2009

La cultura


La cultura es un atributo específicamente humano. Sólo en un sentido analógico se puede hablar de la “cultura de los chimpancés”. Aunque en ciertos animales superiores se pueda hablar de formas protoculturales, como hábitos aprendidos, es exagerado hablar, propiamente, de cultura. Porque puedan armarse con una caña para cazar termitas, amenazar a un pariente con una rama, o lavar frutas en un arroyo, los chimpancés no son "cultos", no deben ir a la escuela, cumplir normas complejas, ni tienen historia, a no ser que llamemos "historia" a su evolución natural.

El filósofo pesimista Ciorán definió al ser humano como un animal simbólico, porque no nos relacionamos directamente con la naturaleza, sino a través de un intermundo cultural de símbolos y signos, de instrumentos y técnicas, que nosotros mismos hemos inventado y forjado en el transcurrir de la historia.

Cultura es –prima facies- todo aquello en que el humano ha depositado una intención finalista o significativa.

La cultura es pues un producto específico y dinámico de la inteligencia y la voluntad de los humanos. Y la variedad de culturas es una prueba de nuestra espontaneidad creadora, de nuestra inventiva y de nuestra libertad.

Vamos a distinguir cuatro sentidos de la palabra “cultura”.

1. En sentido antropológico general, naturalista, la cultura es una formidable maquinaria de adaptación y supervivencia exclusivamente humana que tiene, frente a la mutación y la recombinación genéticas que son propias de la evolución natural, la ventaja de poder progresar más rápidamente y de poder ser en parte dirigida.
Así, a la memoria biológica y a los impulsos innatos, inserta y derivados de nuestro código genético, se suma así, con más o menos armonía, una memoria social, de saberes, instrumentos, pautas de comportamiento aprendidas… una cultura o memoria social que ha de ser transmitida, interiorizada y recreada de generación en generación, pues nadie nace aprendiendo y la cultura no pervive si no se la recrea aplicándola a nuevas circunstancias. Desde que se inventó la escritura (culturas históricas) la cultura es acumulable, pero también revisable.

2. En sentido antropológico fáctico, como un hecho más del mundo en el que vivimos, la cultura es una interpretación humana de la realidad (cultura mental) o un conjunto de procedimientos que nos permiten controlar el medio natural, y a nosotros mismos en tanto seres genuinamente naturales, pero conformados e informados como estamos por símbolos, doctrinas, ideologías, creencias, prejuicios, filosofías, ciencias, técnicas, industrias, artes y artesanías, costumbres, tradiciones, modas…
Frente a los seres naturales, los enseres, cacharros, artefactos, instituciones, industrias, empresas, medios de comunicación y de transporte, obras de arte, muebles, edificios, cubiertos, ropas, accesorios (útiles o inútiles)… constituyen la cultura material.
Todos estos medios, instrumentos y objetos fabricados por el hombre, han alterado y están alterando fundamentalmente la faz natural del planeta Tierra. Por tanto, hay que tener en cuenta que la “naturaleza”, que es el soporte en el que también habitamos y del que nos nutrimos, ya no es comprensible sin ese intermundo de objetos artificiales. El cuidado de la naturaleza es ya también una empresa cultural.

3. En sentido ideal, propiamente filosófico y utópico, la cultura es un repertorio de posibilidades que amplía hasta el infinito los fines biológicos de supervivencia y adaptación propias de la especie animal que somos. No sólo queremos vivir, sino que queremos vivir felices y dignamente. Es el mundo de los valores culturales, de los proyectos más nobles y ambiciosos de la especie humana, de las ideas-fuerza reconstruidas una y otra vez en diálogo interminable entre los vivos y los muertos, cuyos registros perviven en los textos clásicos y las obras de arte.
A este respecto, son tres los principales proyectos de la Cultura con mayúsculas:
a) La búsqueda de la Verdad, objetivo principal de la ciencia.
b) La representación de la Belleza, principal fin del arte.
c) La realización de la Justicia, principal meta de la política.
La cultura adquiere así, como ideal, un sentido finalista, se abre hacia un mundo nuevo, sobrepuesto al natural, y trascendente, en el que todo tiene que ser inventado y en el que el humano se refina y perfecciona según la particular idea que tiene de su superior dignidad y según sus ilusiones más razonables o realizables.
Estos valores de la ciencia, del arte y de la democracia distinguen una verdadera civilización de una mera cultura.

4. Por último, y en un sentido personal, la cultura es ese proceso de formación e información, educación e instrucción, socialización y aprendizaje, mediante el cual el individuo humano, toma posesión de sí mismo, adquiere una personalidad a la vez que se eleva a lo general, siendo capaz de asumir el punto de vista de los otros.
Ser cultos nos hace por ello más libres, pero también más conscientes de nuestras limitaciones, pues como sujetos culturales, nos observamos también como un producto natural y cultural.
Así, cultivarse, hacerse culto, es un proceso de talla interior y de diferenciación creciente, mediante el crecimiento del propio mundo simbólico y por enriquecimiento de la propia intimidad.

Ejercicios
1. Distinga -aplicando la ontología  de los tres mundos de Popper- entre cultura material, mental y espiritual.
2. ¿Evoluciona la cultura? ¿Qué fuerzas o causas pueden forzar un cambio cultural?
3. Los cambios culturales, ¿suelen ser a mejor o a peor?, ¿es usted conservador o progresista?, ¿innovador, revolucionario, reformista o tradicionalista?, ¿neófobo o neófilo? Explique y argumente sus respuestas.
4. ¿Qué entendemos por "subcultura" y "contracultura"? Ponga ejemplos. ¿La cultura es un producto de los individuos o los individuos son un producto cultural?
5. Distinga entre cultura y civilización. ¿Es lo mismo socialización que aculturación?
6. Distinga el etnocentrismo del relativismo cultural. ¿Por cuál de las dos soluciones apuesta usted?
7. ¿Es lo mismo el interculturalismo que el multiculturalismo?
8. ¿Es posible un universalismo cultural? ¿Es conveniente? ¿Qué condiciones, ideales o valores culturales podrían ser universalizables?
9. ¿Nacionalismo o cosmopolitismo?
10. Distinga entre cultura y educación, y entre educación y propaganda. ¿Está nuestra cultura dominada por la propaganda y la publicidad?